Después de bloquear mi tarjeta bancaria, Nicolás no recibió ninguna respuesta desde mi lado, pero recibió el resultado de la investigación del detective privado:[Una madre y su hijo murieron juntos, descubiertos días después por sus vecinos.]El artículo no era muy largo y, aunque no mencionaba el nombre específico del pueblo, hubo informaciones sobre el entorno a su alrededor. Y las fotos que acompañaban eran del pequeño patio mío. Nicolás definitivamente podía reconocerlo.Mirando las capturas en la pantalla, se quedó casi paralizado en el lugar. Pero, aun así, se negaba a creerlo. Me hizo una llamada de nuevo, pero nadie le respondió.De repente, como si se le hubiera ocurrido algo, abrió la aplicación del banco en su celular, y accedió a la gestión de cuentas. Al ver el saldo de la tarjeta y los extractos bancarios de los últimos seis meses, comenzó a temblar violentamente, porque se dio cuenta de que no había gastado ni un solo centavo, y, según el saldo de esta tarjeta, parecía
Nicolás se desplomó en el sofá, sin poder creer lo que había ocurrido. Solo murmuraba repetidamente:—Eso no puede ser… Aún yo no la he perdonado, ella no tiene el derecho de morir…Me sorprendió escuchar aquella frase tan ridícula… ¿No podía morir porque él aún no me había perdonado?Recogió el celular del suelo, abrió la galería de fotos y volvió a ver la foto que había publicado. Era la única foto que tenía con su hijo. Mientras sus hombros empezaron a temblar, unas lágrimas cayeron sobre la pantalla. Se levantó de golpe y salió corriendo de la villa.Cuando conducía, sus manos estaban temblando, y su auto se detuvo bruscamente frente al patio donde vivíamos. Aquellos días, había venido aquí más veces que el total de todos los años anteriores. No sabía si debía sentirme alegre por eso.Esta vez, al abrir la puerta, se dirigió directamente a la entrada de la casa. Se quedó de pie afuera durante unos segundos, vacilando, pero al final empujó la puerta que había estado cerrada durante
Nicolás pasó toda la noche en mi casa. Durmió en la cama en la que Carlos y yo solíamos dormir.Pero yo en el fondo de mi corazón, no lo entendía. En todos estos años pasados, nunca se había preocupado por nuestra vida, ¿pero por qué ahora mostraba semejante tristeza? Al día siguiente, fue al mercado del pueblo y compró algunas herramientas agrícolas. Al regresar a casa, se arremangó y comenzó a cortar el césped.Era julio, el calor era abrumador. El sol brillaba en el cielo y no había ni una brisa. Pero él parecía no sentir nada, solo se dedicó a cortar la maleza y arreglar las hortensias y las rosas. Cuando tenía sed, bebía agua; cuando tenía hambre, comía el pan que había comprado en el mercado.Después de eso, limpió con cuidado todos los rincones de la casa, dejando intactos los dos círculos en el suelo. A veces se acostaba a nuestro lado, pretendiendo abrazarnos con su brazo.Lo observaba en silencio, sintiendo cómo mi cuerpo se volvía cada vez más ligero. Ahora finalmente enten
Felicia salió de mi casa toda pálida. Parecía haberse vuelto loca por el fuerte shock que toda la situación le había causado, alternando entre risas y llantos.Nicolás se sentó en el sofá y comenzó a limpiar meticulosamente las urnas de cenizas de Carlitos y de mí. Hace unos días, él fue a la funeraria a recoger nuestras cenizas. Como las urnas estaban cubiertas por mucho polvo, él las limpiaba con despacio con un pañuelo.Y estos días, descubrí que Carlos ya podía liberarse del área limitada y volar hacia donde quisiera. Mientras tanto, yo seguía atada al lado de Nicolás. Entendía que había llegado la hora de despedirme de mi querido Carlitos…Por la noche, abracé con fuerza a este traviesito que había jugado todo el día fuera de casa. Le conté una historia sobre un mundo diferente. En este mundo, él ya no sería una alma errante que va ahí vagando como hasta ahora y en cambio podría tener una nueva vida. Podría disfrutar de mucha comida, jugar felices con otros niños y asistir a la es
Tres años después de morir, mi hijo y yo seguíamos en este mundo como dos desconsoladas almas errantes. El odio que nos ataba era tanto que ni siquiera la muerte nos dejaba descansar en paz.Mientras tanto, mi esposo, Nicolás Pérez, un tipo común y corriente hace tres años, se había convertido en un exitoso magnate empresarial tras sus esfuerzos.Él me odiaba mucho, porque yo no dudé en traicionarlo en su tiempo más difícil. Si pudiera, me devoraría viva.Hace tres años, padecí una grave enfermedad, pero él me obligó a donar médula ósea a su amor de la infancia, Felicia Montes.La punción de médula ósea fue un procedimiento invasivo. No sé si fue un error en la punción o si mi sistema inmunológico estaba demasiado débil debido a la enfermedad. Una semana después, sufrí una infección bastante severa. Pronto caí en coma por una fiebre y perdí la vida en casa. Y mi hijo, Carlos, de apenas tres años, también murió días después por falta de cuidados. Durante estos tres años después de nuest
—Nicolás, ¿Candela nos evitó porque no quiere volver a ayudarme? —le preguntó Felicia, con los ojos llenos de lágrimas.Nicolás la consoló, acariciando su cabello con ternura:—Bobita, tu enfermedad no es grave. Si ella no te ayuda, haré todo lo posible para encontrar a otro donante compatible.Felicia bajó la cabeza con tristeza.—Pero, mi cuerpo no generó ningún rechazo a la médula ósea que me donó Candela, incluso el doctor se sorprendió por la alta compatibilidad…Mirando la puerta cerrada, Nicolás le prometió con firmeza:—Entonces, la encontraré de todas maneras.Al escuchar sus palabras, un agudo dolor de corazón me atacó. Mirando a ellos, las escenas de hace años se me vinieron a la mente.Nicolás era mi compañero de clase en la universidad. Era un joven sobresaliente y muy simpático, y pronto me enamoré de él. Después de graduarnos, comenzamos una relación. Él era como un rayo de sol que iluminó mi vida oscura, así que dediqué todo lo que yo tenía a amarlo.Inició un negocio y
Obviamente, no pude aparecer dentro de aquel corto plazo de tres días. Nicolás entonces volvió a mi casa para buscarme.Carlos, emocionado, daba vueltas alrededor de su papá, intentando meter su manita transparente en la de Nicolás. Me gritó saltando de alegría:—Mami, ¡por fin papi me toma de la mano!Sentí un nudo en la garganta y le mostré una sonrisa forzada. Durante todos estos años, Nicolás había creído que Carlos era el hijo de Samuel, por lo que lo odiaba mucho. A pesar del resultado de la prueba de paternidad que le había mostrado, no me creyó pensando que era un informe que falsifiqué. En aquella noche, perdió toda confianza en mí…Le propuse el divorcio. Quería terminar esta relación anormal, pero él me rechazó rotundamente:—No olvides lo que me debiste. Candela, ya te dije que te haría pagar por lo que hiciste. ¿Quieres divorciarte? ¡Ni lo pienses!Para nada más que joderme la vida, pasó innumerables noches con diferentes acompañantes en casa. Cada vez que me enfadaba, men
Treinta minutos después, Nicolás logró abrir la puerta cubierta de las telas de araña. Al entrar en el patio, vio las caóticas malas hierbas del jardín que ya eran muy altas. Aparentemente, dicho lugar había estado abandonado durante mucho tiempo. Parado en el patio, vaciló en entrar en la casa.Había estado en mi casa dos veces y sabía que yo siempre tenía la casa todo muy ordenada. Su primera visita fue para llevar a Carlos a mí aquí. Poco antes de eso, le diagnosticaron a Carlos con insuficiencia renal crónica debido a un desarrollo anormal de los riñones. Creyendo que Carlos le traería mala suerte, compró esta casa, que estaba en un pueblo remoto, para que nos mudáramos aquí. Me enviaba 2 mil dólares cada mes, tanto para nuestra vida como para el tratamiento de Carlos. Y su segunda visita fue para llevarme a donar médula ósea a Felicia.Él debería recordar que solía plantar muchas hortensias y rosas en el patio, así como aquel columpio que hice a mano para Carlos.En ese momento,