Un año había transcurrido luego de la muerte de mi madre, aunque no había logrado superar del todo tan grande perdida, sí había aprendido a vivir con su ausencia manteniendo viva su memoria en mis pensamientos y en cada una de mis acciones. Mi relación con Ana era perfecta, rara vez discutíamos y jamás dejábamos que las diferencias nos separaran de manera prolongada, se podría decir que el secreto de nuestra relación radicaba precisamente en ello, en no permitir que un mal momento se extienda más de lo necesario, no recuerdo jamás habernos despedido un día estando enojados, nuestras diferencias las hablábamos, las aclarábamos y las solucionábamos en cuanto se presentaban, la relación maduró de manera muy rápida, teníamos mutua confianza en todo aspecto, nos respetábamos profundamente y cada cosa importan
El lunes en la mañana abrí los ojos y en cuanto lo hice note que el mundo se percibía diferente tenía una mentalidad distinta y renovada pero a su vez antigua y milenaria, los recuerdos en mi mente eran innumerables, sentía el conocimiento y la fuerza en mí, todo era realmente diferente, gozaba de total claridad sobre la razón por la cual estaba en este mundo y sobre lo que debía hacer, era tal como si conociera las respuestas a todas las preguntas, una sensación indescriptible, comprendí o más bien recordé plenamente quien soy y mentalmente comencé a repasar la “nueva” información que poseía, como si yo mismo me contase la historia de mi existencia y todos los conocimientos que había adquirido con el paso de los siglos. ─Es verdad, soy el arcángel Miguel, el general del ejé
Transcurrieron varias horas antes de que Ana volviera en sí, lentamente abrió los ojos sin musitar palabra alguna, observaba todo detenidamente, era evidente que se encontraba muy confundida, guardo silencio por un momento, de repente fijó la vista en mí. ─ ¿Hace cuánto llegaste? ─Hace unas horas. ─ ¿Estaba dormida?, ¿Por cuánto tiempo dormí? ─Bastante tiempo ─Tuve un sueño muy extraño, soñé que me secuestraban, ese muchacho raro con el que te has enfrentado, era él pero lucia demoníaco, con alas y me llevaba a una cueva en la que al entrar perdí el sentido. ─ ¿Soñaste algo más? ─No, pero es extraño recuerdo estar desp
Transcurrieron alrededor de dos años, en los que no tuvimos contacto o noticia alguna de Astaroth, nos era imposible detectarle mediante su presencia demoniaca puesto que parecía como si no estuviera en la tierra, sabíamos que no era así, eso era lo más preocupante, de seguro se estaba fortaleciendo y seguía ejecutando su plan sin que pudiéramos saberlo o intervenir, intentábamos detectar y dar seguimiento a las redes de crimen que se reportaban por los diferentes medios de noticias pero en algún punto se perdía el rastro y quedábamos como al principio, por esa razón Uriel y Gabriel decidieron infiltrarse como agentes en una Agencia antidrogas, de esa manera podríamos tener de primera mano cualquier dato o pista que pudiera llevarnos a descubrir la ubicación y el estado actual de la situación, Gabriel pudo ubicarse en un cargo alto y Uriel como su subalterno, rápidamente l
Durante una semana nos mantuvimos concentrados en el estudio de toda la información, no queríamos dejar pasar por alto ningún aspecto, nos turnábamos para dormir, y consumíamos cantidades descomunales de café, yo de cuando en cuando me recostaba más que por cansancio o por deseos de dormir, por deseo de tener a Ana en mis brazos, disfrutaba abrazarle y observarle mientras dormía placida y tranquilamente, para mí era simplemente un placer, una razón por la cual valía la pena la mortalidad, el simple aroma de su piel y la textura suave y sedosa de la misma era en si, una sensación maravillosa, tal como jamás haber abandonado el cielo, cambiaría la eternidad por unos cuantos años a su lado y por miles de sus besos, era curioso como cada vez era más adicto a ellos el néctar de sus labios hermosos me resultaba simplemente irresistible.Una mañana me encontr
En cuanto regresé a la tierra junto a Ana María, la puse al tanto de la situación y de las condiciones con las cuales se me había permitido regresar a su lado, tal como era de esperarse tuvo sentimientos encontrados, pero al final, al igual que yo agradeció la oportunidad de despedirnos de esa manera.Hicimos de esos treinta días los mejores, realizamos todas las actividades que las parejas que se aman hacen, llevamos una vida “normal” pero muy divertida, todas las cosas que disfrutábamos hacer juntos las hicimos disfrutándolas al máximo, cenas, cine, teatro, deportes extremos, viajamos, en mi condición humana me era permitido demostrar y expresar mi inconmensurable amor como cualquier mortal, con enormes demostraciones de amor, pasión y sexo, tal como lo mencione, “como una pareja normal” y así los treinta días transcurrieron en un suspiro, la última noch
Mi nombre es Miguel Ángel, solamente Miguel Ángel y digo que me llamo así, porque mi apellido fue un enorme enigma, quizás uno de los menores misterios que han rodeado mi existencia, aunque eso es algo que más adelante quien lea este relato descubrirá y determinará en qué medida realmente es el de menos relevancia en toda mi historia.Nací hace aproximadamente veinte años, o bueno, quizás debo decir que fui encontrado en la puerta de un orfanato hace veinte años, era un orfanato de hermanas de la caridad, de fe católica en una ciudad de Suramérica (que no especificaré por evitar procesiones de curiosos en busca de evidencias para validar los hechos), en aquel lugar era común que las familias de escasos recursos que no disponían de medios para alimentar a un nuevo ser, entregaran o abandonaran a su descendencia, tal como ocurri&oacu
Los siguientes años al cierre del orfanato transcurrieron tranquilamente, la madre María Camila dejó atrás su papel de madre superiora y se convirtió en una excelente madre para mí, era protectora, cariñosa, cálida y sumamente estricta, en todo aquello que a mi educación hacía referencia, siempre pensó que una mente bien cultivada forja carácter y hombres de bien; así que mi formación intelectual tuvo todo lo que ella consideraba necesario, fui a escuelas públicas y ella reforzaba en casa mis lecciones, en cuanto a libros jamás faltaron ya que ella heredó del orfanato la gran biblioteca que allí había y poco a poco la fue incrementando con libros que compraba en remates a muy bajo precio, tuve a mi disposición un sinnúmero de textos, excelente literatura y mucha teología. El alimento intelectual sin duda
Los cambios se hicieron con el paso del tiempo más evidentes, veía el mundo con otros ojos, con mayor claridad, con más objetividad, había caído el velo de la inocencia infantil, entendía y conocía cuan cruel puede llegar a ser la raza humana, bastaba con ver los noticieros para darme cuenta de esa realidad, observaba y analizaba con claridad cuan básicos pueden llegar a ser los seres humanos y debo confesar que esas reflexiones generaban un fuerte conflicto en mi interior, debatía mis pensamientos entre lo justo y lo injusto, entre más analítico me volvía, más cuestionamientos surgían en mí a cerca de la razón real de la vida. ─ ¿No somos una raza completamente paradójica y tonta? ─ ¿Por qué somos tan básicos y tan salvajes?, nos autoproclam