TORMENTA, IRA Y AMOR

—Verónica —gimió—. ¡No la toques, carajo!

Se sentó de golpe y yo reprimí un sollozo como respuesta. Sus ojos inyectados en sangre se encontraron con los míos y me miró fijamente. Conmoción. Dolor. Ternura. Perdida. Admiración. Había un profundo tormento en sus ojos oscuros. Tormento. Ira. Y amor.

¿Cómo era posible que me mirara con tanto dolor en sus ojos y, sin embargo, su mirada aún estuviera llena de tanto amor?

Fue una tragedia para mi corazón.

—Tú… —empezó con voz ronca y soñolienta—. ¿Qué…?

Se aclaró la garganta y sacudió la cabeza, como para aclararse la mente. Velbert miró mis manos sobre las suyas. —¿Cómo… cómo estás en mi habitación? —Parecía muy confundido, parpadeando varias veces como para deshacerse de ese espejismo que era yo.

Le apreté el puño y le dediqué una pequeña sonrisa. —Igor vino a verme. Me dijo que estabas herido. No podía quedarme más tiempo en esa habitación, no cuando sabía que me necesitabas.

—Si Varousse se entera…—

Lo interrumpí antes de que pudiera con
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