—¿Por qué? —preguntó Clarissa.Cuando llegó a un tema que conocía bien, vio que sobre la mesa de Giovanni había una hoja en blanco, así que lo miró. Sin necesidad de preguntar, Giovanni le pasó el lápiz.Clarissa sonrió y empezó a dibujar y escribir en la hoja en blanco.—San León no tiene una base para hacer cine propio. Si se construye una en San León, podría ayudar a la economía local y aumentar la influencia cultural de la región —dijo Clarissa mientras escribía.Giovanni no la interrumpió, y ella siguió:—La base podría atraer a muchos turistas, lo que ayudaría al desarrollo de restaurantes, hoteles, turismo y otros negocios relacionados. Además, la producción de películas necesita muchos accesorios, decorados y vestuarios, lo que les daría oportunidades a las empresas locales y ayudaría al crecimiento económico de la región.—La base también podría mostrar la cultura local, y a través de las películas, aumentar la fama e influencia de la cultura de la región, y eso mejoraría su i
Giovanni miró el diseño que ella le había enviado. Sus ojos mostraban un toque de admiración. —Si no estuvieras en la familia Ferrucho, quizás tendrías la oportunidad de llegar al mismo nivel que Thiago. Eso era un gran halago. Thiago Louis, el segundo hijo de la importante familia Louis en San Sor del Molino, era una de las figuras más reconocidas en el mundo arquitectónico. Hoy en día, un solo plano suyo podía costar millones. Hace no mucho, había diseñado una lujosa villa con jardines y varias construcciones para un millonario extranjero en un terreno de cien hectáreas. Su talento no se limitaba a la arquitectura; también tenía mucha influencia en otras áreas del arte. La marca de lujo que fundó se había convertido en algo muy deseado entre los empresarios y la clase alta. Incluso, algunas mujeres de la aristocracia bromeaban diciendo: —Los vestidos de mi armario de quinientos metros cuadrados no valen lo mismo que un solo vestido hecho a medida por Luján Único. En su momen
La recepcionista mantenía una sonrisa profesional mientras se preparaba para llamar al departamento de secretaría y preguntar si debía dejar pasar al visitante. En ese momento, vio entrar por la puerta principal a Salvatore Moretti, el asistente de Giovanni. Salvatore se veía refinado y elegante, con su traje impecable. Su actitud transmitía calma y seguridad. En ese momento, llevaba varios documentos en las manos, pero la recepcionista lo detuvo. —Salvatore, ¿te importaría revisar esto? Este señor es el gerente general del Grupo Ferrucho. Vino a ver al señor Giovanni, pero no tengo ninguna cita a nombre de su empresa. Salvatore levantó las cejas y tomó la tarjeta de presentación que estaba sobre el escritorio. Efectivamente, era el presidente del Grupo Financiero Ferrucho. En San Sor del Molino había varias empresas Ferrucho, pero solo una con Luca al mando. Salvatore lo miró de arriba abajo. Luca tenía una estatura promedio y una apariencia bastante común, pero lo que más p
Luca ya sospechaba que lo rechazarían, pero no esperaba que fuera de una forma tan directa. Ni siquiera le dieron una mínima oportunidad. Sintió un pequeño dolor en el pecho, pero aun así forzó una sonrisa y dijo: —De acuerdo, gracias por su tiempo, Salvatore. Luego, se dio la vuelta y salió de allí. Salvatore se quedó quieto y se rio mientras lo veía irse. ¿Qué se creía para competir con Giovanni? Lo mejor que podía hacer era que se mirara en un espejo. Luca no se dio cuenta de la mirada de desprecio de Salvatore. Al regresar al Grupo Financiero Ferrucho, le contó a Enrico que no había logrado reunirse con Giovanni. Enrico suspiró varias veces y le ordenó que siguiera intentándolo, que en algún momento encontraría la manera de verlo. Sin otra opción, Luca volvió a las oficinas del Grupo Financiero Santoro y pasó todo el día sentado en la sala de espera, pero nunca lo recibieron. Día tras día, Luca intentó sin éxito obtener una reunión, lo que dejó claro que en Grupo Santor
Ella inclinó un poco la cabeza, y lo miro con una mirada burlon. —Mira, todavía tienes las marcas esas de chupones en el cuello de la otra. Su voz era cortante, sin emoción. —¿Todavía tienes alguna razón para negarte al divorcio? Sus ojos llenos de desprecio. —Un perro como tu… pues no, no gracias. Esas palabras salieron de su boca bien afiladitas. ¿Acaso ella se equivocaba en algo? Quién sabe en qué cama se había levantado, con el cuello marcado por la otra, y todavía tenía el descaro de decirle que no la dejaría ir. ¿Con qué derecho? Luca apretó los dientes, se llenó de furia. —¿Yo soy un perro? ¡Como si tú fueras tan santa! Su expresión y su voz se hicieron más amenazantes. —Seguro ya te acostaste con ese tipo que te regaló el vestido, ¿no? Si no, ¿por qué habría pagado el traslado de tu mamá y del inútil de tu hermano a otro hospital? Se acercó un paso más, su voz llena de odio. —Déjate de tantas bobadas, Clarissa, ¿quieres divorciarte de mí solo para
—Pensé en enviarte un mensaje, pero me pareció que no venía al caso, así que decidí llamarte. —Clarissa, si no quisiera casarme contigo, ¿entonces qué significa para ti todo lo que estoy haciendo ahora? —Si en este momento pudieras dejar a un lado a Luca, iría contigo al registro civil ahora mismo. —Más que tú, creo que soy yo quien debería preocuparse de que sigas aferrada a ese matrimonio con Luca. Clarissa se quedó callada unos segundos, sorprendida por sus palabras. Luego, murmuró: —No entiendo por qué me elegiste. En realidad, tienes muchas opciones mejores. Luca era un desgraciado, eso era obvio, pero había algo en lo que no se había equivocado. Ella ya estaba casada. Aunque entre ella y Luca nunca hubo una verdadera relación íntima, ante los ojos de los demás, ella seguía siendo una mujer que… Su mirada se apagó un poco. Aunque no quisiera admitirlo, aunque se sintiera impotente, la realidad era así: una mujer divorciada siempre sería juzgada y etiquetada com
Giulia seguía enferma, todavía no se recuperaba del resfriado. Luca la quería, sí, pero también tenía miedo de que lo contagiara. Tenía mucho trabajo y no podía quedarse en casa por un resfriado, así que decidió llamar a la mujer con la que había pasado la noche anterior. —Te mandé el número de la habitación del hotel. Ven ahora mismo. Del otro lado de la llamada, la mujer suspiró con un tono dulce, coqueteando con él. Luca sintió una cálida sensación recorrer su cuerpo, su enojo se calmó un poco. Clarissa nunca lo había mimado ni halagado, pero afuera había muchas mujeres que sí lo hacían. Mientras Luca se dejaba llevar por su vida desenfrenada, Giovanni recibió un video donde se veía a Luca entrando al hotel. Su mirada se apagó y envió un mensaje a su asistente. Giovanni: —Síguelo. Después de hablar con Giovanni, Clarissa sintió que seguir en casa de la familia Ferrucho era como estar en una jaula. Recordó las palabras hirientes de Luca, recordó todo lo que había aguant
Clarissa dijo que no con la cabeza, pero como no era una videollamada, Vittoria no pudo verla agachar la mirada. Entonces, respondió: —Aún no me he divorciado, solo que ya no aguantaba a Luca, así que decidí mudarme. Los ojos de Vittoria se iluminaron con emoción. ¡No aguantaba más a Luca! Eso solo podía significar que estaba a punto de comenzar una nueva vida. —Clarissa, dime algo… ¿tu futuro esposo ya sabe que te mudaste? Clarissa se quedó un segundo en silencio, algo sorprendida por la pregunta. Vittoria, que la conocía demasiado bien, no tardó en insistir: —¡Cariño! ¡Mándale un mensaje a Giovanni y dile que te has mudado! ¿Mandarle un mensaje a Giovanni? —¿No crees que sería demasiado obvio? De repente, sintió que sus mejillas y la punta de sus dedos comenzaban a arder. —¿Por qué iba a serlo? En el futuro, se supone que te casarás con él, ¿no? Entonces, él será tu pareja. Decirle que te has mudado es lo más normal del mundo. —Envíale el mensaje y observa cóm