—¿Puedo pilotar de regreso? —pidió Génesis al verlo concentrado en lo que había bajo sus pies.—¿No estabas enojada?—No me cambies el tema. —observó su intención de aterrizar. —Tengo casi dos meses sin pilotar uno.—El tiempo que llevo soportándote. Curioso. —alegó él sin mirarla.—Justamente el día que por desgracia te conocí, tuve que pilotar uno desde Berlín. —comentó. —Fue un vuelo largo y me dio hambre, así que después de trabajar durante veinte minutos, salimos a comer con… En fin, ese día fue el último en que toqué una de estas maravillas.—No es un auto. —le recordó.—Lo sé. Pero para mí son lo que los autos son para los pilotos de carreras. Simple. —contestó sin dejar de mirarlo. —Entonces, ¿sí puedo?—¿Cuándo has necesitado permiso para hacer algo? —cuestionó él al estar en la plataforma del helipuerto.—Cierto. —miró la azotea del edificio donde habían aterrizado. —¿Dónde estamos?—En uno de mis hoteles. Solo camina.—¿Seguro que es aquí? —mencionó Génesis al descender del
Anthony atrapó a Génesis contra la pared, su aliento agitado mezclándose con el de ella. Los ojos oscuros del mafioso ardían con una intensidad peligrosa mientras sus labios recorrían su mandíbula y su cuello. Génesis apenas podía pensar, su mente nublada por la pasión y el riesgo. Sabía que esto era peligroso, que su relación falsa tenía límites, pero en ese momento, solo quedaba el fuego de su deseo y la promesa de algo incontrolable.La fuerza de uno compensaba el descontrol del otro. No había forma de pensar coherente para Génesis cuando las manos del mafioso ahuecaban sus mejillas, tomando su boca con verdadera devoción. Una mano se deslizó por sus caderas hasta hacerla enredar sus piernas alrededor suyo, continuando el beso nada delicado que la hizo suspirar cuando este se separó de su boca y pegó sus labios a la piel sensible de su cuello. La presión que estaba presionada contra su entrepierna la cegó por completo. Ese cosquilleo en su centro amenazó con descontrolarse y par
Génesis jamás pensó que amanecer entre los besos avorazados de un hombre tan prepotente sería tan genial. Pero lo era, estaba siendo puesta a prueba su resistencia tal vez, pero no pudo querer que todo continuara como hasta el momento. Ella de espaldas hacia el hombre que se enterraba con más fuerza cada vez, mientras su brazo rodeaba su cintura evitando que se alejara. Su cara se presionó contra las sábanas, segundos antes que Anthony las volviera una soga que enredó en su cuello y cerró de tal forma que no pudo respirar más. La hipoxifilia jamás llamó su atención, pero este ni siquiera le pidió permiso, tan solo le mostró cómo podía intensificar el placer al perder la capacidad de respirar normalmente. Su centro palpitó incluso más violento de lo que imaginó, obsequiando más placer al hombre que disfrutó de sus pulsaciones, sin poder evitarlo se corrió como nunca. Su cuerpo se tensó hasta el último centímetro mientras ella gemía su nombre en suplicas de no detenerse.Salió de s
El helicóptero dejó oír el zumbido de sus aspas mientras quién lo pilotaba comenzaba a descender. El helipuerto en una de las compañías de Anthony fue el lugar que los recibió. Barry se apresuró a abrir la puerta para la mujer que salió de la aeronave. Su risa radiante y el cabello que ondeaba sin preocupación con el viento de las aspas en movimiento llamaron la atención. Aunque Anthony sabía que el buen humor de Génesis regresaba al volante, no iba a reconocer que era por otra cosa. Él bajó después de ella, observando a la mujer de lentes oscuros de reojo. —Ya arreglé el vuelo de regreso. La pista está lista y en Manhattan ya lo esperan —informó el consejero—. El señor Mateo dijo que usted ya sabía que regresaba esta mañana para intentar obtener comunicación con su hermano. —¿Qué se ha sabido de Izan? Barry observó a Génesis, quien caminaba al frente de los dos. Anthony dio a entender que ella no era un problema, así que el consejero deslizó los dedos por la MacBook mientr
El apartamento de Génesis se alzaba en lo alto de un rascacielos en el corazón de Manhattan, con las ventanas de cristal que ofrecían una vista panorámica de la ciudad, sus luces parpadeando como estrellas urbanas. El olor a sándalo fue lo primero que percibió cuando entró a la habitación con suelo de mármol blanco que estaba salpicado con alfombras persas, y las paredes adornadas con pinturas de artistas desconocidos. Un silencio inquietante absorbía el sitio y con cada paso silencioso que dio, sintió que se equivocó de lugar porque no recordaba que hubiera ese aroma cuando se marchó. Sin embargo ahí se encontraba el aroma rondando por todo el lugar. Avanzó despacio, con cautela y a la defensiva. Si fueran sus hermanos le hubiesen dicho cuando habló con ellos por medio del teléfono. Abrió la puerta del dormitorio hallando un bote de cristal en una de las mesas con incienso de sándalo quemándose. A su lado un papel doblado. Empujó la puerta del baño del mismo modo y se asegur
—Solo quiero tu ubicación exacta. —dijo Anthony hacia su primo. —Necesitamos tenerte localizado por si llega a suceder algo. —Creo que ya no será tan necesario. —dijo Izan. —Estoy dentro.Anthony se retiró de la silla en donde se encontraba cuando escuchó a su primo hablando. —Prácticamente eres el primero en saberlo. —escuchó ruido de fondo. –Debo irme.No contestó nada dejando que cortara la comunicación, pues la localización era fácil ahora. Podían prácticamente tenerla con solo ubicar a su objetivo. Puso al tanto a Mateo. Vladimir estuvo de acuerdo con que aún debían tener sus precauciones con él, pues al ser solo su entrada, podría tener problemas. —Pasando al tema del evento sigo diciendo que la mejor opción es que solo la mitad esté dentro. —exclamó Valdimir a un lado Mateo. —Eso de tenernos a todos en un mismo lugar no me da buena espina. —Por eso solo lo haremos mi padre, Marcelo y yo. —contestó Anthony mirando unos planos sobre la mesa. —El resto estará estratégicament
Flashes. Cámaras. Celebridades por doquier. Un extenso grupo de seguridad se dispersó por el sitio entero cuando Anthony descendió del vehículo modificado. Su rostro fue bañado con los destellos de luz, como si capturar su imagen fuera una de las grandes misiones de cada periodista presente.Les dio lo que querían durante solo cinco segundos, el tiempo que tardó en cerrar la puerta y rodear el vehículo para abrir la puerta del copiloto, ayudando a Génesis cuando ella puso los pies en la alfombra.Todo el mundo se volvió loco con la pareja del momento presentándose en ese lugar.—Creí que no eras de los que les gusta darle atención a los medios —dijo Génesis mientras él rodeaba su cintura.—Somos el cebo —respondió Anthony con la mandíbula endurecida—. ¿Jugamos a eso?—¿Me trajiste para ser el cebo de qué cosa? —le acarició la barbilla con una sonrisa dulce, como si estuvieran jurándose amor en lugar de reprocharse algo.—¿Qué clase de Crown sería si no pensara que estoy siendo vigilad
—Mataron a mi papá, Anthony. —murmuró Brisa entre lágrimas que no tenía la capacidad de retener. —Lo mataron. Este no supo qué decir, pues había sido de los primeros en ver el cuerpo del gobernador y la saña con la que lo asesinaron le daba más que la nota o el anillo que no alcanzaron a recuperar. Al estar el Mayor Romano presente y llegar prácticamente antes que ellos, supieron que no podían acercarse para tomar lo que pertenecía a los Crown. —Si quieres quedarte con ella…—negó ante la sugerencia de Génesis. —No lo digo en mal sentido. —No importa eso, Florence. Solo necesito algo más de aquí, por eso no nos hemos marchado. —explicó besando su mejilla en automático. —Es tu…amiga, creo. Ella necesita consuelo. —expuso al verla no poder controlar el llanto. —Solo hay alguien que puede hacerlo. —dijo mirando al hombre robusto y de cabello cobrizo que entró de nuevo a la sala. Génesis se fijó en él como el hombre que gritaba en la pelea Anthony que presenció en las cloacas. Este f