Capítulo 17
Su esposa vestía diferente a como solía hacerlo, había dejado atrás los rígidos trajes sastre y ahora lucía elegante, como si se hubiera arreglado cuidadosamente para una cita.

Damián se sintió incómodo y sacó su teléfono para llamar a Aitana.

Apenas contestó, él preguntó con frialdad:

—¿Dónde estás?

Después de una pausa, Aitana respondió:

—¿Acaso tengo que informarte de cada lugar al que voy? Damián, nos vamos a divorciar.

—Esa es solo tu decisión unilateral —replicó Damián.

Aitana soltó una risa amarga:

—¿Ah, sí?

No quería seguir discutiendo con él y, conteniendo sus emociones, dijo con toda la suavidad posible:

—¡Ya no te sirvo para nada! ¿No podemos separarnos en buenos términos? Damián, la verdad es que ya no puedo...

—¡Aitana!

Damián la interrumpió.

Su voz sonaba apresurada y ansiosa, no quería que ella pronunciara esa palabra.

Dos niños, uno llamado Mateo y otra Lucía.

Ese había sido su sueño compartido.

Sin hijos, parecía que ya no quedaba ningún motivo para que Damián y Aitana
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