Capítulo 10
En los ojos de Damián se reflejaba un deseo evidente. Aitana estaba molesta y no quería verlo, dejando que los abogados se encargaran de su divorcio.

Intentó cerrar la puerta, pero Damián fue más rápido. Con un movimiento, impidió que se cerrara y entró sin dificultad...

Apenas la puerta se cerró, Aitana ya estaba entre sus brazos.

Damián la rodeó por su delgada cintura, apretándola contra sí con frenesí. La besó casi con locura, y Aitana no podía zafarse. Así, entre empujones y tropiezos, llegaron hasta el sofá.

El sofá suave le daba una clara ventaja al hombre —

¡Damián nunca había sido así!

La luz brillante y la voz sensual de la mujer parecían incapaces de devolverle la cordura. Hasta que un sutil lunar carmesí captó su mirada, y entonces se calmó un poco.

Conteniendo su pesada respiración, con sus labios ardientes cerca de la oreja de Aitana, murmuró con una voz ronca que no parecía la suya: — ¿Me quieres?

El cuerpo de Aitana se tensó —ella lo quería.

Desde los veinte años lo que
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