Capítulo 98
Dos horas después, Damián regresó a Palmas Doradas.

A mediodía comenzó a llover. El lugar de la explosión era un completo caos.

Más de cien rescatistas trabajaban sin descanso, junto con diez perros de búsqueda, pero el fuerte olor del lugar afectaba el olfato de los canes.

Apenas bajó del coche, Damián vio a Lucas con las manos esposadas, siendo custodiado, con la mirada perdida.

—¡Lucas, maldito!

Damián le propinó un puñetazo con toda su fuerza.

La sangre brotó inmediatamente de la nariz y boca de Lucas, pero no se defendió. Retrocedió un paso y siguió mirando fijamente en dirección al almacén abandonado.

El tiempo era valioso, Damián no podía perderlo ajustando cuentas.

Se adentró en el lodo y coordinó personalmente el rescate con el jefe de la brigada. Añadió 80 rescatistas más a los ya presentes y trajo detectores profesionales de signos vitales.

La lluvia arreciaba. Damián, sin impermeable, estaba cubierto de lodo.

Excavaba con sus propias manos entre los muros derruidos, ayudaba
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