El amanecer los sorprendió abrazados. Blake no pudo evitar sonreír al ver a Maddie durmiendo plácidamente sobre su pecho.Ella, como si percibiera la poderosa mirada de su esposo sobre ella, comenzó a moverse despacio entre sus brazos.— Buenos días, mi amor—le susurró él con voz ronca, dándole un beso en la frente—. Espero que hayas dormido bien.Ella elevó su cabeza y le dio un suave beso en los labios.— Siempre dormiré bien, mientras estés mi lado. Prometelo, Blake. Prometeme, que nunca más nos vamos a separar. No importa lo que suceda, no permitas que nada ni nadie nos vuelva a separar. Ni siquiera yo, ni mis estupideces.Blake le sonrió mirándola con ternura.— Gatita... luchar contra ti es lo último que quiero. Eres demasiado testaruda y sabes herir el orgullo de cualquiera cuando te lo propones —le dijo, entre suspiros—. Creeme, no quisiera ser tu enemigo... ¡eres una chica de armas tomar!Ella se movió entre los brazos del hombre, poniéndose encima de él.— No sé porque te di
Don Vitale había pasado prácticamente, la noche en vela. La fachada de hombre duro y estratega había sido difícil de mantener a la hora de enfrentar a solas a su hermana quien permanecía inconmovible. Lo había tratado con tanta frialdad y desapego que no tenía manera de llegar hasta ella y mucho menos, manipularla.La noche anterior, durante la cena Gianna lo había ignorado por completo no así a su cuñada Claudia quien, ante la sorpresa de saberla con vida lloró de alegría. Estaba tan feliz que ordenó una magnífica cena en su honor y dispuso la mejor habitación de la residencia para ella.La mujer en su corazón sintió que de alguna manera había un poco de justicia para ella. Aunque durante años había guardado silencio, sentía un profundo resentimiento hacia su esposo por la muerte de su hijo.El inesperado y sorpresivo regreso de su cuñada, era un regalo que jamás esperó. Por fin todas las verdades que ella se había visto obligada a callar estaban siendo develadas.Mientras las mujere
Gianna sintió cómo el suelo se le desmoronaba bajo los pies. Su hijo estaba allí. No estaba preparada para enfrentarlo, no así, no de esa manera. Su corazón comenzó a latir con violencia mientras trataba de procesar las palabras de su cuñada.—No... no puede ser —susurró, sintiendo que la habitación daba vueltas a su alrededor.Claudia le sujetó las manos con fuerza, tratando de transmitirle calma, aunque su propio cuerpo temblaba.—Sí, Gianna. Está con Carlo en su despacho. Exigió verlo de inmediato. No sé qué está pasando, pero Santino ha venido con una determinación aterradora. Tienes que hacer algo —la miró de manera inquisitiva —, o ¿aun no estás lista para verlo?La mente de Gianna se llenó de posibilidades. ¿Por qué había venido Santino? ¿Qué era lo tan urgente que tenía que hablar con Carlo? ¿Estaba aquí para enfrentarse a Carlo o, peor aún, para unirse a él, en agradecimiento por salvarlo? El miedo se enredó en su pecho. No podía permitir que su hijo quedara atrapado en la re
Aunque pareciera que la artífice de las desgracias de los Townsend parecía haber sido tragada por la tierra, ella permanecía agazapada en la oscuridad, ocupándose de seguir cada paso que Blake y Maddie daban.El aire del cuarto era espeso, cargado del olor a tabaco y alcohol barato. La luz tenue apenas iluminaba las paredes cubiertas de humedad, donde el papel tapiz se despegaba en jirones como piel muerta. En el suelo, un cenicero desbordado y botellas vacías daban testimonio de noches sin sueño. Las sombras angulosas de Ava y Vinnie danzaban con el parpadeo de una vela agonizante, espectros atrapados en su propia miseria.Como buena estratega y astuta manipuladora ella ya estaba trazando su próximo plan, puede que lo primero le hubiera salido mal, pero eso, no la iba a detener.— Al menos, me deshice de esa loca del demonio —dijo, esbozando una sonrisa mientras soltaba el humo del cigarrillo que fumaba—. No sé quien es el tipo que me hizo ese favor, pero se lo agradeceré toda mi vid
Mientras tanto en la residencia de Don Vitale...Carlo observó la escena con un aire de satisfacción. Había esperado ese momento. Sabía que el reencuentro sería un arma de doble filo, pero él estaba listo para aprovechar cualquier debilidad para sacar provecho.—Bueno, bueno… qué conmovedor —dijo con falsa dulzura—. La madre y el hijo reunidos después de tantos años. Aunque, claro… hay muchas cosas que aún no saben el uno del otro, ¿verdad?... Quizás necesiten hablar a solas...Gianna sintió la amenaza oculta en sus palabras, y se giró para enfrentarlo.—Claro que debo hablar con mi hijo, Carlo. Descuida, nada tiene que ver contigo. Si no te molesta, iremos al jardín —espetó con dureza.Carlo se encogió de hombros con una sonrisa maliciosa.—¿Por qué debería tener cuidado? Gianna, querida… tú y yo sabemos que nada tengo que ver con tu desaparición, así que no comprendo lo que quieres decir.Blake, aún con la mirada fija en su madre, finalmente habló. Su voz era un eco de dolor y rabia
Gianna sintió como si el peso del mundo se deslizara de sus hombros cuando escuchó esas palabras. Un destello de esperanza se encendió en su corazón, pero también el temor de que, incluso con la oportunidad de hablar, no podría sanar las heridas que había causado. Sin embargo, tenía que intentarlo, tenía que darle a Blake la verdad, la única verdad que él merecía conocer.Tomó aire profundamente y comenzó a hablar, sus palabras llenas de dolor y de una sinceridad que hacía tiempo que no había expresado.—Blake, todo comenzó mucho antes de lo que imaginas… Cuando te dejé, no fue por decisión propia. Había fuerzas mucho más grandes, peligrosas, que no podía controlar. No era solo mi vida la que estaba en riesgo, sino la tuya también. Tú sabes bien como era tu padre —dijo evitando involucrar a Carlo— Él no quería que estuviéramos juntos, que tuviéramos contacto, eso lo sabes bien. Para protegerte, tuve que desaparecer. No fue una decisión fácil, pero creí que era lo mejor para ti. Pensé
Maddie sintió un nudo en el estómago, la angustia la carcomía. Cada minuto que pasaba parecía eterno. Los ecos de sus pensamientos se mezclaban con el sonido del viento que golpeaba suavemente el cristal del ventanal. Se acercó una vez más, observando la carretera vacía que se extendía más allá del jardín, sin señales de Blake.El silencio de la sala era denso, cargado de una tensión que Maddie no lograba disipar. Se pasó una mano por el cabello, intentando calmarse. “¿Qué estará pasando?”, pensó, mientras un sinfín de dudas y suposiciones se apoderaban de su mente.El reloj seguía avanzando mientras la incertidumbre y el miedo aumentaban con cada segundo. De pronto, escuchó que los hombres que cuidaban el lugar comenzaron a movilizarse hacia el gran portón de hierro.El corazón de Maddie comenzó a latir con fuerza apenas se asomó a la ventana. El auto de Blake entró a toda marcha, derrapando ligeramente al frenar de golpe. Maddie sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Algo no es
Los últimos días que Milton Friedman había pasado, habían sido el mismo infierno. No sólo había recibido una terrible paliza por parte de Henry y sus hombres, sino que también, todo aquel escandalo desatado en el hospital lo había llevado a presentar su renuncia de manera indeclinable a su puesto.Pero había algo peor; había perdido algo más importante que su trabajo: a su amada Mary. El no saber nada de ella prácticamente le habían quitado las ganas de todo, sumiéndolo en la más completa oscuridad.Miles de preguntas rondaban en su cabeza.¿Por qué Mary había hecho lo que hizo?¿Qué la unía a Rose Stanton o a Blake Townsend como para pergeñar aquel plan de escape?¿Quién era ella realmente?Deseaba con todas sus fuerzas que su raciocinio primara sobre sus sentimientos, pero eso parecía una tarea casi imposible porque se había enamorado como nunca. Esa mujer había llegado para romper su estructurada vida y se negaba a dejarla ir.Ava tenía razón; él la amaba, a tal punto que no le imp