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No fueron tan lejos como Xana pensó. Ni siquiera el alfa y sus cachorros se transformaron, más bien ellos se adaptaron a ella caminando a su lado. Nill de la mano de ella, y Sibyl sobre el brazo de su padre. Tras media hora de caminata y bajar subir una pequeña colina los ojos de Xana se quedaron muy abiertos ante lo que vio.

-¿Te gusta?- le preguntó White a lo que Xana tuvo que responder asintiendo con la cabeza.

Y como no hacerlo si lo que se extendía delante de ella era un campo de azucenas y rosas blancas que brillaban bajo la luz de la luna. Había luciérnagas volando de un lado a otro y la deliciosa fragancia dulce era exquisita.

-Este lugar…-

-De aquí normalmente seleccionan las flores para las festividades en la manada. Mi padre fue la que creó este lugar para mi madre que siempre le gustaba perfumar la casa con ellas y como terminó siendo tan grande terminó siendo de uso de la manada.

-Los humanos solemos dar flores a la persona que nos gusta, al parecer es similar a ustedes.
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