El llanto del gorrión: Octava parte.
Cada paso que daba hacia la casa se sentía como una eternidad, un viaje corto pero cargado de emociones contradictorias. El viento seguía azotando el exterior, pero dentro de Fausto, la tormenta era aún más feroz. Entró a la casa con pasos vacilantes, el crujido de la madera bajo sus pies resonando en la silenciosa estancia. La cálida luz del fuego en la chimenea proyectaba sombras danzantes en las paredes, creando un contraste inquietante con la calma tensa que reinaba en el aire. El aroma a l