El olor del lugar era una mezcla de desinfectante y algo vagamente metálico, penetró sus sentidos y le provocó un nudo en el estómago, como si el aire enrarecido cargara consigo una pesada incertidumbre. Dentro, el médico estaba de pie con una hoja en la mano, mirando con un rostro cuya neutralidad la desconcertaba. La enfermera permanecía justo detrás de él, observando en silencio. Era una escena que podría haber pasado desapercibida para cualquiera, pero para Herseis era la encarnación de sus más profundos temores y deseos. Ese instante le pareció eterno, como si cada segundo pesara más de lo que su corazón pudiera soportar.Sus ojos se fijaron en la hoja, en el pliegue que se formaba entre los dedos del médico mientras la sostenía, y no pudo evitar pensar que su vida entera podría estar escrita ahí, en esas palabras que aún no le eran reveladas. Su mente comenzaba a divagar en una espiral de posibilidades, a la vez ansiosa y aterrada, y cada latido de su corazón retumbaba con fuerz
—Felicitaciones, señora Hedley. Han pasado dos años y me complace informarle que usted está embarazada —dijo el médico.Herseis estaba sola, porque no quería incomodar a Helios sobre un falso positivo. Se quedó perpleja y anonadada, sin saber cómo reaccionar. Las palabras que había escuchado apenas unos segundos antes flotaban en el aire, como si su cerebro se negara a procesarlas. "Felicitaciones, señora Hedley. Está embarazada". El eco de esa frase reverberaba en su mente, mientras ella intentaba asimilar su significado. ¿Embarazada? ¿Ella? Después de años de recibir diagnósticos negativos y de casi perder la esperanza, ¿ahora la vida le brindaría este milagro?Se quedó inmóvil en la silla, con la mirada perdida en el escritorio del médico. Era como si el tiempo se hubiera detenido. El médico continuaba hablando, pero sus palabras se volvieron un murmullo lejano. No podía concentrarse en nada más que en esa única verdad que acababa de descubrir: estaba embarazada.Los últimos dos añ
Al andar por las calles de la ciudad, lo hacía con una ligereza que no había sentido en años. Era como si todo a su alrededor hubiera cambiado de tonalidad, como si el mundo se hubiera bañado de una luz cálida y reconfortante. La realidad parecía teñida de colores más brillantes, más vivos, y cada paso que daba la acercaba a una felicidad que nunca creyó posible. Sentía miradas sobre ella, pero esta vez no era la mirada compasiva o distante a la que alguna vez se había acostumbrado. Ahora, las personas la observaban por la elegancia y seguridad que irradiaba. Había trabajado duro para convertirse en esa mujer, pero hoy… hoy todo era diferente.Era como si el universo mismo estuviera de acuerdo en que este era su momento. Su cabello rizado, que solía ser una fuente de inseguridad en su juventud, ahora brillaba bajo el sol, rebelde y majestuoso. Su silueta, trabajada con esfuerzo y dedicación, se movía con la gracia de alguien que sabía lo que quería. Pero nada de eso importaba tanto co
Herseis esperaba a Helios con emoción, dicha y felicidad. Su mente, para molestarla, de mal recuerdo, como aquella vez cuando había esperado a Edán para darle noticia de que había sido escogido como empleado del banco Leona. Pero Helios era diferente; ese muchacho era un hombre inigualable y sin comparación. Aguardó, tal como aquella vez, y se quedó dormida. ¿Cuánto tiempo había pasado? Hasta sus sueños eran más coloridos, brillantes y emocionantes en los que Helios siempre estaba para ella. Abrió los párpados y vio la imagen borrosa de Helios. ¿Era una ilusión? Pero al despertarse lo vio con mayor claridad.Helios había llegado al estadio con paso firme, como solía hacerlo en cada lugar que pisaba, pero esta vez había algo diferente en su andar. La noche era suya, y lo que le guardaba detrás de las puertas era más que una simple celebración. Sabía que Herseis estaba allí, esperándolo, y aunque no conocía todos los detalles, podía intuir que ella había preparado algo especial. Desde e
Herseis se levantó con la elegancia que siempre la había caracterizado desde que su vida había dado un giro, desde que Helios entró en ella y la transformó de maneras que jamás habría imaginado. Su vestido de gala caía suavemente sobre su figura, la tela deslizándose con delicadeza mientras daba pasos seguros hacia él. No era una simple cena, era un momento importante, pero por eso no se permitía caer en sentimentalismos. Con Helios, su relación siempre había sido práctica y física, envuelta en una formalidad que ambos apreciaban. Sin embargo, dentro de esa formalidad, había algo mucho más profundo que ni uno ni otro estaba dispuesto a verbalizar.Se acercó a Helios, que estaba sentado en la mesa, observándola con sus ojos tranquilos pero atentos. Al llegar junto a él, sus manos se dirigieron a su saco, quitándoselo con cuidado, un gesto que tenía menos que ver con servidumbre y más con una especie de ceremonia privada que ambos compartían. Ella no era su sirvienta, ni él su amo, pero
Las palabras flotaron en el aire durante un momento que le pareció eterno. Herseis, a pesar de estar diciendo aquello en voz alta, todavía no podía creerlo del todo. Durante tanto tiempo, el hecho de que no pudiera concebir había sido una pesada sombra en su vida, una verdad que la había perseguido en su matrimonio anterior y que había consumido parte de su alma. Pero ahora estaba embarazada. Su cuerpo albergaba la vida, algo que había considerado imposible durante tantos años. Era un milagro.—Al fin tendré un hijo… —dijo con la voz entrecortada. Las lágrimas, que hasta ahora había contenido, finalmente brotaron, deslizándose por sus mejillas como si no pudiera esperar más para expresar la emoción que llevaba dentro—. Gracias al tratamiento ya ti.Su declaración apenas lograba transmitir la profundidad de lo que sentía. Miró a Helios, esperando su reacción, tratando de leer su rostro como tantas veces lo había hecho antes. Pero esta vez no era fácil. El joven, siempre tan contenido,
Herseis ante cada toque de Helios, rememoraba la diferencia que él había traído a su vida. Era un joven, sí, pero en sus manos había encontrado la seguridad y el respeto que tanto tiempo había anhelado. A medida que él la abrazaba con fuerza, pero también con un control perfecto, ella sentía cómo su pasado oscuro y sus cicatrices de viejas heridas desaparecían, reemplazadas por una luz nueva que él había traído consigo. Sus cuerpos se movían al unísono, una danza lenta y profunda, donde no existía el tiempo ni el espacio, solo ellos dos.Helios, por su parte, sintió la calidez de Herseis envolverlo como una llama que no quemaba, sino que lo llenaba de vida. Era consciente de cada reacción, de cada susurro que ella emitía en respuesta a su toque, y eso lo impulsaba a seguir, a perderse más en la suavidad de sus gestos y en la intensidad de su conexión. Aunque era un hombre reservado, en esos momentos con ella, permitía que las emociones se desbordaran, confiando en que ella podía soste
Durante el día, su vida en el trabajo también había cambiado. Ser gerente del banco Leona era una responsabilidad que la llenaba de orgullo, y aunque su embarazo avanzaba, seguía yendo al banco con el mismo entusiasmo de siempre. Había un brillo nuevo en sus ojos, una vitalidad renovada que no podía evitar. Todo lo que hacía ahora le parecía más intenso, más significativo, y sentía que el mundo a su alrededor se había llenado de colores más brillantes. La sonrisa no se apartaba de su rostro, y aunque sabía que debía ser cauta y mantener la compostura en público, había momentos en los que sentía que su alegría la desbordaba.Sin embargo, lo más difícil para ella era ocultar lo que realmente sentía por Helios. Sabía que debía mantener las cosas profesionales, y que su relación era, en su esencia, un contrato. Pero en el fondo, sabía que estaba enamorada de él. No podía evitarlo. Había algo en su firmeza, en su forma de ser, que la atraía cada vez más. Cada día que pasaba, lo admiraba má