Perdí la esencia

Por Edgardo

Por la mañana, fui a la quinta y pasamos la tarde del sábado juntos, por la noche había otro evento.

Pensé que Evangelina ni siquiera me había extrañado.

Un dolor espantoso se apoderó de mí, estábamos perdiendo la esencia de nuestro matrimonio.

Durante la semana y hasta que Evi lavó la ropa, estuve con cierto temor, pero al no hacerme ningún comentario, me tranquilicé.

Al viernes siguiente había otro evento en la quinta, por lo que Evi ya se había trasladado con mis niños, para ocuparse de todo.

Estaba por salir, cuándo Irene entra a mi oficina, sonrisa va y sonrisa viene, ella se acercó, buscando mi boca.

No lo íbamos a hacer allá.

Pero le dije que por salvaguardar nuestros trabajos, la veía a dos cuadras de la empresa.

Fuimos a cenar y volvimos a su departamento.

Le mandé un mensaje a mi mujer, diciendo que era el cumpleaños de uno de los directores, que cenaba nuevamente con ellos y que luego iba a casa.

Me dijo que me divierta.

Eso hice.

Irene era deshinibida, hasta me
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