Narra LiamKate me pasa la cerveza con una sonrisa traviesa, inclinándose apenas lo suficiente como para que el aroma de su perfume me rodee. Hay algo peligroso en la forma en que me mira, en la chispa de picardía que ilumina sus ojos.–No sabes cuánto extrañaba hacer estas cosas –dice, dándole un sorbo a su propia bebida antes de mirarme con descaro. –Menos mal que tu noviecita te dejó salir. Ay, perdón…quise decir prometida– Su tono juguetón lleva un filo afilado de ironía, una punzada calculada que se clava en mi interior más de lo que debería.El nombre de Amara resuena en mi pecho como un eco desagradable, como una vibración incómoda que no logro acallar. Aprieto la mandíbula y haz un trago largo, intentando sofocar el malestar con el amargor de la cerveza.–¿Por qué la mencionas? –espetó, con una irritación que ni siquiera intento disimular.– ¿No puedes prescindir de ella ni siquiera un rato?Kate alza una ceja y deja escapar una risa ligera, como si mi reacción le divirtier
Narra Amara Me sumerjo en la ducha, dejando que el agua caliente acaricie mi piel y borre cualquier rastro del día. Cierro los ojos y disfruto de la sensación, anticipando lo que está por venir. Cuando salgo, envuelta en el vapor, me tomo mi tiempo para secar cada centímetro de mi cuerpo, cada movimiento impregnado de una calma calculada, como si estuviera preparando un ritual.Frente al espejo, deslizo sobre mi piel un vestido negro. No cualquier vestido. Este es un arma, un susurro de seda que se adhiere a mis curvas con precisión quirúrgica. La tela es suave, ligera, pero su corte es implacable.La V que se abre desde la cintura hasta mis pechos juega con la imaginación, sugiriendo sin mostrar, provocando sin entregarse por completo. Su diseño corto resalta la justeza de mi cintura y la sutileza de mis caderas, mientras el negro profundo absorbe la luz como si la noche misma se hubiera fundido en la tela. Es elegante, sí, pero también seductor.–Exactamente lo que quiero –excla
Narra Liam Llegamos a su casa en medio de un silencio cargado de electricidad. Kate se acerca con una lentitud calculada, su aliento roza mi piel antes de que sus labios apenas toquen mi oreja. Un escalofrío me recorre la espalda. Su perfume, una mezcla de vainilla y algo más oscuro, más embriagador, me envuelve como una trampa en la que sé que no debería caer… pero en la que me estoy hundiendo de todos modos. Sus labios descienden, rozando mi cuello con una suavidad peligrosa. Cada beso es una chispa, un incendio que se extiende sin control. –Me extrañaste, ¿verdad? –su voz es un susurro contra mi piel. No respondo. No puedo. El silencio se vuelve un muro, pesado, infranqueable. Mis manos se cierran en puños a los lados de mi cuerpo, como si aferrarme a algo pudiera salvarme de este abismo en el que me encuentro.La promesa que le hice a Amara retumba en mi cabeza como una sentencia ineludible. No debía cruzar esta línea. No debía. Y, sin embargo, aquí estoy, atrapado en un t
Ella ríe, divertida, pero hay un brillo oscuro en su mirada. Me observa con el mismo deseo feroz que me consume. Me deshago del pantalón y el bóxer de un tirón, sin apartar la vista de ella. Su reacción es inmediata: su lengua humedece sus labios, y una sonrisa traviesa se dibuja en su rostro. –Cómo extrañaba ver eso –susurra, mordiéndose el labio de manera provocadora. Su confesión aviva aún más mi deseo. –Lo tienes, lo tendrás, bombón –le prometo con voz ronca. La giro con suavidad y la coloco de espaldas a mí, preparándome para hacerla mía. Pero justo en ese instante, el sonido estridente de mi celular rompe la magia del momento. Un gruñido de frustración se escapa de mis labios. Kate deja escapar una risa ahogada, girando levemente la cabeza hacia mí. –No vas a contestar… ¿verdad? –pregunta con una nota de diversión, pero sus manos siguen explorándome, sin intenciones de detenerse. El sonido del teléfono continúa retumbando en la habitación, implacable, com
–¿Qué carajos pasó ahora?– estalla Kate, cargada de rabia y una pizca de algo más peligroso: dolor. Su cuerpo está tenso, sus manos cerradas formando un puño mientras me clava la mirada. No es solo enojo lo que arde en sus ojos, es desilusión. Lo sé. Lo siento en cada fibra de mi ser.–Hoy es tu día libre, Liam. No tienes que ir a protegerla.– Su voz se quiebra un instante, pero se recompone rápido. Demasiado rápido. –Cuando estabas con Aislyn, esto no ocurría.La comparación me golpea más de lo que debería. Aprieto la mandíbula, intentando sofocar la culpa que se arrastra bajo mi piel. No debería sentirme así. No ahora. No por ella.–No fue una llamada de trabajo– respondo al fin, sin apartar la vista. –Fue la llamada de mi prometida. Veo cómo los ojos de Kate se enrojecen al instante y como el brillo de las lágrimas luchan por no derramarse. Pero no llora. Se niega a hacerlo. En su lugar, deja escapar una risa amarga que me atraviesa el pecho como una cuchilla.–Entonces haz l
Ella deja escapar un sollozo, retrocede un paso y con su mano temblorosa se cubre la boca, como si intentara contener el dolor que se refleja en cada fibra de su ser. ––Mientes… No arruines ese recuerdo, por favor , no arruines ese día–. Su voz tiembla, pero la rabia la hace más fuerte. –No mientras más– grita y me da un golpe en el pecho que me deja sin aliento, y apenas logro reaccionar cuando su mano se alza otra vez, esta vez más rápido. –¡Tú me dijiste que querías olvidar a Aislyn, que ya no querías sentir nada por ella y por eso estuviste conmigo!– La ira se nota en cada palabra, cada sílaba cargada de reproche. Instintivamente, agarro sus muñecas, con la esperanza de detenerla, de poner freno a esta pelea. La miro a los ojos, buscando encontrar algún atisbo de razón, de comprensión. Pero lo único que veo es el océano de dolor en su mirada.–Kate , yo intenté…– mi voz se quiebra, temblando con cada palabra. El nudo en mi garganta se hace más grande, como una bola de plomo qu
Narrador Omnisciente–Amara Laveau, explícame ya mismo por qué esta niña me está diciendo “abuelito”–exige el hombre con furia. Sus ojos oscuros, severos, escudriñan a su hija como si pudiera arrancarle la verdad con solo mirarla. Su mandíbula se tensa y su postura es rígida como la de un juez a punto de dictar sentencia. –¿Desde cuándo traes niñas de la calle a vivir a esta casa?–Intenté contactarte, pero no recibiste ninguna de mis llamadas–dice, forzando su tono a mantenerse firme. Sabe que miente. Claro que lo sabe. Pero es la única forma de ganar tiempo, de buscar una salida antes de que todo se desmorone.El hombre entrecierra los ojos y aspira hondo, como si su paciencia pendiera de un hilo demasiado frágil. Da un paso adelante, imponente, y Lucero, ignorante del torbellino que se gesta a su alrededor, tironea de su pantalón con inocente entusiasmo.–¿Quieres jugar conmigo, abuelito?– pregunta con una sonrisa resplandeciente. El hombre la mira con una mezcla de incredulidad y
Ella se levanta rápidamente, Liam cruza la distancia entre ellos en un par de zancadas y la atrapa en un abrazo feroz, protector, como si quisiera envolverla en un escudo impenetrable. Sus brazos la rodean con firmeza, y su calor choca contra el frío que la ha estado invadiendo desde que comenzó la conversación con su padre.– ¿Dónde está Lucero? –pregunta con urgencia, mientras sus ojos recorren la habitación en busca de la niña, sin encontrarla a primera vista.Ella respira con dificultad, luchando por mantener el control en medio de la tormenta que la envuelve. –Está en su habitación… con la mucama –logra decir entre respiraciones profundas, intentando recuperar la calma.Al escucharla, él cierra los ojos un segundo, dejando escapar el aire que ha estado conteniendo, pero el alivio es momentáneo, porque aún hay una amenaza frente a ellos.Liam alza la mirada, y esta vez su expresión cambia. Ya no es solo un hombre preocupado, ahora es un caballero listo para proteger a Amara de