Ismael la miró inexpresivamente mientras trataba de entender cómo había sucedido algo así. Miró de nuevo la lámina plástica en su mano mientras intentaba procesar la información que ella le daba. Se acercó a su esposa, que no dejaba de llorar y se había dejado caer en un sillón. Se inclinó hasta estar a la altura de su rostro y colocó la prueba entre los dos.
—Sofía, explícame esto —agitó la lámina frenéticamente—. ¿Sabes muy bien que, por el tiro que me dieron, no puede ser mío? ¡Maldición, Sofía, habla ahora antes de que me vuelva loco!—¡Te digo que no sé, no sé cómo pasó! No me he separado de ti un solo día —insistió ella, tan confundida como el propio Ismael.—¿Desde cuándo lo sabes? —preguntó deSofía se había criado en una familia disfuncional y se había jurado que jamás traería hijos al mundo a pasar trabajo. Al encontrarse con Ismael, era como verse a sí misma: no quería hijos y también le gustaba viajar mucho, hacer locuras, quedarse donde quisiera sin preocupaciones. Y para su felicidad, él había perdido sus pelotas, por lo que no podía embarazarla ni de casualidad, y eran felices así.Habían sido de gran apoyo para Marlon y Marcia, que se dedicaron a viajar como ellos también, divirtiéndose sin preocupación. En cuanto al heredero, le tocaba a Ariel, que no tenía ningún problema para garantizar eso. Y ahora resulta que no es estéril y no se cuidó nunca; la dejó embarazada. Salió despacio, mirando a Sofía con miedo. El doctor le había explicado todo claramente.—Perdóname, Sofi. No
Camelia, al fin, se desprende de los brazos de todos, sintiendo por primera vez en su vida que la aman sinceramente unos padres. No puede reprimir las lágrimas de emoción que ruedan por sus mejillas. Camilo saca su pañuelo y, como si fuera una niña pequeña, se las limpia. Ella lo mira sorprendida y, sin saber cómo, le dice:—Gracias, papá.Hasta ella misma se asombra de haberlo dicho y se ruboriza apenada; le ha salido tan natural, sin pensar, que ahora no sabe cómo reaccionar.—Perdón, yo… yo… —balbucea, apenada.Los brazos fuertes de Camilo la estrechan emocionados al escucharla decirlo. Le da un beso en la frente al separarla para mirarla de frente.—¡Oh, hija! Muchas gracias por decirme papá, por reconocerme —habla muy emocionado—. No te sientas cohibida, me lo dirás con orgullo a partir de ahora. Aunque ya eres
Oliver ahora lo comprende. Cierra la puerta al tiempo que le informa que pondrá hombres de seguridad. Luego, pasa a informarle que habían atrapado a Mailen y que estaba presa. María Graciela abre los ojos sorprendida y pregunta si a sus hombres también los habían atrapado. Estaba convencida de que los que lo habían llevado a ver a los niños eran ellos, y de seguro los siguieron al hospital.Él se queda observándola; con la conmoción de encontrar a los niños y de llevarlos al hospital, no se había detenido a pensar en eso. Ella tiene razón. Saca su teléfono para avisar a la seguridad y a Marlon, pero antes de utilizarlo, ella lo detiene tirando suavemente de su brazo.—Oliver, sé que es un gran atrevimiento de mi parte y que a su esposa a lo mejor le molesta. Pero realmente estoy en gran peligro y no quiero quedarme aquí sola. ¿Por favor,
Marlon la abraza de nuevo con mucho amor. Sin soltarla, le explica cómo se sintió cuando María Graciela comenzó a contarle todo. Él es un hombre pragmático, que se basa en los hechos antes de aceptar creer en algo. No podía arriesgarse a llenarla de ilusiones sin comprobar las cosas primero.—¡Deja de dudar, son nuestros! No te lo dije enseguida porque no podía creer en la historia de una extraña así, de la nada. Era algo salido de una película de terror. ¿Entiendes? —y se alejan de la cama—. No sabes cómo me sentí cuando ella dijo que tenía a mis hijos. ¡Hijos! En plural. ¿Te imaginas? Después de haber pasado por el calvario que pasamos, era demasiado, Marcia. Sé lo impresionable que eres; quería estar seguro de que todo no era una burda mentira que te hiciera ilusionarte y sufrir.—Después, cuando
Camelia, que ha escuchado toda la historia de su madre Lirio, la vuelve a abrazar, sintiendo que todo es cierto. No sabe cómo explicarlo, pero siente una conexión inefable con ella. Todo tiene que ser verdad, se dice.—Eso ya no tiene importancia, mamá, te engañaron, no fue tu culpa —le dice, arreglando con cariño la almohada detrás de ella—. Ahora ponte bien; en cuanto abuela salga del hospital, si me permites, iremos a pasar una temporada allá contigo. ¿Puedo llevar a mi abuela, verdad?—Sí, sí, hija, claro que sí —acepta Lirio con una gran sonrisa—. Ella, por lo que me cuentas, fue la única que te defendió. Camilo también me contó que cuando quiso interrumpir tu boda, ella lo insultó.Camelia la observa muy seria al escuchar aquello. No entiende por qué quiso hacer algo así y le pregunta el motivo. Lirio l
Mailen camina de un lugar a otro en la celda que le han asignado junto a Manuel, esta vez. Él la observa tirado sobre la pequeña cama que hay en una esquina, al lado opuesto del baño. El lugar está sucio y maloliente. Ella comienza a quitarse la ropa hasta quedar completamente desnuda.—¿Qué crees que haces, loca? —le grita Manuel.—¡Ja, ja, ja…! ¿No lo ves? ¡Me quito la suciedad! ¡No la soporto, yo soy bella… bella…! ¡La más bella de todas las mujeres! ¡Mírenme… mírenme…!Mientras grita, gira sobre sí misma en el centro de la celda. Los dos guardias, uno más viejo y otro más joven, la observan por un momento, luego salen y cierran la puerta, dejando solo una pequeña bombilla que apenas ilumina el lugar.—¡No seas loca y vístete! ¡Soy un hombre! &md
Mailen trata de resistirse lo más que puede, pero algo en la mirada y actitud de Manuel le advierte que se ha metido con el hombre equivocado. Aún así, sigue amenazando con acabar con su vida si la toca.—Tú no acabarás con nadie… Me vas a rogar que te haga mía cuando termine contigo —dice Manuel con una seguridad que la estremece—. Lo harás.—¡Suéltame…, suéltame…! ¡Maldito enfermo…! —Manuel no la suelta y el miedo se apodera de ella, comenzando a llamar—. ¡Guardias…, guardias…, me quiere violar…! ¡Me quiere violar…! ¡Suéltame, bastardo, yo no soy la tonta de Camelia! ¡Soy la mujer más poderosa que vas a conocer en tu asquerosa vida!Otra bofetada la hace retorcerse, tratando de liberarse del agarre del hombre, que ahora parece engrandecido, con todos lo
Los guardias del senador Hidalgo observan todo lo que sucede entre ellos desde las pantallas de las cámaras de seguridad, pero no los interrumpen. Siguen grabándolos sin que ellos lo sepan.—¿Estás seguro de que el jefe dijo que no intervengamos en lo que pase entre ellos, Leoncio? —preguntó el más joven.—Sí, quiere que se castiguen un tiempo ellos mismos antes de entregarlos a la policía, si es que lo hace —contestó el llamado Leoncio.—¿Será verdad lo que dijo Manuel, que es un asesino? —siguió preguntando el joven, sin dejar de observar la escena—. Hasta ahora no hemos encontrado nada, aparte del acoso a la hija pequeña del jefe y trabajos sucios, nada que indique eso.—Le informaremos al jefe para que mande averiguar las tumbas vacías detrás de la caseta del custodio en el cementerio que acaba de mencionar.