Capítulo 5
De repente, el teléfono que Sierra dejó en la casa se iluminó con un mensaje de un número desconocido. El corazón de Damien se le detuvo mientras leía las palabras:

[Pobrecita Sierra. Tu pareja me ama más que a nadie ahora. ¿De verdad creíste que librarte de tu patética excusa de loba lo haría fiel? ¿Quieres saber qué hicimos en tu cama mientras quemabas esas flores?].

Apareció una foto: su guarida privada, sábanas enredadas y manchadas, objetos íntimos esparcidos sin cuidado.

Le seguía otro mensaje: [Él dijo que tu aroma lo hacía todo más emocionante. ¿Debería contarte lo que me susurró al oído?].

Los ojos de Damien brillaron de un rojo carmesí, irradiando furia en oleadas.

“¡Así que siempre fuiste tú!”.

Su poder Alfa explotó, haciendo que la habitación crepitara con una energía letal.

Con los dedos temblando de rabia, escribió:

[¡Emily, te advertí que nunca contactaras a Sierra! ¡Te pasaste de la raya!].

Su risa llegó a través del teléfono, aguda y burlona.

“¡Ay Sierra, t
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