Capítulo 47 – Reconstruyendo los pedazosGabriel caminaba de un lado a otro en la amplia sala de la mansión, su paciencia a punto de agotarse. Cada minuto que pasaba, la ansiedad crecía dentro de él. Sabía que Isabela estaba en el despacho con el doctor Ruíz, y aunque le había prometido no interrumpir, el tiempo se estiraba como un pesado manto sobre sus hombros.No era fácil estar al margen, pero comprendía que ella necesitaba este espacio. Más que nunca, Isabela merecía encontrar la paz que había perdido, y eso solo podía conseguirse enfrentando sus demonios. Gabriel se sentó brevemente en un sillón, pero no pudo quedarse quieto. Su mente no dejaba de pensar en todo lo que había pasado y en lo que aún quedaba por sanar.La puerta del despacho se abrió de golpe, y Gabriel se detuvo en seco, su mirada fija en la figura que apareció. Isabela salió con paso lento, sus ojos enrojecidos por las lágrimas, pero algo en su expresión había cambiado. No era la mujer quebrada que había sido ant
Capítulo 48 – Pasos hacia la luzLa mansión, sumida en la quietud de la noche, parecía un refugio ajeno al caos que Isabela llevaba consigo. En la habitación, ella permanecía sentada en la cama, abrazando sus piernas contra su pecho, mirando al vacío. Gabriel dormía cerca, su respiración tranquila, pero su cuerpo parecía estar siempre alerta, como si, en algún rincón de su alma, sintiera la lucha interna de Isabela, incluso en sueños.Los recuerdos seguían acechándola, implacables. No importaba cuán fuerte intentara bloquearlos, siempre regresaban cuando cerraba los ojos. La imagen de su pasado, de sus sufrimientos, se repetía en su mente como una pesadilla interminable.Suspiró profundamente y, a pesar de la tentación de rendirse en la oscuridad de sus pensamientos, desvió la mirada hacia Gabriel. Su rostro estaba relajado, una imagen de paz que contrastaba con la tormenta interna que ella sentía. Verlo allí, tan cercano, tan firme, le dio un atisbo de calma. A pesar de todo lo que h
Capítulo 49 – El deseo contenidoLas noches en la mansión se habían vuelto una prueba de fuego para Gabriel Montenegro. Isabela dormía a su lado, su respiración tranquila, su cuerpo relajado, y él... él luchaba contra sus propios instintos.Por mucho que intentara contenerse, no podía dejar de mirarla. La luz tenue de la habitación iluminaba su piel dorada, el cabello revuelto sobre la almohada. Era una tentación viviente.Quería tocarla.Quería hacerla suya otra vez.Desde su regreso, había sido paciente. No la presionaba, no la obligaba a nada. Pero el deseo lo consumía. Cada noche, su cuerpo clamaba por ella, por su calor, por su suavidad.Y esa noche no fue la excepción.Gabriel se apoyó sobre un codo y la observó dormir. Su camiseta holgada se había subido ligeramente, dejando a la vista su espalda, y con ella, la marca que llevaba su nombre.Ese tatuaje...Era suya. Siempre lo había sido.Sin poder resistirlo más, llevó una mano a su piel y acarició la tinta con la yema de los d
Capítulo 50 – Volviendo a empezarLa noche era tranquila en la mansión Montenegro. Afuera, la brisa movía las cortinas, dejando entrar el aroma de la lluvia reciente. Dentro de la habitación, Gabriel e Isabela estaban acostados, mirándose, hablando en susurros.No había prisa. No había presión. Solo ellos dos, redescubriéndose.-Quiero hacerlo bien esta vez -dijo Gabriel, su voz grave, sincera-. Quiero que me digas cómo empezar.Isabela mordió su labio inferior, nerviosa pero emocionada. Por primera vez en mucho tiempo, no sentía miedo con él. Sentía calor, un deseo tibio que se iba expandiendo poco a poco en su pecho.-¿Cómo... cómo crees que deberíamos hacerlo? -preguntó ella, con un leve temblor en la voz.Gabriel le sonrió con ternura.-Podemos empezar con lo que te guste... con lo que te haga sentir cómoda -susurró, llevando una mano a su rostro y acariciando su mejilla con suavidad-. ¿Te gusta que te acaricie así?Isabela asintió.Gabriel deslizó sus dedos por su mandíbula, baja
Capítulo 51 – Renacer en sus brazosEl amanecer se filtraba tímidamente por las cortinas de la habitación, pintando las sábanas de un tono dorado tenue. Isabela abrió los ojos lentamente, sintiendo el calor reconfortante del cuerpo de Gabriel a su lado.No recordaba la última vez que se había sentido tan... en paz.Su cabeza descansaba sobre su pecho desnudo, sintiendo el ritmo pausado de su respiración. Gabriel dormía profundamente, con un brazo rodeándola, como si temiera que ella desapareciera si la soltaba.Sonrió débilmente y alzó la mirada para observarlo.Era tan diferente ahora.No el hombre dominante y posesivo que una vez la había reclamado como suya, sino alguien que había aprendido a amarla de verdad.Lo que había pasado la noche anterior no solo había sido pasión, había sido un renacer. Gabriel le había devuelto la confianza en su propio cuerpo, en su propio deseo.Con cuidado, pasó los dedos por su mandíbula, delineando su barba incipiente.-Deberías estar durmiendo -mur
Capítulo 52 – El fuego que renaceLa noche envolvía la mansión en un silencio cálido, roto solo por el sonido del viento suave contra las ventanas. En la habitación, la luz tenue de las lámparas bañaba las sábanas con un resplandor dorado, creando sombras danzantes en las paredes.Gabriel estaba recostado en la cama, con el torso desnudo, disfrutando del peso de Isabela a su lado. Pensó que ella se acurrucaría en su pecho, como siempre lo hacía antes de dormir, pero sintió cómo su cuerpo se movía de manera diferente.Abrió los ojos y la vio inclinarse sobre él, su largo cabello oscuro rozando su piel desnuda. La mirada de Isabela estaba cargada de una intensidad que hacía tiempo no veía en ella.-Bella... -susurró con voz ronca.Pero ella no respondió con palabras. En cambio, dejó que sus labios descendieran lentamente por su cuerpo, dejando besos ardientes en cada centímetro de su piel.Gabriel inhaló profundamente cuando los labios de Isabela alcanzaron sus pectorales, besándolos co
Capítulo 53 – Bajo el dominio del placerLa noche era suya. Los cuerpos de Gabriel e Isabela aún ardían con el fuego compartido, y el aire se impregnaba de un deseo denso y embriagador. El sudor perlaba sus pieles mientras la penumbra de la habitación los envolvía en una atmósfera de intimidad total. Gabriel tenía a Isabela debajo de él, atrapada en sus brazos con una fuerza que no dejaba lugar a dudas sobre su posesión. Sus labios recorrían su cuello con besos que eran a la vez suaves y posesivos, y en cada susurro dejaba una marca indeleble de su deseo.—No sabes cuánto extrañé esto... cuánto extrañé hacerte mía —murmuró Gabriel con voz ronca y profunda, mientras su aliento caliente rozaba la piel de Isabela. Ella tembló ante esas palabras, sintiendo cómo su cuerpo palpitaba con un anhelo renovado, y en medio del fervor, solo quería más.—Hazlo otra vez... hazme tuya otra vez —respondió Isabela, con los ojos nublados por la pasión, su voz entrecortada por el deseo y la entrega. Sus
Capítulo 54 – La sombra del enemigoLos días en la mansión Montenegro parecían transcurrir en una calma engañosa. Isabela y Gabriel se sumergieron en su propio mundo, redescubriéndose el uno al otro. El amor que compartían se manifestaba en cada mirada, en cada gesto, en cada caricia, como si el tiempo se hubiera detenido solo para ellos. Pero ambos sabían que la paz era efímera, especialmente en sus vidas. La sombra del pasado siempre estaba al acecho, esperando el momento adecuado para volver a irrumpir.Aquella tarde, mientras Isabela se encontraba en el jardín, Gabriel estaba en su oficina, revisando unos documentos. La luz suave del sol de la tarde se filtraba a través de las cortinas, creando un ambiente tranquilo, pero esa calma fue rota por el sonido de su teléfono. El identificador de llamadas heló su sangre al instante. Ricci.El ceño de Gabriel se frunció con rapidez. Con manos firmes, contestó la llamada, su voz cargada de frialdad.-¿Qué demonios quieres? -espetó, sin pod