Motivo

—No llores, por favor —me separé de ella, para besar sus ojos y secar con mis labios sus lágrimas—. No me gusta verte así.

Se mantuvo en silencio, dejándose hacer mientras me miraba con cierta curiosidad. Cuando al fin una sonrisa apareció en sus dulces y adictivos labios, me acerqué a ellos para degustarlos a mi antojo. Sus besos me transportan a un lugar donde solo existimos los dos y no hay ninguna diferencia que salga a relucir.

Al principio el beso empezó lento, poco ansioso y hasta torpe, pero con los segundos y el calor de nuestros labios y la humedad de ellos al rozarse, se transformó en uno apasionado.

Podía sentir de nuevo como los deseos crecían en mi interior y me empujaban a tomar más de ella. Por ello descendí mis labios por su barbilla en dirección a su cuello, deleitándome con su aroma y su sabor. En mi paladar podía detectar el sabor amargo de la sangre de lo que previamente había cenado, pero no me era desagradable en lo absoluto. Todo lo contrario, me resultaba fasc
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