Hija del Olvido
Hija del Olvido
Por: 刚刚好
Capítulo 1
—¿Y la desobediente de mi hija ya se dignó a pedir perdón?

En la hacienda, las palabras de Alejandro Martínez.

El mayordomo, temblando, respondió:

—Señor, la señorita todavía no ha salido.

Alejandro, con un cigarrillo entre sus dedos, se detuvo un instante, pero enseguida volvió a la calma:

—Es que siempre la he mimado demasiado, por eso se ha vuelto tan rebelde. ¿Cómo se atreve a encerrar a Sofía en el auto? Tiene que aprender esta vez.

El mayordomo, con algo de compasión, se atrevió a decir:

—Pero afuera está pegando fuerte el sol, el auto está que hierve con este bochorno… ¿no cree que la a señorita podría pasarle algo…?

—¿Calor? —rio Alejandro.

—Precisamente, quiero que sienta el calor. Así aprenderá. Si ella misma sabe lo horrible que es estar metida en un auto caliente, se lo pensará dos veces antes de volver a hacer algo así contra Sofía.

Su voz era distante, como si hubiera olvidado por completo que Camila llevaba un buen tiempo encerrada en el maletero del carro.

El mayordomo quiso decir algo más, pero Alejandro, impaciente, lo interrumpió:

—No digas más. ¿Acaso crees que nadie le ha estado llevando comida a escondidas? Está de maravilla, ni que se fuera a morir de la calentura.

Al oír esto, no pude evitar reírme, aunque nadie pudo escucharme.

Porque llevaba cuatro días muerta.

Desde entonces, mi alma ha estado siguiendo a Alejandro.

—Papá, no te enojes. Mejor saca a Camila del auto. Hace tanto calor afuera que seguro lo está pasando muy mal.

En el segundo piso, en lo que solía ser mi habitación, Sofía salió con un vestido blanco como la nieve. La mirada de Alejandro cambió de repente, mostrando una ternura que yo nunca había visto.

Sofía bajó las escaleras y se sentó junto a Alejandro, como si fuera una delicada flor de jazmín.

—No te preocupes por ella, eres demasiado buena. Ella te encerró en el auto y te hizo desmayarte en ese calor infernal. Se merece este castigo.

Al mencionar mi nombre, la mirada de Alejandro era extraña, como si se refiriese a una enemiga.

Pero, ¿por qué? ¿Acaso no soy su hija?

En la hacienda, el mayordomo murmurando se fue a la cocina:

—Ni siquiera cuida a su propia hija, pero sí a la hija de otra persona.

—Papá, eres tan bueno. Si fueras mi verdadero padre, sería perfecto —dijo Sofía con la voz entrecortada, apoyándose en el hombro de Alejandro.

—Niña boba, si tú quieres, yo seré tu padre.

—Sofía, ya estás grande, deja de actuar como una mocosa pequeña—dijo una mujer que apareció de la nada.

Era Valeria, la mujer que Alejandro más amaba en su vida.

Antes de que ella apareciera, siempre pensé que la mujer más importante para mi padre sería mi madre.

Pero todo cambió después de que mamá falleció.

Hoy en día, incluso me alegra que mamá se haya enfermado y se muriera. Así no tuvo que ver el lado despiadado del hombre al que amó toda su vida.

Supongo que pronto me reuniré con ella. En la próxima vida, aunque sea en la forma que fuese, lo que sea excepto la hija de Alejandro.

—Alejandro, un pequeño castigo es suficiente. Camila también es tu hija.

Madre e hija parecían actuar como buenas personas, pero si en verdad lo fueran, no habrían permitido que yo estuviera encerrada en el maletero durante tanto tiempo.

Lo más irónico es que este auto fue un regalo de cumpleaños de mi papá para mí.

Y ahora se había convertido en mi tumba.

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