Darryl

— ¡Detente! — Las súplicas de James no se detenían, aunque sabía que en cualquier momento se transformaría en licántropo.

La niebla de la noche se mezclaba con la huma de la gigante fogata que Darryl estaba haciendo con James en ella, era como un asado de fin de semana para él, pero precisamente un sacrificio con el intruso que se metió al santuario a quien sabe qué.

— Al menos si vas a sacrificarme... Explícame quien eres, porque lo haces y porque estás aquí. — James fingía que era su último deseo antes de aceptar ser sacrificado.

Darryl aceptó, le contaría lo que estaba pasando solo por el simple hecho de respetar su última voluntad para morir en paz… Al fin y al cabo, era un simple mortal que moriría calcinado por el fuego.

— Presta atención… Porque te queda muy poco tiempo antes

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