Joseph habló con Victoria sobre la declaración de Robert; era una de esas oraciones importantes y que debían saberse por todos, menos por Miranda.Victoria se pronunciò en contra de los deseos del chico y Joseph no sabía que decir o que pensar; sin duda le agradaba la idea de tener a Robert cómo yerno, pero no quería que la felicidad de su hija dependiera del propio capricho y, hasta aquel momento, parecía que así era. La señora Gardner sostenía su punto: Miranda ya estaba en una relación y debían respetar aquello, era evidente, ellos no podían controlar lo que hiciera su hija, no todo al menos; aunque podían sugerir y hasta pedir que ella amase a alguien en específico; su jurisdicción no iba más allá, después de todo, ya no estaban en la época en la que los padres escogían a los maridos de sus hijas; así que la decisión era enteramente de Miranda.— Ella podría terminar su relación sí asi lo deseara —, dijo Joseph— No parece que lo quiera.— Terminó su relación con Matthew y tampo
¿Cuándo es un ave libre? ¿Cuándo vuela o cuando cae? Seguramente, es cuando emprende el vuelo, cuando la fresca brisa o el intenso viento, acomoda su plumaje a su antojo, cuando la tierra firme se ve tan lejana y pequeña, cuando el inmenso cielo le abraza con su intenso azul; cuando el enorme astro amarillo que ilumina nuestros días con su cálida luz dorada, lo saluda con una sonrisa en cada amanecer y se depide con un cálido beso anaranjado al atardecer.El ave emprende el vuelo buscando, siempre, dónde aterrizar; no vuela por capricho, sino por necesidad e, incluso en el aire, el miedo nunca la abandona. El terror a caer, a olvidarse de aletear o planear por demasiado tiempo, estaba siempre presente, ¿sé es libre estando lleno de terror? Definitivamente, no.Pero al estar en tierra, al sentir el suave tacto del suelo en sus patas, al aire acariciando sus cabezas y al sol espiando sus movimientos desde las alturas, sentía cierta seguridad; sabía que no caería y que, de necesitarlo, p
Miranda descendía de la enorme torre en la que, ella misma, se había encerrado tras creer que así prosperaría su relación. La falta de comunicación dentro de la misma había, provocado aquel pensamiento y, por ende, derivado en acciones poco favorecedoras para ella; aquella decisión, casi había terminado con su personalidad.Cada escalón que lograba descemder, era una pequeña inseguridad, un leve miedo o un pensamiento que casi se convirtió en dilema; aquellas molestias ficticias, no le resultaban complicadas de pasar, pero no todo sería así de sencillo. Descender por la torre de la angustia, para llegar a la explanada del ser auténtico, era más difícil de lo que podía pensarse; por que cada escalón, suponía un enfrentamiento al ser interno, a aquel individuo vivo y genuino que no sabe de temor; pero que, de igual manera, se oculta por orden de aquella personalidad creada y matenida por nada más que: la sociedad. La puerta de la torre del olvido, esa que Miranda había buscado ocultar t
Joseph sabía que Robert buscaba algo, buscaba respuestas y un poco más de información; cosas que, él, tenía y podía compartir, pero no lo haría. No pensaba, por ningún motivo, pronunciar las palabras, "Miranda sostiene una relación con…"; no porque le desagradara aquel hecho —aunque lo hacía—, sino porque entendía que, de mencionar la existencia de dicha relación, estaría aceptando a Michelle y, sinceramente, nunca le había agradado eso.Para el profesor, Michelle y la relación que sostenía con su hija, no era nada, no significaba nada en absoluto; lo veía cómo un gracioso capricho de su pequeña y nada más; después de todo, no había anillo en el dedo de ella y él no se había presentado aún. Aquello hablaba de la seriedad del asunto, y no parecía tener mucha.Robert no necesitaba saber nada de aquello, aunque quería hacerlo, no tenía porque. Aun con ello, él intentaba indagar más en el tema, quería saber más sobre la vida de Miranda, específicamente, sobre su vida amorosa. ¿Estaba sola
Miranda y Michelle buscaban un lugar para hablar, querían conversar Sin sentirse observados o expuestos, tenían mucho de que hablar y pocos lugares a los que ir. Querían un momento más privado, uno sin personas molestas que escucharan su conversación, tampoco querían ir a el hogar del otro, sabían lo inapropiad que era; fuera en Italia o en Estados Unidos, visitar la casa de la pareja, suponía un escándalo enorme y, francamente, no estaban dispuestos a lidiar con algo así.Después de pensar por un largo rato, decidieron que una banca aislada del parque, tal vez no era el lugar más privado o solitario, pero al menos podrían hablar más fácilmente que en un restaurante o una cafetería. Antes de que cualquiera de los dos comenzara a hablar; se miraron por un largo rato, parecía que intentaban leer los pensamientos del otro, pero así no funcionaba.Ninguno quería ser el primero en hablar, temían de sus palabras y, por sobre todo, de sus pensamientos, ¿qué tal y decían algo que lastimara al
Joseph estaba en su estudio; recargando su cabeza en el respaldo de su silla, observaba el techo sobre él; volvía a pensar en todo, al final era lo único que se atrevía a hacer, tan sólo pensaba y repasaba una y otra vez las mismas situaciones, llegando a las mismas conclusiones: hacer lo que, desde el principio, debió hacer.¡Pero no hacía nada! Estaba demasiado ocupado pensando en todos los errores cometidos; y había encontrado ya tantos que no podía continuar con el hilo de pensamiento.Suspiró poniéndose de pie; era momento de aceptar que sus acciones no habían sido las más brillantes, y que debía, de una vez por todas, hacer lo correcto.En la sala de estar, se encontraban las mujeres, ambas disfrutaban de una taza de café y conversaban sobre nada en particular, pero al mismo tiempo, de todo. Mujeres, hablan de "nada", cuando (o tal vez porque), lo entienden todo.— Miranda —, dijo con tono casi solemne; la mencionada respondió levantando la mirada y llevándola a él. Volvía a ser
Thomas se encontraba absorto en sus pensamientos, su mente era, en aquel momento, un inmenso caos; una parte de él prestaba atención a lo que fuera que James le decía y la otra parte intentaba entender que pasaba en su interior. Había sentido un leve escalofrío recorrer su cuerpo, eso le hubiera parecido normal a cualquiera, incluso tal vez gracioso; pero a Tom le parecía aterrador, sentía que las paredes se le caían encima, que todo, en algún momento, lo aplastaría sin remordimientos.Su rostro presumía una seriedad increíble, pero él ni siquiera se había percatado de ello, no podía controlarlo, suficiente tenía con su sufrimiento interno. James se había percatado de dicha expresión, pero decidió no preguntar nada, no aún, debía esperar un poco, no a que Thomas se calmara, sino a que él mismo entendiera lo que sucedía.— ¿Todo bien? —, preguntó después de algunos instantes; Thomas pareció despertar de un sueño; volvió su mirada al castaño y sonrió, sonrió como sí nada estuviese pasand
Los nervios que Michelle sentía al principio de la cena, habían desaparecido al cabo de unos minutos, pues Joseph no lo había intimidado cómo él creía que sería; después de un intercambio de palabras, las risas hicieron su aparición y, aquello había inundado de alivio al italiano, pues sentía que todo iba espléndidamente.Miranda observaba la convivencia de sus padres con Michelle, sin poder evitar sentirse extremadamente feliz, veía como todo avanzaba de la manera más natural, ella no tenía que intervenir para nada que no fuera participar en la conversación. Pronto todos guardaron silencio: la comida había llegado.— ¿Por qué Matemáticas? —, preguntó Joseph por mera curiosidad; aunque, tal vez, una capa más dentro de su ser; aquella pregunta fuese como una medida más en contra del buen avance de Michelle. El señor Gardner no entendía por qué aquel italiano, sin estatus ni dinero, comenzaba a agradarle, incluso más que su brillante alumno Robert.— Es una de mis pasiones —, comenzó el