Aún no había amanecido cuando Clara llegó a casa, con la foto de la ecografía cuidadosamente guardada en su bolsillo. Había pasado toda la noche buscando las palabras adecuadas, ensayando mentalmente cómo le daría la noticia a Mateo. Cada escenario que imaginaba terminaba con dudas, lágrimas, o ambas cosas. Pero ahora que estaba allí, frente a la puerta, sabía que no podía esperar más.
Cuando entró, el aroma al café recién hecho la recibió como un abrazo tibio. En la cocina, Mateo estaba de pie, sosteniendo una taza entre las manos, vestido con ropa cómoda y el cabello desordenado. Su semblante relajado contrastaba con la tormenta que Clara llevaba dentro.-Llegaste temprano -dijo Mateo, mirándola con curiosidad y una pizca de preocupación-. ¿Está todo bien?Clara asintió, dejando su bolso sobre una silla. No contestEl cielo estaba cubierto de un gris uniforme cuando Clara salió del edificio esa mañana, con un abrigo grueso cubriéndola del frío. Había pasado la noche dando vueltas en la cama, procesando la conversación con Mateo. Su determinación había sonado sincera, pero Clara sabía que las palabras, por sí solas, no podían sostener un puente roto. Había elegido darle una oportunidad, sí, pero con el tiempo como único juez.Mientras esperaba en la esquina para cruzar la calle, sintió una vibración en su bolsillo. Sacó el teléfono y vio un mensaje de su amiga, Teresa."¿Cómo estás? ¿Todo bien con lo que me contaste?"Clara suspiró, conmovida por la constante preocupación de Teresa. Contestó rápidamente:"Sobreviviendo". Mateo lo sabe. Dijo que quiere cambiar, pero estoy en modo espera. ¿T
Había sido una semana inusualmente tranquila. Mateo se esforzaba por cumplir su promesa, dedicando tiempo a Clara y preparándose mentalmente para el nuevo capítulo que se avecinaba. Había pasado horas trabajando en la cuna, lijando y ensamblando cada pieza con paciencia, como si ese esfuerzo manual pudiera redimirlo. Clara notaba su compromiso, aunque no se atrevía a bajar la guardia del todo. La confianza rota no se reparaba con días buenos, pero era un comienzo.Esa mañana, mientras Clara estaba fuera en el trabajo, Mateo se tomó un café en la pequeña sala de estar. Todo parecía en calma. Fue entonces cuando su teléfono vibró sobre la mesa."¿Vas a venir a mi casa o voy a la tuya? Tengo una semana esperando y no respondes mis mensajes ni llamadas."El mensaje lo hizo quedarse inmóvil. No era solo el contenido, sino el tono. Las palabras eran cortantes, casi amena
El sobre blanco permanecía en su chaqueta, colgada en el armario, intacto. Mateo no lo había abierto, pero su mera presencia bastaba para llenarlo de inquietud. Cada vez que pasaba cerca del armario, sentía que ese objeto lo observaba desde la oscuridad, como un recordatorio constante de que algo importante y peligroso estaba esperando por él. La tensión en el ambiente se había vuelto casi tangible.Esa noche, intentó de todo para distraerse. Se sentó frente al televisor, pero los programas parecían interminables y sin sentido. Tomó las herramientas para seguir trabajando en la cuna, pero cada golpe de martillo solo lo hacía pensar en lo que significaba ese sobre. Incluso salió a caminar por las calles del barrio, buscando claridad en el aire frío de la noche, pero nada funcionaba. La duda lo seguía como una sombra persistente.Cuando regresó a casa, cansado y frustrado
El silencio en el apartamento se volvió casi palpable mientras Clara procesaba la confesión. Sus manos temblaban ligeramente, y sus ojos alternaban entre el papel sobre la mesa y Mateo, como si no pudiera decidir qué era más absurdo: lo que estaba leyendo o la persona que tenía delante.-¿Meses? -dijo finalmente, su voz baja, pero cargada de una tensión que cortaba el aire-. ¿Esto pasó hace meses?-Sí... bueno, no. Hace apenas un mes, antes de que volviéramos a intentarlo -repitió Mateo, en tono suplicante.Clara rio, pero no fue una risa de humor. Fue amarga, rota, como si tratara de encontrar alguna lógica en lo que acababa de escuchar.-¡Claro! Antes de que volviéramos a intentarlo. Porque eso lo hace mejor, ¿no? ¡Porque lo que haces antes de "intentarlo" no importa, Mateo!-Clara, por favor, escúchame. No sabía que esto iba a
El apartamento parecía aún más vacío de lo que realmente estaba. Los pasos de Clara resonaban en las paredes desnudas, donde los cuadros que alguna vez decoraron su vida conjunta con Mateo habían sido retirados, dejando huellas descoloridas como testigos de una felicidad que ahora parecía una ilusión lejana. El lugar había perdido el calor de hogar, y Clara, el brillo en los ojos.Días después de la confrontación, Clara había intentado mantener la fachada. Salía de la cama, tomaba un café frío y miraba el calendario como si los días tuvieran algún propósito, pero la energía para hacer cualquier cosa más allá de eso la abandonaba antes del mediodía. Las cortinas permanecían cerradas, dejando entrar solo una tenue luz que hacía parecer que el día nunca comenzaba realmente.El embarazo, que alguna vez ha
Clara despertó nuevamente, pero esta vez la luz del mediodía iluminaba toda la habitación. Era extraño sentir el calor del sol en la piel después de días viviendo en penumbra. Se giró lentamente y vio a Melina jugando tranquilamente en la alfombra con un muñeco de trapo. La imagen le arrancó una sonrisa cansada, pero sincera, un pequeño recordatorio de lo que aún valía la pena en su vida.Después de la llamada con Dana, Clara había pasado el resto del día reflexionando. Las palabras de la mujer resonaban en su mente: "Mateo tiene que asumir su responsabilidad". Pero, ¿y ella? ¿Cuál era su responsabilidad? ¿Dónde terminaba su paciencia y comenzaba su amor propio?Con un suspiro, se levantó y se dirigió al baño. El espejo le devolvió una imagen que no reconocía. Su rostro estaba pálido, con ojera
Clara estaba sentada en el sillón de su pequeño apartamento, jugueteando nerviosamente con su teléfono. Había pasado una noche en vela, reflexionando sobre la situación. El orgullo había sido siempre su escudo, pero esta vez no podía dejar que la incertidumbre la consumiera. Sabía que si quería respuestas, tendría que enfrentar a Dana, aunque eso significara admitir una vulnerabilidad que siempre había evitado.Tomó una respiración profunda y marcó el número. Cada tono de llamada parecía eterno, hasta que finalmente Dana respondió.-¿Clara? -La voz de Dana sonó confundida y cautelosa.-Sí, soy yo. Necesito hablar contigo... es importante -Clara trató de mantener su voz firme, pero había un temblor que delataba su nerviosismo.Hubo un momento de silencio al otro lado de la línea. Finalmente, Dana respondi&
Esa mañana Lisana se acercó a la terraza de su habitación como lo hacía cada amanecer. Admiraba el tapete de vegetación que se alternaba con el naranja de los techos de las viviendas que se asomaban entre tanto verdor. A lo lejos, su mirada se detuvo en la casa de Lucas, aunque no quería acordarse de él, su pensamiento la traicionaba. Romper con su pasado era la decisión más acertada que había tomado en su corta vida, poner tierra de por medio le daría la ventaja que necesitaba para salvar su matrimonio. La luz del sol tenía un brillo inusual que destacaba los reflejos de su larga cabellera. Vestía una elegante bata de seda, aunque no había dormido bien, ya estaba maquillada y peinada, lista para cambiarse de ropa y salir hacia el aeropuerto. Estaba revisando por cuarta vez el equipaje de su esposo cuando su madre entró a la habitación.—Yo te hacía dormida, tu vuelo es en la tarde mi amor, ¿por qué no descansas un poco más? Ustedes dos necesitan despejarse, y además, tu padre y y