Mi Alma Errante Por El Rencor
Mi Alma Errante Por El Rencor
Por: Margarita
Capítulo 1
Tres años después de morir, mi hijo y yo seguíamos en este mundo como dos desconsoladas almas errantes. El odio que nos ataba era tanto que ni siquiera la muerte nos dejaba descansar en paz.

Mientras tanto, mi esposo, Nicolás Pérez, un tipo común y corriente hace tres años, se había convertido en un exitoso magnate empresarial tras sus esfuerzos.

Él me odiaba mucho, porque yo no dudé en traicionarlo en su tiempo más difícil. Si pudiera, me devoraría viva.

Hace tres años, padecí una grave enfermedad, pero él me obligó a donar médula ósea a su amor de la infancia, Felicia Montes.

La punción de médula ósea fue un procedimiento invasivo. No sé si fue un error en la punción o si mi sistema inmunológico estaba demasiado débil debido a la enfermedad. Una semana después, sufrí una infección bastante severa. Pronto caí en coma por una fiebre y perdí la vida en casa. Y mi hijo, Carlos, de apenas tres años, también murió días después por falta de cuidados. Durante estos tres años después de nuestra muerte, Nicolás nunca nos había visitado, ni nos había hecho una sola llamada.

En ese momento, como dos almas, Carlos y yo estábamos observando flotando en el aire cómo Nicolás pateaba violentamente la puerta de nuestra casa.

Él había cambiado mucho. Ahora incluso el brillo en sus ojos solo reflejaba la indiferencia y la crueldad. Cuando lo vi de nuevo, me resultó algo familiar, pero a la vez bastante extraño.

Detrás de él estaba Felicia Montes, con mascarilla y vestida como para una fiesta. Tenía las mejillas sonrosadas, y su figura esbelta no delataban ningún símbolo de estar enferma.

Asustado por los estruendos de las patadas, Carlos se escondió detrás de mí. Desde sus ojos se podía ver tanto la esperanza como el miedo. Me hizo un montón de preguntas:

—Mamá, ¿papá por fin se acordó de nosotros? Hace tanto que no nos vemos... ¿Pero por qué parece tan enojado...? ¿Fui yo quien lo hice enojar? ¿Y quién es esa señorita?

Acaricié su cabello con sonrisa amarga, sintiendo un nudo en el pecho y sin poder pronunciar ni una palabra para responderle.

—Candela, ¡sal de ahí ahora mismo! ¡Sé que aún estás viva! —gritó Nicolás con rabia.

Los gritos llamaron la atención de María, quien salió de su propia casa y le preguntó:

—Señor, ¿a quién está buscando? Ya no hay nadie ahí.

Nicolás se volvió y la miró con seriedad:

—Necesito ver a Candela. ¿Se mudó?

María suspiró con cierta tristeza:

—¿Te refieres a Candela Ruiz? Ella se murió hace tres años...

Las palabras de María sorprendieron a Nicolás.

—Alguien la obligó a donar médula ósea cuando estaba enferma y por eso falleció días después. Una completa tragedia… —añadió María.

Al escucharlo, Felicia palideció un poco. Intentó corregirla:

—Señora, no diga palabras sin fondo. La donación de médula ósea es un proceso completamente seguro. Si Candela no quiere ayudarme, puede decírmelo directamente. ¡No tiene por qué mentir por eso!

Ella incluso alzó la voz, creyendo que yo estaba escuchando detrás de la puerta.

Nicolás, sorprendido, se relajó cuando escuchó las explicaciones de Felicia. Miró a María nuevamente con una sonrisa burlona:

—La supuesta muerte de ella es una mentira, ¿no? Dile que use una excusa más confiable. ¡Nadie muero por donar médula ósea!

Confundida, María insistió:

—Tuvo un destino miserable… La encontraron en casa días después de su muerte…

Nicolás la interrumpió con impaciencia:

—No sé por qué usted la ayuda y me engaña, pero dígale que, si no aparece en tres días para donar médula ósea a Felicia, ¡cortaré los gastos médicos de ese bastardo al que cría!

María se quedó boquiabierta antes de volver a su casa, mientras Nicolás seguía amenazando con voz indiferente:

—¡Ella solo tiene tres días! Si no aparece, ¡no le daré ni un centavo más! ¡Y verá pues cómo aquel bastardo enfermo se va a morir en su abrazo!

María, que ya se dio la vuelta, murmuró con lágrimas:

—Pero ese pobre niño también murió… Como su mamá falleció y nadie lo cuidó, murió de hambre... Si yo hubiera ido a verlos en estos días, habría podido ayudar al niño…
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