Cuando José Manuel y Samuel llegaron a casa, el niño entró corriendo con el trofeo en alto, como si fuera el mayor tesoro del mundo.—¡Mira, Samantha! ¡Ganamos! —exclamó con emoción, mostrándole el premio.Samantha, que estaba sentada en el sofá revisando su teléfono, alzó la mirada. Su expresión pasó de curiosidad a puro enojo cuando leyó los nombres grabados en el trofeo: Samuel, José Manuel y Eliana.—¿Qué es esto? —preguntó con voz fría, tomando el trofeo de las manos de Samuel.El niño sonrió sin notar su mal humor.—Es el premio de la competencia. ¡Mira, también nos tomaron una foto! —Señaló la imagen adherida al trofeo donde él, Eliana y José Manuel sonreían juntos, victoriosos.El rostro de Samantha se endureció.—¿Y dónde piensas poner esto?—¡En la sala! Para que todos lo vean —respondió Samuel con seguridad.Samantha apretó los labios.—No creo que sea buena idea. No combina con la decoración.Samuel frunció el ceño.—Pero es un trofeo importante.—Aún así, creo que estaría
Eliana estaba en su oficina cuando su asistente tocó la puerta con urgencia.—Señorita, acaba de llegar esta invitación. Es para un evento exclusivo de negocios.Eliana arqueó una ceja y tomó el sobre elegante. Lo abrió con cautela y leyó la carta. Sus ojos se agrandaron.Era una oportunidad única: una empresa internacional estaba buscando una compañía con la cual asociarse para un proyecto multimillonario. Pero había un detalle que la hizo fruncir el ceño: la selección se haría mediante una competencia entre los mejores empresarios del sector.No sería fácil.—Investiga quiénes son los otros invitados —ordenó a su asistente.—Sí, señorita —respondió ella, saliendo apresurada.Eliana suspiró, tratando de evaluar sus posibilidades. Su empresa había crecido mucho en los últimos años, y esto podría consolidarla como una de las más influyentes.Pero lo que no esperaba era lo que vendría después.---En otra parte de la ciudad, José Manuel estaba en su despacho cuando su secretario entró c
El reloj marcaba las ocho de la noche cuando Eliana terminó de arreglarse frente al espejo. Su vestido negro de seda se ceñía a su figura con una elegancia natural, dejando al descubierto sus hombros con un escote sutil pero sofisticado. La tela se deslizaba hasta el suelo con una abertura en la pierna que le daba un aire de delicada sensualidad. Su cabello estaba recogido en un moño suelto, con algunos mechones enmarcando su rostro, y el maquillaje resaltaba sus ojos con tonos ahumados y labios en un rojo profundo.Suspiró, sintiendo un leve nudo en el estómago. No era solo la importancia de la velada lo que la inquietaba, sino la presencia de José Manuel.Un sonido de bocina la sacó de sus pensamientos. Tomó su bolso y bajó las escaleras con paso firme, encontrándose con Issac esperándola junto a su auto con una sonrisa encantadora.—Estás impresionante —dijo él, recorriéndola con la mirada.Eliana sonrió, pero su expresión tenía un dejo de melancolía.—Gracias.Issac frunció el ceñ
El ambiente en la velada era elegante, con luces tenues y música de fondo que creaba una atmósfera de sofisticación. Las mesas estaban distribuidas estratégicamente, y tanto José Manuel como Eliana sabían que no podían evitarse durante toda la noche.José Manuel se mantenía con el ceño fruncido, sin poder concentrarse en las conversaciones a su alrededor. Cada vez que levantaba la vista, veía a Eliana riendo con Issac, apoyando ligeramente su mano en su brazo o inclinándose hacia él para susurrarle algo. Todo en ella irradiaba una seguridad y una tranquilidad que lo desesperaban.Por otro lado, Eliana trataba de mantener su compostura. Había esperado este momento, había imaginado cómo sería enfrentar de nuevo a José Manuel en un evento como este, pero ahora que estaba ocurriendo, la mezcla de emociones la estaba sobrepasando. Issac lo notó.—¿Quieres salir un momento? —le susurró al oído, inclinándose con confianza.Eliana negó con la cabeza, apretando los labios en una sonrisa forzad
Eliana regresó a su asiento con la cabeza en alto, pero por dentro su sangre hervía. El veneno en las palabras de Samantha todavía le daba vueltas en la cabeza. Sabía que ella no estaba ahí solo para apoyar a José Manuel, sino para marcar territorio.—Bien —intervino el moderador—, reanudemos la negociación.José Manuel la miró de reojo. Notó la tensión en sus gestos, el modo en que su mandíbula estaba apretada y cómo sus dedos tamborileaban sobre la mesa. Algo había pasado durante el receso.—Eliana —dijo con una voz más baja de lo habitual—, ¿todo bien?Ella giró el rostro lentamente hacia él.—No veo por qué te importaría.José Manuel se quedó en silencio un segundo antes de retomar su postura seria.—Solo quiero asegurarme de que estés concentrada. No quiero que después pongas excusas cuando pierdas.Eliana soltó una risa sin humor.—No te preocupes por mí. Solo asegúrate de que puedas manejar una derrota.El moderador aclaró la garganta, impaciente.—¿Podemos seguir?Ambos se enf
El ambiente en la velada estaba cargado de expectativa cuando Alejandro tomó nuevamente el micrófono.—Hemos visto su desempeño en la primera prueba, pero ahora viene algo más desafiante —anunció con una sonrisa calculadora—. Esta segunda prueba será un simulacro estratégico. Recuerden, no hay una única respuesta correcta. Lo importante es cómo enfrentan la crisis y qué tan bien pueden defender su propuesta.Las enormes pantallas del salón se iluminaron, mostrando una situación ficticia: una empresa tecnológica al borde de la quiebra debido a un fallo de seguridad en su sistema. El reto era proponer una solución viable que no solo estabilizara la compañía, sino que también la hiciera crecer en el mercado.Cada equipo tenía cuarenta y cinco minutos para desarrollar su estrategia.José Manuel se inclinó sobre la mesa, con el ceño fruncido.—Nos enfocaremos en lanzar un nuevo software con mayor seguridad, pero sin alarmar a los clientes. Necesitamos un plan de recuperación que evite el p
José Manuel salió del evento con pasos firmes, sintiendo que la sangre aún le hervía en las venas. Samantha iba a su lado, con el rostro marcado por la incomodidad y el fastidio.Cuando llegaron al auto, José Manuel se giró hacia ella antes de que pudiera abrir la puerta.—No vayas a decir nada —le advirtió con voz fría—. Te vas calladita.Samantha lo miró, incrédula.—¿Perdón?—Lo que escuchaste. No tengo ganas de discutir contigo, ni de escucharte quejarte por Eliana.Samantha cruzó los brazos, sintiendo cómo su orgullo se veía pisoteado.—No entiendo por qué estás tan molesto. No es como si ella fuera importante.José Manuel apretó la mandíbula y abrió la puerta del auto sin responder. No quería seguir con esa conversación. No ahora.El trayecto a casa fue tenso y silencioso. Samantha miraba por la ventana, sin decir nada, y José Manuel mantenía los ojos fijos en la carretera, tratando de ignorar la punzada en el pecho cada vez que la imagen de Eliana con Isaac se colaba en su ment
Eliana despertó temprano con la cabeza aún llena de pensamientos inconclusos. La velada de la noche anterior no solo le había traído tensión, sino que también había reabierto heridas que ella creía cerradas.Se levantó con pesadez, tomó una ducha larga y se vistió con un traje elegante. Hoy tenía una reunión importante en la empresa para recibir más detalles sobre la competencia. Pero antes de salir, su celular vibró.Era un mensaje de Isaac.Isaac: Buenos días, hermosa. ¿Lista para seguir derrotando a José Manuel?Eliana sonrió levemente y respondió:Eliana: Más que lista. Nos vemos en la empresa.Apenas llegó a la oficina, notó que el ambiente estaba más cargado de lo habitual. Sus compañeros la miraban con curiosidad, y algunos incluso le lanzaban miradas de admiración.—¡Felicidades, Eliana! —le dijo una de sus compañeras al pasar.—¿Felicidades por qué? —preguntó ella, confundida.—Por la victoria de anoche. Todo el mundo está hablando de cómo dejaste en ridículo a José Manuel.E