Julio, 01Damián.La hora rebasa la una treinta de la madrugada, en algún momento de la noche me quedé dormido con varias botellas de alcohol a mi alrededor. Estoy ebrio, las luces, autos, edificios y personas distorsionadas me lo indican. Pero aún así no detengo el auto que se sale de su carril un par de veces, hasta que llego a la clínica y estaciono el primer espacio vacío que encuentro.Camino intentando quitar las arrugas de la camisa al tiempo que trato también de meterla por dentro del pantalón. Mi cabeza duele y la garganta y emociones encontradas aclaman por más alcohol, pero ya no más. Ahora debo entrar y cuidar de Ámbar para que despierte y regresarla con mi hija antes de que el odio que me tiene se acrecente más, antes de que empeore y enfoque su rabia en mí como yo lo hice con mi padre.Ámbar dijo que no era como yo, eso quiere decir que con ella nunca hizo lo que conmigo hoy, es por ello que la voy a despertar, le diré que vuelva porque Mía la necesita muchísimo más que
Julio, 08Damián.El ascensor suena, las puertas se abren y el salón principal del apartamento me recibe, no está a oscuras como normalmente lo estaba siempre que llegaba hasta hace una semana. Afuera el cielo está oscuro y la tormenta parece hacerse más fuerte cada segundo.Las gotas gruesas chocan contra la pared de cristal del otro lado del salón, pero por el cristal grueso, al impactar contra él las gotas no emiten ningún sonido, o por lo menos de este lado del cristal no se puede escuchar nada.El lugar está alumbrado, pero el silencio es tan denso que desde acá puedo escuchar el pitido que produce la máquina que monitorea el corazón de Ámbar.Me quito la chaqueta y la dejo sobre una mesa antes de emprender mi camino a la siguiente sala de estar. Me aflojó la corbata con una mano y con la otra me quito el cabello que ha crecido hasta caerme sobre las cejas, debo cortarlo.Meto la corbata en el bolsillo de mi pantalón y suelto los primero cuatro botones de la camisa azul oscuro qu
Agosto, 03Hansel.El celular suena indicando la llegada de un mensaje, sin dejar de ajustar las cordones de los zapatos de mi hijo, leo el mensaje que se refleja en la pantalla de bloqueo del teléfono que yace a un lado de Noah en la cama.—Ya está.— digo terminando mi labor para luego levantarlo por debajo de los hombros y dejarlo en el piso.—Estoy más guapo que tú.— alardea con una risa que correspondo mientra cojo el teléfono para responderle a Amelie.—Yo estoy más linda que todos.— interviene Mía deteniéndose a su lado.—Las princesas siempre son más hermosas que los príncipes.— concuerdo y ensancha su sonrisa antes venir a mis brazos.—Pero de todos los príncipes yo soy el mejor.— recalca mi hijo y sonrío ladeando la cabeza.—Concuerdo.— digo divertido y él sonríe.—¡Yo también!— secunda la pequeña rubia en mis brazos.—Con gusto seguiría está importante conversación con la realeza, pero sí no nos marchamos ahora, nuestra dulce Lie se convertirá en la dragona de Shrek.— hablo
Noviembre,11Damián.—Buenas noches, señor.— saluda Lennyn cuando llego al edificio y me adentro al recibidor.Lo miro y paso la vista a los otros dos únicos guardias que trabajan con él.—Buenas noches.— saludo empezando a quitarme la chaqueta del traje.—Necesita que nos quedemos aquí o qué subamos y hagamos guardia en el penthause.— pregunta y volteo a mirarlo una vez más.Aprieto los labios y niego.—Puedes irte a tu casa, Lennyn.— le digo.— Y ellos también.—Señor...—Pueden regresar mañana, no los estoy echando.— aclaro y sonríe empezando a asentir.—Muchas gracias, señor, y disculpe.— asiento y empieza a andar hacia sus compañeros.Entiendo su miedo a perder el trabajo, y es que hace unos meses despedí a todo el personal de suguridad privado, y sí él está aquí es porque pidió no ser despedido alegando que estaba por tener otro hijo y necesitaba el trabajo.Ya no necesitaba guardias, pues no tenía a nadie a quién cuidar, pero aún así le dije que podía quedarse con tres de sus ho
Noviembre, 12Ámbar.Todo me da vueltas, siento el cielo caerseme encima, mi corazón no aminora su marcha, mis ojos no paran de lagrimear, ni mi cuerpo de temblar. Tengo muchas ganas de vomitar, mi garganta duele, duele mucho y mi respiración no es la mejor.Mis sienes palpitan, mi mirada es borrosa y el maldito tubo sigue en mi boca, acentuando el sabor a sangre.Tengo miedo, nunca me había sentido tan mal.Escucho voces pero soy incapaz de entender lo que dicen, pero puedo deducir el desespero que me agobia aún más. Quiero moverme, quiero mover mi cabeza, pero no puedo, el dolor no me lo permite y las manos de los paramédicos que hablan entre sí, no me dan tregua a la hora de intentar mover mis débiles y temblorosos brazos.Quiero hablar y tampoco puedo, mi llanto empieza a ser desesperado y el temblor en mi cuerpo se hace más fuerte, más alarmante.¿Dónde está? ¿Dónde están todos? ¿Mi hija? No quiero estar sola, ya no más.-Debe calmarse, señorita.- me habla uno de los paramédicos
Diciembre, 24.Damián.Ladeo el vaso de cristal en mi mano y fijo mis ojos en el líquido color ámbar que se mueve dentro. Doy un sorbo y lo dejo en mi boca, dejando que el sabor a alcohol me llene todo el paladar.Miro las dos carpetas con documentos esparcidos por la mesita de centro y me levanto del sillón pasando la bebida por mi garganta.Necesito un receso de esto.Le doy la espalda a los papeles y me acerco a la pared acristalada del departamento. Vuelvo a dar otro sorbo y fijo mis ojos en la ciudad que desde mi altura se hace minúscula. Doy otro sorbo a mi bebida sintiendo como un nudo se me forma en el estómago.Tomo aire profundamente y me alejo del ventanal, camino a paso lento por todo el lobby, pasando la punta de mi índice por los muebles y encimeras.«Quizás deba pensarlo un poco más... Alargar un poco más el tiempo» no sería mala idea, es una decisión importante. Es mía, siempre ha sido mía, nadie se dará cuenta sí guardo los documentos y los hago esperar por un par de
Diciembre, 03.Suelto un suspiro y estaciono el auto frente al lugar. Mi corazón se siente chiquitito, mis ojos pican y siento un enorme nudo situarse en mi estómago con ahínco.Ha pasado mucho tiempo.Me recuerdo a mí misma para tratar de detener el maldito escozor en mi pecho, el jodido dolor que aún me invade aunque ya ha pasado prácticamente un año.Debo hacer estó.Debo dejarlo ir.Y con ese pensamiento suelto el aire atascado en mis pulmones por la boca, para luego abrir la puerta del vehículo y salir antes de arrepentirme de hacer estó e irme como todas las otras veces que intenté venir. El aire golpea mi rostro con violencia, la baja temperatura me hace estremecer –Quizás también sean los nervios– con mis brazos rodeo mi cuerpo y trás otro suspiro empiezo a andar.Mi vista está fija en mis zapatos negros, hacen un perfecto contraste con la pequeña capa de nieve bajo mis pies. Mantengo mi vista en ellos, porqué aún me sigue siendo doloroso mirar esté lugar, saber que él está aq
Marzo, 15-¡Mamá!- grita por milésima vez en los últimos diez minutos. Suelto un pequeño suspiro.-¡Que!- respondo por milésima primera vez, mientras mantengo el equilibrio en mi mano para pasar con éxito el delineador por mi ojo derecho.Siempre es el más difícil.Unos largos segundos pasan y no recibo respuesta de la pequeña rubia y aunque eso me preocupa un poco, lo dejo estar, pues de seguro no es nada importante ya que de lo contrario hubiese salido de su habitación a decirme lo que sucede.-¡Mamá!- el chillido repentino y lleno de reproche me hace saltar en mi lugar, y el casi perfecto delineado se alarga hasta mi sien en una línea curva y desastrosa.Hago una mueca de desagrado al mirarla en el espejo y tomó una toallita húmeda para quitar la línea negra de mi cara. Doy una semi vuelta en mi lugar hasta poner los ojos sobre la pequeña rubia de cuatro años parada bajó el umbral de la puerta con las cejas fruncidas y las mejillas sonrojadas.Viste el tierno uniforme del colegio y