Berlín, Alemania ViktorLa tenue luz de la lámpara sobre el escritorio apenas ilumina la habitación, pero no necesito más. Estoy sentado frente a mi portátil, con el teléfono pegado a la oreja y la mandíbula tan tensa que siento que se me va a partir.—¿Y bien? —gruño.—Nada aún, jefe, —responde Boris desde el otro lado de la línea. Su tono es cauteloso, como si temiera que le escupa fuego en cualquier momento—. Estamos revisando las cámaras de seguridad y…—No quiero excusas, —le corto, apretando el teléfono con tanta fuerza que mis nudillos se vuelven blancos—. Quiero resultados. Si alguien logró entrar a esta casa sin que ninguno de ustedes se diera cuenta, es porque no están haciendo bien su maldito trabajo.El silencio incómodo que se forma después solo aviva mi furia.—Quiero que busquen en cada rincón de la ciudad. Hablen con sus contactos, sobornen a quien sea necesario, pero tráiganme el nombre del imbécil que intentó entrar aquí esta noche.—Sí, jefe. No se preocupe.—Eso n
Berlín, AlemaniaEmiliaEl calor se siente tan sofocante. Es lo primero que siento al abrir los ojos. Mi cuerpo está envuelto en una especie de burbuja cálida que me resulta demasiado intensa. Algo pesado está sobre mi cintura, ejerciendo presión justo debajo de mis costillas. Me retuerzo un poco, intentando escapar de esa incomodidad, pero algo firme me mantiene en mi lugar.Mi mente tarda unos segundos en procesar dónde estoy. Esta no es mi habitación. Las cortinas gruesas bloquean la luz del sol, pero aun así reconozco el espacio: el amplio sillón de cuero cerca de la pared, el escritorio abarrotado de papeles, la chaqueta negra de Viktor colgando del perchero…Estoy en la habitación de Viktor.El recuerdo de la noche anterior me golpea de golpe: el ataque, el miedo paralizante, mi desesperación por encontrar un lugar seguro… por encontrarlo a él. Mis ojos se abren más cuando me doy cuenta de lo que es ese peso sobre mi cuerpo. Es Viktor.Está justo detrás de mí, su cuerpo firme y
Berlín, AlemaniaViktorEl rugido del motor se apaga cuando llego al almacén, pero la ira dentro de mí sigue rugiendo, más feroz que nunca. Bajo del auto y avanzo con pasos firmes, sintiendo el frío acero de mi pistola bien asegurado bajo la chaqueta. Mis hombres están formados en la entrada, tensos y atentos. No les digo nada. Mi expresión es suficiente para que se aparten y me dejen pasar.El aire dentro del almacén es denso, cargado con el aroma metálico de la sangre. El silencio es solo interrumpido por la respiración agitada del hombre atado a la silla en el centro de la habitación. Está en mal estado: el labio partido, un ojo hinchado y sangre seca manchándole la camisa. Pero no me importa porque él se lo buscó.Cuando se da cuenta de que estoy ahí, levanta la cabeza con dificultad. Su mirada es desafiante, pero yo puedo ver el miedo detrás de esos ojos inyectados en sangre.—¿Ya estás listo para hablar? —pregunto conmi voz tan fría como el metal del arma que llevo encima.El ho
Berlín, AlemaniaEmiliaEl reloj marca las dos de la mañana y sigo sin poder dormir. Doy vueltas en la cama una y otra vez, pero mi mente no deja de regresar al mismo punto: el beso. El beso que Viktor y yo compartimos.La calidez de sus labios, la forma en que sus dedos se aferraron a mi rostro, como si temiera que me desvaneciera entre sus manos. Y lo peor de todo… la forma en que le correspondí.Me muerdo el labio, sintiendo una oleada de vergüenza. ¿En qué estaba pensando?Pero, por mucho que intente avergonzarme, no puedo negar la verdad. Lo quiero. Lo deseo de una forma que no tiene sentido, que no debería tener. Es peligroso, impredecible y cruel… pero, aun así, hay algo en él que me atrae como una polilla a la llama.Me incorporo en la cama y me paso una mano por el rostro. «No puedes ir a su habitación», me digo. No hagas esto. Sin embargo, me acuerdo del modo en que me miró después del beso, como si estuviera tan perdido como yo. Como si él también se estuviera ahogando en e
Berlín, AlemaniaEmiliaEl primer rayo de sol se cuela entre las cortinas, iluminando la habitación en penumbras. Mis ojos se abren con lentitud, y durante unos segundos, no recuerdo dónde estoy. Lo primero que noto es el sonido acompasado de una respiración tranquila y el calor de un brazo pesado sobre mi cintura.Viktor.La realidad me golpea como un baldazo de agua fría. Me quedé dormida con él. No se salió de la cama en medio de la madrugada. Contengo la respiración y giro con cuidado para mirarlo. Viktor duerme profundamente, su expresión relajada, casi pacífica. Sin el ceño fruncido y la dureza habitual en sus facciones, parece otra persona. Una persona que me hace sentir segura en lugar de asustada.¿Y si se despierta molesto por esto?La ansiedad me retuerce el estómago, y sin pensarlo más, levanto con delicadeza su brazo y me deslizo fuera de la cama. Salgo de la habitación sin hacer ruido, cerrando la puerta tras de mí. Mientras regreso a mi cuarto, no puedo dejar de pensar
Berlín, AlemaniaViktorEl eco de mis propios pasos resuena por el largo pasillo del sótano. Frío, oscuro y húmedo, este lugar siempre ha sido el rincón perfecto para recordarle a la gente quién soy en realidad.El soldado está ahí, atado a una silla metálica en el centro del cuarto. Sus muñecas están sujetas con firmeza gracias a las bridas plásticas, y sus tobillos encadenados a las patas de la silla. Lo tengo donde quiero. El hombre respira con dificultad. Puedo ver el sudor resbalando por su frente y el temblor en sus manos. Lo sabe… sabe que está jodido.—Por favor, jefe… —su voz se quiebra—. Fue un error… solo un malentendido.Camino con lentitud a su alrededor, las botas golpeando el suelo de cemento con un ritmo firme.—¿Un malentendido? —repito con una risa seca—. ¿Crees que faltarme al respeto y acosar a alguien bajo mi techo fue un simple malentendido?—Yo… no sabía que ella era…Me detengo detrás de él, acercándome tanto que puedo sentir el hedor de su miedo.—¿Que no sab
Berlín, AlemaniaEmiliaEstoy en mi habitación, sentada sobre la cama con las rodillas recogidas contra el pecho. Mis pensamientos no dejan de girar en torno a él. Al beso. A la sensación de sus labios devorando los míos como si no pudiera detenerse. A la forma en que su brazo me envolvió anoche, fuerte y seguro, como si quisiera protegerme incluso en sus sueños.Mis dedos se deslizan por mis labios, como si pudieran recrear el calor de su boca. ¿Qué estamos haciendo? La puerta se abre de golpe, interrumpiendo mis pensamientos.—¡¿Emilia?! —La voz aguda de Helena retumba en la habitación antes de que ella misma entre dando saltos y riendo como una niña. Sus rizos oscuros rebotan mientras me señala con un dedo acusador—. ¡¿Qué demonios hiciste?!La miro sin entender. —¿De qué hablas?—¡¿De qué hablo?! —chilla, cerrando la puerta detrás de ella—. ¡Se ha corrido la voz de que Viktor Albrecht está tratando a su sirvienta como si fuera una maldita reina!Mi estómago da un vuelco.—Eso no e
Berlín, AlemaniaViktorLa habitación está en penumbras, solo iluminada por la débil luz que se filtra desde el pasillo. Estoy acostado en mi cama, con los ojos fijos en el techo, contando las grietas que apenas se distinguen en la superficie. Cierro los ojos. Respiro profundo. Intento concentrarme en cualquier cosa que no sea ella.No funciona.He intentado dormir. He dado vueltas en la cama durante horas, pero no logro aquietar mi mente. Cada vez que cierro los ojos, la imagen de Emilia aparece: su expresión tranquila cuando duerme, el leve movimiento de su pecho al respirar, la forma en que su cabello se enreda sobre la almohada.—Mierda… —murmuro, pasando una mano por mi rostro.Me levanto, cansado de pelear conmigo mismo, y camino hasta mi escritorio. Tal vez trabajar me distraiga. Abro mi computadora portátil y reviso algunos informes, pero las palabras se mezclan frente a mis ojos. Mi mente sigue en otro lado. Con ella.Apoyo los codos en el escritorio y me paso ambas manos por