Capítulo 18
En la habitación del hospital, Marisela no respondió a lo primero porque no hacía falta, pero como lo segundo involucraba el acceso a la casa, explicó:

—Contacté a tu asistente. Es tu empleado y ha estado en casa varias veces, así que no consideré que fuera inapropiado darle la dirección, además confías en él.

Lorenzo explotó, quería soltar lo que realmente pensaba, pero en cambio dijo:

—¿Y qué si es mi empleado? Cuando iba antes tú estabas en casa, pero ahora no estás.

Era solo una excusa para desahogar su ira, porque no podía decir la verdadera razón:

¿Por qué prefería llamar a Aurelio antes que intentar contactarlo a él una segunda vez? ¿Solo porque le colgó una vez? ¿Y qué hay de las cien llamadas que ella le había colgado a él?

Prefería buscar ayuda en un extraño antes que en él. Estaba enloqueciendo de rabia.

Al otro lado del teléfono, Marisela guardó silencio unos segundos.

Sabía que a Lorenzo no le gustaba que extraños entraran a casa, por eso había recurrido a Aurelio, enfatiz
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