Capítulo 50 – Volviendo a empezarLa noche era tranquila en la mansión Montenegro. Afuera, la brisa movía las cortinas, dejando entrar el aroma de la lluvia reciente. Dentro de la habitación, Gabriel e Isabela estaban acostados, mirándose, hablando en susurros.No había prisa. No había presión. Solo ellos dos, redescubriéndose.-Quiero hacerlo bien esta vez -dijo Gabriel, su voz grave, sincera-. Quiero que me digas cómo empezar.Isabela mordió su labio inferior, nerviosa pero emocionada. Por primera vez en mucho tiempo, no sentía miedo con él. Sentía calor, un deseo tibio que se iba expandiendo poco a poco en su pecho.-¿Cómo... cómo crees que deberíamos hacerlo? -preguntó ella, con un leve temblor en la voz.Gabriel le sonrió con ternura.-Podemos empezar con lo que te guste... con lo que te haga sentir cómoda -susurró, llevando una mano a su rostro y acariciando su mejilla con suavidad-. ¿Te gusta que te acaricie así?Isabela asintió.Gabriel deslizó sus dedos por su mandíbula, baja
Capítulo 51 – Renacer en sus brazosEl amanecer se filtraba tímidamente por las cortinas de la habitación, pintando las sábanas de un tono dorado tenue. Isabela abrió los ojos lentamente, sintiendo el calor reconfortante del cuerpo de Gabriel a su lado.No recordaba la última vez que se había sentido tan... en paz.Su cabeza descansaba sobre su pecho desnudo, sintiendo el ritmo pausado de su respiración. Gabriel dormía profundamente, con un brazo rodeándola, como si temiera que ella desapareciera si la soltaba.Sonrió débilmente y alzó la mirada para observarlo.Era tan diferente ahora.No el hombre dominante y posesivo que una vez la había reclamado como suya, sino alguien que había aprendido a amarla de verdad.Lo que había pasado la noche anterior no solo había sido pasión, había sido un renacer. Gabriel le había devuelto la confianza en su propio cuerpo, en su propio deseo.Con cuidado, pasó los dedos por su mandíbula, delineando su barba incipiente.-Deberías estar durmiendo -mur
Capítulo 52 – El fuego que renaceLa noche envolvía la mansión en un silencio cálido, roto solo por el sonido del viento suave contra las ventanas. En la habitación, la luz tenue de las lámparas bañaba las sábanas con un resplandor dorado, creando sombras danzantes en las paredes.Gabriel estaba recostado en la cama, con el torso desnudo, disfrutando del peso de Isabela a su lado. Pensó que ella se acurrucaría en su pecho, como siempre lo hacía antes de dormir, pero sintió cómo su cuerpo se movía de manera diferente.Abrió los ojos y la vio inclinarse sobre él, su largo cabello oscuro rozando su piel desnuda. La mirada de Isabela estaba cargada de una intensidad que hacía tiempo no veía en ella.-Bella... -susurró con voz ronca.Pero ella no respondió con palabras. En cambio, dejó que sus labios descendieran lentamente por su cuerpo, dejando besos ardientes en cada centímetro de su piel.Gabriel inhaló profundamente cuando los labios de Isabela alcanzaron sus pectorales, besándolos co
Capítulo 53 – Bajo el dominio del placerLa noche era suya. Los cuerpos de Gabriel e Isabela aún ardían con el fuego compartido, y el aire se impregnaba de un deseo denso y embriagador. El sudor perlaba sus pieles mientras la penumbra de la habitación los envolvía en una atmósfera de intimidad total. Gabriel tenía a Isabela debajo de él, atrapada en sus brazos con una fuerza que no dejaba lugar a dudas sobre su posesión. Sus labios recorrían su cuello con besos que eran a la vez suaves y posesivos, y en cada susurro dejaba una marca indeleble de su deseo.—No sabes cuánto extrañé esto... cuánto extrañé hacerte mía —murmuró Gabriel con voz ronca y profunda, mientras su aliento caliente rozaba la piel de Isabela. Ella tembló ante esas palabras, sintiendo cómo su cuerpo palpitaba con un anhelo renovado, y en medio del fervor, solo quería más.—Hazlo otra vez... hazme tuya otra vez —respondió Isabela, con los ojos nublados por la pasión, su voz entrecortada por el deseo y la entrega. Sus
Capítulo 54 – La sombra del enemigoLos días en la mansión Montenegro parecían transcurrir en una calma engañosa. Isabela y Gabriel se sumergieron en su propio mundo, redescubriéndose el uno al otro. El amor que compartían se manifestaba en cada mirada, en cada gesto, en cada caricia, como si el tiempo se hubiera detenido solo para ellos. Pero ambos sabían que la paz era efímera, especialmente en sus vidas. La sombra del pasado siempre estaba al acecho, esperando el momento adecuado para volver a irrumpir.Aquella tarde, mientras Isabela se encontraba en el jardín, Gabriel estaba en su oficina, revisando unos documentos. La luz suave del sol de la tarde se filtraba a través de las cortinas, creando un ambiente tranquilo, pero esa calma fue rota por el sonido de su teléfono. El identificador de llamadas heló su sangre al instante. Ricci.El ceño de Gabriel se frunció con rapidez. Con manos firmes, contestó la llamada, su voz cargada de frialdad.-¿Qué demonios quieres? -espetó, sin pod
Capítulo 55 – Traición y castigoGabriel sabía que no debía confiar en Ricci. Cada fibra de su ser le gritaba que era una trampa. Pero no podía arriesgarse a que ese maldito pusiera un dedo sobre Isabela otra vez.Así que aceptó el trato.El intercambio se llevó a cabo en un viejo almacén en las afueras de la ciudad. Gabriel llegó acompañado por dos de sus hombres, listo para cerrar el maldito acuerdo y deshacerse de Ricci de una vez por todas.Pero en cuanto puso un pie dentro del almacén, lo supo.Lo habían jodido.Luces cegadoras iluminaron el lugar y, antes de que pudiera reaccionar, una docena de agentes de la policía irrumpieron con sus armas en alto.-¡Manos arriba, Montenegro!Gabriel apenas tuvo tiempo de lanzar una mirada furiosa a Ricci, quien lo miraba con una sonrisa burlona.-Hijo de puta...-Lo siento, amigo -Ricci se encogió de hombros con fingida inocencia-. Ya sabes cómo es el negocio.Los oficiales lo esposaron y lo empujaron hacia una patrulla.Gabriel no opuso res
Capítulo 56 – Rendición total-Tres meses, Bella... -murmuró Gabriel, su voz grave y cargada de deseo, mientras sus dedos trazaban líneas de fuego sobre la piel desnuda de Isabela-. Tres malditos meses sin poder tocarte.Isabela podía sentir cómo cada palabra de Gabriel se convertía en un fuego abrasador que consumía su cuerpo. El calor de su presencia, tan cercana, tan dominante, la hacía sentir viva de una manera que solo él podía. Ella estaba perdida en la intensidad de su mirada, ese brillo oscuro que siempre la dominaba.Gabriel no perdió tiempo. Con un movimiento rápido, la sujetó con fuerza, su mano envolvió su cuello, obligándola a mirarlo directamente a los ojos. La presión de su agarre la hacía sentir vulnerabilidad, pero a la vez, un deseo tan intenso que la dejaba sin aliento.-Dímelo -ordenó, su voz ronca resonando en su oído-. Dime que me necesitas.Isabela jadeó, su cuerpo temblando bajo la fuerza de su toque. No podía mentir, no podía negar lo que su corazón y su cuerp
Capítulo 57 – El precio de la libertadEl sonido del portón metálico resonó con un eco pesado mientras Gabriel Montenegro cruzaba la salida de la prisión. El aire frío de la madrugada lo golpeó con fuerza, un contraste casi brutal con la sensación de libertad que lo envolvía. Pero nada, absolutamente nada, podía compararse con la imagen de Isabela allí, esperándolo, de pie junto a Daniel.Isabela estaba tan hermosa como siempre, su cabello ondeando suavemente con la brisa nocturna, pero en sus ojos azules se reflejaban sentimientos encontrados: alivio y tensión, como si estuviera atrapada entre dos mundos que no podía controlar.Gabriel no perdió tiempo. Avanzó hacia ella con pasos firmes y decididos, y en cuanto estuvo cerca, la tomó entre sus brazos con una necesidad feroz, como si temiera que se desvaneciera de nuevo. Sentirla tan cerca, tan real, fue lo único que realmente lo mantenía en pie.-Estás libre... -susurró Isabela contra su pecho, sus palabras envueltas en una mezcla de