••••••••••5: 00 pm. Esa tarde en el este de Maita, el Conde Alfred Heliar, había finalizado su trabajo del día. —El carruaje está en camino mi Lord —decía uno de sus fieles mayordomos que había ido con él a atenderle— se a preparado una mansión cercana, para usted y su gente. —Buen trabajo —felicitó Alfred a su mayordomo— Iré a dar una última mirada por el campamento cercano, si existe algún nuevo Maitano que se ha escondido, probablemente estará llegando a estás horas, cuando entregan las raciones de la cena en los campamentos. —Tenga cuidado, mi Lord —dijo el mayordomo viendo como su señor se iba con un pequeño grupo de sus caballeros más capaces. …..Minutos después, el Conde bajó de su caballo y comenzó a caminar por el sector en ruinas de lo que una vez fue un pueblo bastante próspero en Romian. Un pueblo que fue atacado por los cañones Maitanos a mediados del año de guerra por su gran concentración de soldados Romianos en la zona. Sí, Maita había obtenido el control poc
••••••••••7: 30 pm. Esa noche, en el castillo de las concubinas, de Maita. Ambas mujeres estaban reunidas cenando, como era bastante habitual en ellas dos. —¿Escuchaste que su majestad no ha ido a ver a esa mujer desde hace un día? —preguntaba con una gran sonrisa, Karla Gerkan a Juliana Heliar. —¿Es así?, pero… Seguro irá. Él dice que la ama, ¿tan rápido se le acabó el amor? —¡Tan rápido como se le acabó el deseo por nosotras probablemente! —exclamó Karla frunciendo el ceño—, su majestad el Rey, siempre ha sido muy extraño, probablemente se vuelva un mujeriego como el Rey anterior~ cuando veamos se casará con cada mujer de nación conquistada jaja~ —No insultes así a nuestro marido~ él no es como ese Rey anterior… Escuché que ese señor se acostaba con todo lo que fuera mujer jaja~ daba igual que tan pobre o sirvienta sucia era —se burlaba Juliana. —En eso te doy la razón~ —sonrió Karla, tomando un poco del vino en su elegante copa dorada, para seguidamente dejarlo sobre la mes
••••••••••Tres días después. 10: 00 am. —Yuriiii~ —llamaba a distancia, Caroline, a la tercera concubina de Maita. La joven ex Reina Romiana, daba su caminata matutina junto a su asistente Margoth y su guardián Dimitri que la seguían a una considerable distancia. Los ojos verdes esmeraldas de esa concubina se posaron en esa jovencita de cabello rubio largo que resaltaba tanto con el pomposo vestido rosa pastel que llevaban puesto, como una bella flor. —¡Yuri! Que difícil es dar contigo~ —reía Caroline Forsten, quien esos día aprovechó para ir más a la capital y pasar tiempo conociendo a esa concubina. Aunque Yurina no fue de muchas palabras, y tampoco le comentó de ningún tema relevante; aprovechó y aprendió de Maita, sus costumbres y la nobleza, todo gracias a Caroline. —¿Cómo te está yendo con el pastelero Real, te ayuda a aprender? ¡Me hubiera encantado quedarme y ver la expresión de mi primo cuando lo sorprendas! —¿Te hubiera?, acaso... ¿tienes que irte? aún no ha pasado
CLAC~Una vez Landel cerró la puerta. Él me quedó viendo fijamente... Esa mirada dorada que siento que me escudriña me pone nerviosa siempre. —¿Qué hablabas con el Conde? —preguntó él de inmediato. —¿Ah? —hice una expresión de confusión... Yo no entendí el por qué de su pregunta. —¡Contesta, Yurina! —Nada... Yo, ¿saludar?, no lo conocía, no tenía idea que era el Conde Heliar hasta que él- —No quiero que vuelvas a hablar con él, ¿lo has entendido? Landel me veía imponente y yo... ¡me moleste!Simplemente no pude evitar sentir que "mi sangre hervía de ira" si él se ponía a decirme todo aquello, sin que yo entienda. —¡Solo lo saludé!, ¡soy una simple concubina, si un noble me saluda, debo corresponder!, si mi invitan debo aceptar, si me piden algo y está a mi alcance y es correcto en la ley, entonces darlo... ayudar y- —Asi que has estado estudiando... —susurró Landel, su expresión había cambiado, ahora él me veía, más... Pacífico. —¡Sí, te dije que lo haría!, me lo tomó muy en
.....Unos minutos más tarde, me encontraba con Yuri en el laboratorio de ella. —¡Si te ríes de mí, jamás volveré a dirigirte la palabra! —me amenazó ella viéndome seriamente, mientras en sus manos sostenía varias hojas que con nerviosismo me pasó. Las sostuvo y comencé a ver dibujo tras dibujo. Parecían exactamente los mismos que estaban votados en el basurero la última vez que vine al laboratorio de ella... Todos eran demasiado similares. —Yuri... —¿Qué? —preguntó ella de mala manera, quizá pensando que haría un comentario burlista. —¿Me permites ayudarte?, me gustaría hacer los dibujos por ti. —¡¿AH?!, ¿cómo si fueras mi empleado?, ¡Eres el Rey, no puedo hacer eso! —Puedes no verme como el Rey y ser solo "Landel" para ti, cuando estamos solos. —¿Solo... Landel? —susurró ella viéndome seriamente— debes estar sintiéndote mal para decirme algo como eso jaja~ —sonrió ella con un poco de nerviosismo que la hizo lucir bastante tierna— Ya casi es hora del almuerzo y deberías ir-
Una sonrisa curvó los labios de Yurina, quien al ver ese dibujo… Se sintió avergonzada y… Bastante feliz. —Lo voy a atesorar… —susurró ella. La ex Reina Romiana, posó con cariño su mirada verde esmeralda en ese dibujo del momento en el que recibió a su hija frente a la mansión. Yurina abrazaba a la pequeña princesa Amanda con tanto amor y las sonrisas cálidas en el rostro de ambas, era lo que más detalles tenía… Parecía un retrato hecho con mucho cariño y dedicación. Aunque era solo un dibujo sencillo y sin colores a diferencia de las pintura, y aunque estaba en una hoja de papel… La tercera concubina no pudo evitar sentir que era invaluable. "¿Es debido al arte que maneja este Rey?""¿Debido a la elegancia de cada línea?" "Quizá… Es el momento, la emoción que sentí reflejada en papel" "Quizá es el cariño con el que parece haber sido hecha…" "Tal vez…" Los pensamientos de la mujer de cabello corto oscuro cesaron, ella se sentó justo al lado donde estaba ese Rey aún dormido. N
••••••••••En ese mismo momento, pero en la oficina del Rey Maitano. —¿Esto es todo? —preguntó Landel sosteniendo el informe en sus manos, mientras estaba sentado en un sofá de la sala en su oficina. A pocos metros, en otro cómodo sofá, se encontraba el Conde Heliar. —Sí. Parece que los demás encargados están haciendo un buen trabajo en la organización de los pequeños pueblos. Los nuevos Maitanos se encuentran bien, a pesar que muchos resultaron heridos en la guerra han sido atendidos por los grupos médicos enviados y ya están recuperándose. —¿No hubo ninguna emergencia?, en tu informe dice que uno de tus caballeros murió. Alfred desvío su mirada de la del Rey Maitano, el Conde hizo un gesto de tristeza. —Sí… Lamentablemente falleció uno de mis mejores caballeros… —Lo lamento Alfred, sin embargo, no especificaste nada de su muerte y el informe debe estar bastante detallado. Mañana todo el consejo lo sabrá en la reunión. Te daré tiempo a que lo agregues. —Si, Lan, muchas grac
—Es cierto, pero ya no hay que fingir —decía Landel más tranquilo, ahora sentandose sobre un sofá, con el libro en sus manos al que echó un vistazo por curiosidad. Yurina por otro lado tomó su copa y vertió más vino en ella. —¿No quieres un trago? —preguntó ella al Rey. —No, estoy bien así. Ella curiosa se levantó de su asiento y se sentó en uno de los descansa brazos del sofá donde estaba Landel. Él posó sus ojos dorados en ella por unos segundos, para después sin darle mayor importancia, continuar viendo el libro. —¿Por qué estás estudiando plantas tóxicas conocidas en el continente? —preguntó él a su esposa. —El clima en cada Reino tiene sus diferencias, hay plantas que son únicas también en cada nación, quería ver qué tan diferentes eran las de Maita con los demás… No sabía que tenían una recopilación de otros Reinos, especialmente Gorian. —Sí, aunque es bastante antiguo, ¿por qué necesitas este conocimiento? —preguntó él interesado en el tema. Yurina tomó unos tragos más