Birgrem empezó a subir las escaleras, había visto la silueta de ella corretear delante de él, el oso sonrió con nostalgia, en el castillo siempre estaban jugando a las escondidas, las cachorras eran demasiado traviesas, aunque en parte eso es lo que le gustaba de aquel lugar su alegría y vida, solo que ahora se sentía algo vacío. Las risas y murmullos a escondidas habían ido mermando a medida que seguía avanzando, por un instante su oso sintió que alguien lo llamaba, era una voz conocida y que había estado esperando por muchos días escuchar. Su corazón se aceleró, tan solo anhelaba escuchar unas pocas palabras de aquellos labios y estaba seguro que todo estaría bien, después de todo ella le prometió quedarse a su lado. Los pasos de Birgrem se estuvieron, una punzada de dolor le hizo perder un poco el equilibrio, ella le había prometido quedarse a su lado, pero no podía recordar con claridad su rostro, era como si le hablara dándole la espalda, como si sus palabras fueran en c
Zinnia y Alcem sintieron un golpe que les sacó el aire de los pulmones y una punzada de dolor creciendo en sus cabezas, el dolor era bastante fuerte, pero tolerable, un segundo después estaban tosiendo, podían sentir como la niebla se arrastraba saliendo de sus pulmones. — ¿Pueden escucharme? La voz de Kaldem los tomó por sorpresa y al mismo tiempo los lycans giraron sus rostros, el dragnir estaba parado detrás de ellos y los miraba con cautela. — Tiempo sin verte dragnir. dijo Alcem respirando con fuerza — ¿Qué haces...? La pregunta de Zinnia se quedó a medias, en ese momento escucharon el rugido de Birgrem y pudieron sentir como el aire vibraba de manera extraña a su alrededor. — No sé alejen y sujetense a mí. dijo Kaldem mirando a la distancia. Los lycans siguieron la mirada del dragnir y vieron a un oso enorme corriendo hacia ellos, los iba a embestir, los lycans tuvieron el instinto de esquivarlo, pero las palabras de Kaldem resonaron en sus mentes y el agarre de
La imagen mostraba el ataque al castillo, el fuego se extendía mientras los ancianos y niños eran asesinados sin piedad, los demás intentaban defenderse sin mucho éxito. — ¿Dónde están los guardianes? preguntó Zinnia. — Fueron traicionados y envenenados. respondió Alcem como si pudiera recordar aquel detalle, un recuerdo de Birgrem que había quedado en la memoria del lycan. El cuadro volvió a cambiar y vieron a la pareja de esposos, la muchacha que al parecer era la amada de Birgrem y que se había casado con aquel otro karhu parados contemplando el caos a su alrededor con diversión. — ¿Alguien reconoce aquellas letras? preguntó de pronto Kaldem apuntando hacia el margen inferior del cuadro. Zinnia negó con la cabeza, Alcem las miró y no pudo reconocer ninguna letra, ningún símbolo, pero de alguna manera sabía lo que decía, parece que Birgrem no solo le dejó algunos recuerdos, también le dejó conocimientos. — Dice... explicó al alfa. — ... acabaremos con q
El cuerpo de Birgrem tembló al escuchar el sonido sordo del cuerpo de la que una vez fue el amor de su vida caer inerte en el suelo, y su corazón se apretó un poco más al escuchar su exhalación, ella estaba muerta. Birgrem prendió fuego a la cabaña y se quedó ahí de pie viendo todo arder, cada pedazo de madera y entre ellos los cuerpos de su primo y su prometida, en su puño aún sostenía el corazón que había arrancado del pecho de Nimhe. Las llamas se consumieron tres días después, solo los esqueletos ennegrecidos de la pareja estaban frente a Birgrem, el karhu tocó con cuidado los huesos y se convirtieron en polvo. Con la rama de un árbol aventó las cenizas a los cuatro vientos, el corazón de la karhu seguía apretado dentro del puño de Birgrem, en ese momento tan solo era un trapo negruzco y seco. Los pasos de Birgrem se alejaban de la montaña, su corazón se sentía un poco más ligero, tan solo un poco, no lo suficiente como para sentirse en paz, iría por los atacantes y los
Kaldem y Alcem miraron todo como si estuvieran viendo una película ser reproducida en cámara lenta, no podían moverse en aquel lugar, sus voces no podían atravesar la niebla. La espada bajó y antes de poder llegar al cuerpo de Birgrem, Zinnia se abrazó con fuerza del karhu, no tuvo tiempo de lanzarse con él a un costado, la hoja de la espada ya la había alcanzado. La espada entró por la espalda de Zinnia y salió por la espalda de Birgrem, un grito de rabia salió de la garganta de Nimhe. ¿Quién es ella? ¿Por qué está allí? Nimhe trato de recuperar la espada, pero no podía moverla, Zinnia estaba sujetando con fuerza la punta de la espada, no podía permitir que ella la retirara o el corazón de Birgrem sería arrancado junto con la espada. El demonio lanzó otro grito de frustración y soltó la espada, era demasiado pesada y no podía moverla, ¿Después de tanto tiempo no iba a poder cumplir su palabra? La niebla titubeó, aquella criatura, aquel demonio que la había invocado s
Nimhe no podía creer en las palabras de aquel hombre, Birgrem era suyo, él le prometió amarla para siempre y ella tomó su corazón. Ella solo sentía desprecio por él, por el karhu guerrero que era admirado por todos los machos y deseado por todas las hembras, mientras que ella, ella no era nadie. Ningún macho se desvivía por ella, ningún macho intentaba conquistarla ni se esforzaba por complacerla como lo hacían por Birgrem, él siempre tenía a alguien cerca que le diera un elogio, siempre había alguien en cada comida que le llevará cosas a su mesa y le rellenara su copa de vino y ella, ella solo tenía la atención de Birgrem. Las hembras siempre decían que ella era muy afortunada pues Birgrem solo tenía ojos para ella, y ella lo odiaba, odiaba que solo Birgrem estuviera interesado en complacerla en todo, claro que tenía a Gryegor, él sí era un macho que valía la pena, no como Birgrem. Aquel hombre debía de estar mintiendo, nadie más que ella podía estar en el corazón de Birgr
El oso de Birgrem rugió con fuerza, no podía perder a Zinnia, no podía arrastrarla a esa oscuridad, a ese vacío junto con él, la risa cruel de Nimhe volvió a sus recuerdos y la furia que había estado conteniendo explotó, debía volver y salvarla. Los ojos de Zinnia se estaban apagando, el rostro de Birgrem ya no era más que un manchón, un último beso, tan solo quería darle un último beso antes de que todo acabara. En ese instante Birgrem abrió los ojos y tomó una gran bocanada de aire, sus ojos aún no podían enfocar bien y su cuerpo estaba amortiguado no lograba moverse. — Birgrem, Zinnia está sobre ti, está muriendo... la voz impaciente de Kaldem sacudió la consciencia confusa del oso. — ... ¡haz algo! Birgrem gruñó, tenía la garganta seca y le dolía intentar hablar, pero debía hacerlo, debía salvarla, tragó con fuerza y dijo: — Cambiaré... tu muerte con... mi vida... ¿aceptas? Zinnia ya no lo escuchaba, seguía murmurando «te amo», Kaldem gruñó, era increíble lo t
Alcem gruñó y Kaldem volteó, él también había escuchado las pisadas dentro de las ruinas, el lycan hizo una seña al dragnir, iría a ver a los nuevos visitantes, Birgrem podría despertar en cualquier momento y era mejor que uno de ellos estuviera allí para explicar la situación. El lobo gris del alfa empezó a bajar las escaleras, llegó al rellano y por puro reflejo volteó para ver el cuadro y se encontró con la pared vacía, lo único que había allí eran los restos de un marco y unos pocos pedazos de un espejo que ya no reflejaban nada. Alcem regresó a su forma humana, había algo terriblemente familiar con aquel espejo y tenía la sensación de que estaba pasando algo por alto, algo muy importante. Intentaba recordar que era lo que estaba olvidando, sabía que era muy, muy importante, pero no lograba hilar sus pensamientos, arriba en la torreta Kaldem contemplaba la espada, si no fuera por aquella espada Zinnia estaría con vida. Abajo los cazadores habían atravesado el puente y e