El evento estaba por llegar a su fin, y la última actividad prometía ser la más desafiante.—Para cerrar este hermoso día, hemos preparado una competencia familiar —anunció la coordinadora con entusiasmo—. La clave para ganar no es la rapidez ni la fuerza, sino el trabajo en equipo y la generosidad. ¡Así que prepárense!Las familias se reunieron en la línea de salida. Samuel estaba lleno de energía, emocionado por la idea de ganar.—¡Vamos, tenemos que hacerlo bien! —exclamó, mirando a Eliana y José Manuel con una sonrisa radiante.Eliana tragó en seco. No se consideraba competitiva, pero la emoción de Samuel era contagiosa.José Manuel, en cambio, se veía tenso. Claramente no estaba de humor para juegos, pero tampoco podía decepcionar a su hijo.El recorrido estaba lleno de obstáculos. Había un tramo donde debían caminar sobre tablones sin caerse, una zona con sacos de arena que debían cargar en equipo y una prueba final donde debían cruzar una cuerda juntos.La competencia comenzó.
José Manuel se quitó la venda y sus ojos se encontraron con los de Eliana. Por un momento, todo lo demás desapareció.Pero el organizador interrumpió la tensión.—¡Cambio de roles! Ahora Eliana se vendará y José Manuel la guiará.Eliana sintió que su estómago se revolvía. ¿Confiaría en él?—¿Lista? —preguntó José Manuel, su voz baja, casi un susurro.Eliana asintió con un nudo en la garganta.Los primeros pasos fueron lentos. José Manuel la guiaba con precisión, pero en su interior la tormenta no cesaba. Recordaba la primera vez que la tuvo en sus brazos, la primera vez que se sintió amado por ella. ¿Cómo habían llegado a esto? ¿Cómo habían pasado del amor más puro al odio más profundo?Eliana, por su parte, avanzaba con el corazón encogido. Cada palabra de José Manuel, cada indicación, le recordaba al hombre que alguna vez la protegió, el que le prometió que jamás la dejaría sola.Pero él la dejó.La acusó.La condenó sin escucharla.—Da dos pasos al frente —dijo él, y su voz se queb
Cuando José Manuel y Samuel llegaron a casa, el niño entró corriendo con el trofeo en alto, como si fuera el mayor tesoro del mundo.—¡Mira, Samantha! ¡Ganamos! —exclamó con emoción, mostrándole el premio.Samantha, que estaba sentada en el sofá revisando su teléfono, alzó la mirada. Su expresión pasó de curiosidad a puro enojo cuando leyó los nombres grabados en el trofeo: Samuel, José Manuel y Eliana.—¿Qué es esto? —preguntó con voz fría, tomando el trofeo de las manos de Samuel.El niño sonrió sin notar su mal humor.—Es el premio de la competencia. ¡Mira, también nos tomaron una foto! —Señaló la imagen adherida al trofeo donde él, Eliana y José Manuel sonreían juntos, victoriosos.El rostro de Samantha se endureció.—¿Y dónde piensas poner esto?—¡En la sala! Para que todos lo vean —respondió Samuel con seguridad.Samantha apretó los labios.—No creo que sea buena idea. No combina con la decoración.Samuel frunció el ceño.—Pero es un trofeo importante.—Aún así, creo que estaría
Eliana estaba en su oficina cuando su asistente tocó la puerta con urgencia.—Señorita, acaba de llegar esta invitación. Es para un evento exclusivo de negocios.Eliana arqueó una ceja y tomó el sobre elegante. Lo abrió con cautela y leyó la carta. Sus ojos se agrandaron.Era una oportunidad única: una empresa internacional estaba buscando una compañía con la cual asociarse para un proyecto multimillonario. Pero había un detalle que la hizo fruncir el ceño: la selección se haría mediante una competencia entre los mejores empresarios del sector.No sería fácil.—Investiga quiénes son los otros invitados —ordenó a su asistente.—Sí, señorita —respondió ella, saliendo apresurada.Eliana suspiró, tratando de evaluar sus posibilidades. Su empresa había crecido mucho en los últimos años, y esto podría consolidarla como una de las más influyentes.Pero lo que no esperaba era lo que vendría después.---En otra parte de la ciudad, José Manuel estaba en su despacho cuando su secretario entró c
El reloj marcaba las ocho de la noche cuando Eliana terminó de arreglarse frente al espejo. Su vestido negro de seda se ceñía a su figura con una elegancia natural, dejando al descubierto sus hombros con un escote sutil pero sofisticado. La tela se deslizaba hasta el suelo con una abertura en la pierna que le daba un aire de delicada sensualidad. Su cabello estaba recogido en un moño suelto, con algunos mechones enmarcando su rostro, y el maquillaje resaltaba sus ojos con tonos ahumados y labios en un rojo profundo.Suspiró, sintiendo un leve nudo en el estómago. No era solo la importancia de la velada lo que la inquietaba, sino la presencia de José Manuel.Un sonido de bocina la sacó de sus pensamientos. Tomó su bolso y bajó las escaleras con paso firme, encontrándose con Issac esperándola junto a su auto con una sonrisa encantadora.—Estás impresionante —dijo él, recorriéndola con la mirada.Eliana sonrió, pero su expresión tenía un dejo de melancolía.—Gracias.Issac frunció el ceñ
El ambiente en la velada era elegante, con luces tenues y música de fondo que creaba una atmósfera de sofisticación. Las mesas estaban distribuidas estratégicamente, y tanto José Manuel como Eliana sabían que no podían evitarse durante toda la noche.José Manuel se mantenía con el ceño fruncido, sin poder concentrarse en las conversaciones a su alrededor. Cada vez que levantaba la vista, veía a Eliana riendo con Issac, apoyando ligeramente su mano en su brazo o inclinándose hacia él para susurrarle algo. Todo en ella irradiaba una seguridad y una tranquilidad que lo desesperaban.Por otro lado, Eliana trataba de mantener su compostura. Había esperado este momento, había imaginado cómo sería enfrentar de nuevo a José Manuel en un evento como este, pero ahora que estaba ocurriendo, la mezcla de emociones la estaba sobrepasando. Issac lo notó.—¿Quieres salir un momento? —le susurró al oído, inclinándose con confianza.Eliana negó con la cabeza, apretando los labios en una sonrisa forzad
Eliana regresó a su asiento con la cabeza en alto, pero por dentro su sangre hervía. El veneno en las palabras de Samantha todavía le daba vueltas en la cabeza. Sabía que ella no estaba ahí solo para apoyar a José Manuel, sino para marcar territorio.—Bien —intervino el moderador—, reanudemos la negociación.José Manuel la miró de reojo. Notó la tensión en sus gestos, el modo en que su mandíbula estaba apretada y cómo sus dedos tamborileaban sobre la mesa. Algo había pasado durante el receso.—Eliana —dijo con una voz más baja de lo habitual—, ¿todo bien?Ella giró el rostro lentamente hacia él.—No veo por qué te importaría.José Manuel se quedó en silencio un segundo antes de retomar su postura seria.—Solo quiero asegurarme de que estés concentrada. No quiero que después pongas excusas cuando pierdas.Eliana soltó una risa sin humor.—No te preocupes por mí. Solo asegúrate de que puedas manejar una derrota.El moderador aclaró la garganta, impaciente.—¿Podemos seguir?Ambos se enf
El ambiente en la velada estaba cargado de expectativa cuando Alejandro tomó nuevamente el micrófono.—Hemos visto su desempeño en la primera prueba, pero ahora viene algo más desafiante —anunció con una sonrisa calculadora—. Esta segunda prueba será un simulacro estratégico. Recuerden, no hay una única respuesta correcta. Lo importante es cómo enfrentan la crisis y qué tan bien pueden defender su propuesta.Las enormes pantallas del salón se iluminaron, mostrando una situación ficticia: una empresa tecnológica al borde de la quiebra debido a un fallo de seguridad en su sistema. El reto era proponer una solución viable que no solo estabilizara la compañía, sino que también la hiciera crecer en el mercado.Cada equipo tenía cuarenta y cinco minutos para desarrollar su estrategia.José Manuel se inclinó sobre la mesa, con el ceño fruncido.—Nos enfocaremos en lanzar un nuevo software con mayor seguridad, pero sin alarmar a los clientes. Necesitamos un plan de recuperación que evite el p