Capítulo 9
Damián leyó y releyó cada palabra de aquel papel incontables veces hasta que le ardieron los ojos. De repente, comprendió el dolor y las lágrimas de Aitana, entendió por qué aquella noche en el estacionamiento le había gritado histéricamente: "Damián, ¿por qué ni siquiera me das cinco minutos? Damián, ¿sigues siendo el mismo de antes?"

¡Su Aitana no podía tener hijos! Aunque no la amaba, ella era importante para él. Lo había acompañado durante cuatro años, a través de sus momentos más oscuros, hasta alcanzar la cima del poder. Cuando se casaron, habían planeado tener dos hijos - Mateo y Lucía, nombres que simbolizaban la luz y la serenidad que soñaban para su futuro juntos...

Damián se sentó lentamente en la cama, su rostro habitualmente gallardo mostrando un aire de decadencia. Sacó un cigarrillo del bolsillo y lo encendió, aspirando profundamente. Sus mejillas hundidas le daban un peculiar atractivo masculino.

Desde la puerta, la sirvienta informó tímidamente:

—Milena está aquí.

Dami
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