Capítulo 44 – Sombras en la oscuridadLa noche había caído sobre la mansión de Gabriel Montenegro, sumiendo la casa en una calma inquietante. Fuera de la habitación, el viento susurraba entre los árboles, pero dentro, el silencio era solo una ilusión.Isabela estaba enredada entre las sábanas, su respiración acelerada, su cuerpo rígido. Las manos se cerraban en puños sobre la tela, y su rostro reflejaba una tormenta interna, una mueca de terror y desesperación. En su mente, las sombras del pasado la perseguían, y su cuerpo respondía a esos demonios invisibles.-No... -susurró, su voz apenas audible, moviéndose frenéticamente en la cama.Las imágenes del club la atormentaban con una fuerza aplastante. Las luces cegadoras, las miradas insidiosas que la recorrían, el ruido de la música ahogando sus gritos. Podía sentir las manos de Ricci en su espalda, el dolor punzante de cada golpe, el desprecio por su tatuaje, la marca que la había condenado.-¡No! -gritó, su cuerpo convulsionando por
Capítulo 45 – Enfrentando los demoniosGabriel Montenegro nunca se había sentido tan impotente en su vida. Había pasado años construyendo un imperio basado en el control absoluto, en la fuerza, en la certeza de que nada ni nadie podía derribarlo. Pero ahora, sentado en su oficina con el teléfono en la mano, entendía que había un enemigo al que no podía doblegar con amenazas o violencia.El miedo de Isabela.La veía cada noche luchar contra las pesadillas, despertar temblando, con el terror reflejado en sus ojos. Y lo peor era que él no podía hacer nada para arrancarle esos recuerdos.Por eso estaba haciendo algo que jamás pensó que haría: pedir ayuda.-Doctor, necesito que la ayude -dijo con voz firme al teléfono-. Es la mujer que amo y no la quiero ver sufrir más.El especialista con el que hablaba llevaba años tratando víctimas de traumas extremos. Después de una breve conversación, acordaron que enviaría a un psicólogo de confianza a la mansión.Gabriel colgó el teléfono y respiró
Capítulo 46 – Confesiones del almaIsabela tomó aire profundamente, sintiendo cómo su pecho se oprimía al pensar en su pasado. Aún tenía el pañuelo que el doctor Ruíz le había dado entre las manos, pero ahora lo apretaba con fuerza, como si aferrarse a ese pequeño trozo de tela le diera valor para seguir hablando.-Gabriel no fue el primer hombre que me hizo sentir atrapada -susurró-. Desde pequeña, siempre tuve la sensación de que mi vida no me pertenecía.El doctor Ruíz la observó con paciencia, sin interrumpirla.-¿Podría contarme más sobre eso?Isabela asintió, sus ojos se perdieron en el vacío, como si estuviera viendo escenas de su vida proyectadas ante ella.-Mis padres nunca me quisieron realmente -dijo con voz temblorosa-. Para ellos, yo solo era un objeto, una pieza en su tablero de ajedrez. Mi madre... ella siempre me decía que las mujeres nacíamos para servir a los hombres. Y mi padre... bueno, él solo quería venderme al mejor postor.El doctor no mostró sorpresa, pero su
Capítulo 47 – Reconstruyendo los pedazosGabriel caminaba de un lado a otro en la amplia sala de la mansión, su paciencia a punto de agotarse. Cada minuto que pasaba, la ansiedad crecía dentro de él. Sabía que Isabela estaba en el despacho con el doctor Ruíz, y aunque le había prometido no interrumpir, el tiempo se estiraba como un pesado manto sobre sus hombros.No era fácil estar al margen, pero comprendía que ella necesitaba este espacio. Más que nunca, Isabela merecía encontrar la paz que había perdido, y eso solo podía conseguirse enfrentando sus demonios. Gabriel se sentó brevemente en un sillón, pero no pudo quedarse quieto. Su mente no dejaba de pensar en todo lo que había pasado y en lo que aún quedaba por sanar.La puerta del despacho se abrió de golpe, y Gabriel se detuvo en seco, su mirada fija en la figura que apareció. Isabela salió con paso lento, sus ojos enrojecidos por las lágrimas, pero algo en su expresión había cambiado. No era la mujer quebrada que había sido ant
Capítulo 48 – Pasos hacia la luzLa mansión, sumida en la quietud de la noche, parecía un refugio ajeno al caos que Isabela llevaba consigo. En la habitación, ella permanecía sentada en la cama, abrazando sus piernas contra su pecho, mirando al vacío. Gabriel dormía cerca, su respiración tranquila, pero su cuerpo parecía estar siempre alerta, como si, en algún rincón de su alma, sintiera la lucha interna de Isabela, incluso en sueños.Los recuerdos seguían acechándola, implacables. No importaba cuán fuerte intentara bloquearlos, siempre regresaban cuando cerraba los ojos. La imagen de su pasado, de sus sufrimientos, se repetía en su mente como una pesadilla interminable.Suspiró profundamente y, a pesar de la tentación de rendirse en la oscuridad de sus pensamientos, desvió la mirada hacia Gabriel. Su rostro estaba relajado, una imagen de paz que contrastaba con la tormenta interna que ella sentía. Verlo allí, tan cercano, tan firme, le dio un atisbo de calma. A pesar de todo lo que h
Capítulo 49 – El deseo contenidoLas noches en la mansión se habían vuelto una prueba de fuego para Gabriel Montenegro. Isabela dormía a su lado, su respiración tranquila, su cuerpo relajado, y él... él luchaba contra sus propios instintos.Por mucho que intentara contenerse, no podía dejar de mirarla. La luz tenue de la habitación iluminaba su piel dorada, el cabello revuelto sobre la almohada. Era una tentación viviente.Quería tocarla.Quería hacerla suya otra vez.Desde su regreso, había sido paciente. No la presionaba, no la obligaba a nada. Pero el deseo lo consumía. Cada noche, su cuerpo clamaba por ella, por su calor, por su suavidad.Y esa noche no fue la excepción.Gabriel se apoyó sobre un codo y la observó dormir. Su camiseta holgada se había subido ligeramente, dejando a la vista su espalda, y con ella, la marca que llevaba su nombre.Ese tatuaje...Era suya. Siempre lo había sido.Sin poder resistirlo más, llevó una mano a su piel y acarició la tinta con la yema de los d
Capítulo 50 – Volviendo a empezarLa noche era tranquila en la mansión Montenegro. Afuera, la brisa movía las cortinas, dejando entrar el aroma de la lluvia reciente. Dentro de la habitación, Gabriel e Isabela estaban acostados, mirándose, hablando en susurros.No había prisa. No había presión. Solo ellos dos, redescubriéndose.-Quiero hacerlo bien esta vez -dijo Gabriel, su voz grave, sincera-. Quiero que me digas cómo empezar.Isabela mordió su labio inferior, nerviosa pero emocionada. Por primera vez en mucho tiempo, no sentía miedo con él. Sentía calor, un deseo tibio que se iba expandiendo poco a poco en su pecho.-¿Cómo... cómo crees que deberíamos hacerlo? -preguntó ella, con un leve temblor en la voz.Gabriel le sonrió con ternura.-Podemos empezar con lo que te guste... con lo que te haga sentir cómoda -susurró, llevando una mano a su rostro y acariciando su mejilla con suavidad-. ¿Te gusta que te acaricie así?Isabela asintió.Gabriel deslizó sus dedos por su mandíbula, baja
Capítulo 51 – Renacer en sus brazosEl amanecer se filtraba tímidamente por las cortinas de la habitación, pintando las sábanas de un tono dorado tenue. Isabela abrió los ojos lentamente, sintiendo el calor reconfortante del cuerpo de Gabriel a su lado.No recordaba la última vez que se había sentido tan... en paz.Su cabeza descansaba sobre su pecho desnudo, sintiendo el ritmo pausado de su respiración. Gabriel dormía profundamente, con un brazo rodeándola, como si temiera que ella desapareciera si la soltaba.Sonrió débilmente y alzó la mirada para observarlo.Era tan diferente ahora.No el hombre dominante y posesivo que una vez la había reclamado como suya, sino alguien que había aprendido a amarla de verdad.Lo que había pasado la noche anterior no solo había sido pasión, había sido un renacer. Gabriel le había devuelto la confianza en su propio cuerpo, en su propio deseo.Con cuidado, pasó los dedos por su mandíbula, delineando su barba incipiente.-Deberías estar durmiendo -mur