Capítulo 19: Negación y dolor

La tormenta rugía afuera, pero dentro de aquella casa, el verdadero huracán se desataba entre dos almas destrozadas. Eliana tenía el corazón en la garganta mientras miraba a José Manuel frente a ella. Su presencia lo llenaba todo, y su mirada… Dios, su mirada estaba cargada de un odio que la desgarraba por dentro.

—Dímelo, Eliana. —Su voz era un filo de acero que cortó el aire—. ¿El hijo que perdiste era de tu amante?

Eliana sintió que el alma se le desplomaba dentro del cuerpo. Se tambaleó levemente, como si sus piernas perdieran fuerza, como si su corazón dejara de latir por un instante.

—¿Q-qué? —balbuceó, incapaz de comprender lo que acababa de escuchar.

José Manuel la miraba con un desprecio gélido. Cada palabra que salía de sus labios estaba llena de veneno.

—Escuchaste bien —insistió, su voz teñida de furia contenida—. Quiero que me digas de quién era ese bebé.

Eliana llevó una mano a su pecho, como si pudiera contener el dolor que se expandía por su ser.

—¿Por qué me preguntas
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