Capítulo 10 —Golpe de realidadNarrador:Massimo llegó a la mansión y sintió el choque inmediato entre dos mundos. Era como despertarse de un sueño placentero y ser arrojado sin previo aviso a la realidad cruda y despiadada. Pasar la tarde con Nadia, con su risa tímida y su forma de mirar el mundo como si aún pudiera sorprenderse con él, había sido un respiro en su vida monótona. Ahora, en cambio, volvía a su prisión de mármol y candelabros dorados.Empujó la puerta con desgano y se encontró con la misma escena de siempre.La enorme mesa del comedor estaba dispuesta con una fastuosidad ridícula. Platos de porcelana fina, cubiertos de plata perfectamente alineados y una cantidad absurda de copas de cristal. Todo para tres personas.Su abuela, con su eterna postura de realeza, estaba sentada en la cabecera, con la espalda recta y los labios apretados en una fina línea de desaprobación. Parecía que llevaba horas esperando, aunque Massimo sabía que ella tenía esa expresión incluso cuando
Capítulo 11 —Nos vemos en casaNarrador:Toda la ilusión de haber encontrado un refugio seguro se había desmoronado en un solo segundo. Era de él. Massimo. Se dejó caer sobre la cama, con la mirada fija en el techo, su respiración aún errática por la agitación del día.—Por supuesto que tenía que ser suya… —murmuró, cubriéndose el rostro con una mano. El impacto de verlo ahí, de pie en la cocina, con esos ojos azules perforándola, seguía latiendo en su piel como un ardor invisible. Y encima, ella tenía que estar medio desnuda. —Perfecto… justo lo que necesitaba. —Sintió calor en el rostro solo de recordarlo. La sudadera apenas cubriéndola, su cabello desordenado, sus piernas al descubierto… Y él ahí, observándola como si acabara de encontrar un maldito tesoro. —¿Cómo no me di cuenta antes? —Se removió incómoda, recordando la forma en que él había reaccionado. Su mirada oscura, la tensión en su mandíbula, el breve instante en el que pareció paralizarse.¡Y, Dios!, su tono de voz. Ese ma
Capítulo 12 —No decides si desafiarme, huir o entregarte.Narrador:Nadia tragó con dificultad, sintiendo la boca seca mientras lo miraba. Massimo seguía ahí, con esa maldita sonrisa fácil, como si cocinarle fuera lo más normal del mundo.—Sí… sí, tengo hambre —logró decir, aunque su voz sonó un poco más débil de lo que habría querido.Él asintió, aún con la cuchara de madera en la mano, revolviendo la salsa con calma, como si no notara lo alterada que estaba.—Genial. La pasta estará lista en diez minutos.Nadia asintió y apartó la mirada, sintiendo la piel arderle. Necesitaba unos minutos para calmarse, para recomponerse antes de sentarse a cenar con él y hacer el ridículo con su torpeza.—Voy a darme una ducha antes de comer —dijo, ya dándose la vuelta para irse a toda prisa.—¿Necesitas compañía? —soltó él con una naturalidad que la dejó paralizada.La imagen se formó en su mente antes de que pudiera evitarlo. Massimo, desnudo en la ducha con ella, su cuerpo contra el suyo, el agu
Capítulo 13 —Algo real.Narrador:Nadia apretó los labios y desvió la mirada por un instante, sintiendo el peso de su pregunta ardiéndole en la piel. Massimo esperaba una respuesta, y lo peor de todo era que ella no la tenía.Respiró hondo, tratando de ignorar el hecho de que su corazón latía con fuerza, golpeando su pecho como si intentara escapar.—No vas a descubir nada —dijo al fin, en un susurro.Massimo inclinó la cabeza, como si analizara sus palabras.—¿Nada?—Nada que te sirva. Nada que necesites. —Lo miró a los ojos, intentando sonar firme —Ya te lo dije, no tengo poder, no tengo contactos, no tengo nada que ofrecerte que no puedas conseguir con un chasquido de dedos.Él sonrió de lado, como si encontrara su respuesta entretenida.Nadia se quedó en silencio, incapaz de apartar la mirada de los ojos intensos de Massimo. Algo en su tono, en su postura relajada pero dominante, la tenía atrapada en un vórtice de sensaciones que no entendía del todo.—No has entendido nada —repit
Capítulo 14 —Me encanta cómo eres Narrador:Nadia jugueteó con el borde de su copa, pensativa, antes de levantar la vista y fijarse en él.—Gracias… por contarme eso.Massimo arqueó una ceja.—¿Por qué me agradeces?—Porque… —Nadia vaciló un momento, pero luego suspiró —Porque uno te ve así, como eres, y no cree que te suceda nada malo.Massimo inclinó ligeramente la cabeza, mirándola con curiosidad.—¿Así cómo?Nadia lo observó con atención, como si tratara de poner en palabras algo que siempre había sido evidente, pero que nunca había expresado en voz alta.—Seguro —dijo finalmente —Firme. Rico… y guapo.Massimo soltó una carcajada, una risa genuina que llenó la habitación de un sonido cálido y vibrante.—¿Guapo? —repitió con diversión.—Bueno… —Nadia se encogió de hombros, sintiendo el calor en su rostro —No me mires así, sabes que lo eres.Él aún sonreía, con los ojos entrecerrados por la diversión.—Me gusta que lo admitas.—No lo admití, solo lo dije —replicó ella, cruzando los
Capítulo 15 —Una idea absurdaNarrador:Massimo apenas había dado un par de pasos cuando la voz de su abuela lo detuvo con esa firmeza que no admitía réplica.—Querido, antes de que te pierdas entre la multitud, hay alguien a quien me gustaría presentarte.Él cerró los ojos un segundo, inhaló con paciencia y giró con una sonrisa impecable, como si no hubiera escuchado esa misma frase cientos de veces antes.—¿Ah, sí? —ladeó la cabeza —¿Otra de tus maravillosas candidatas?La matriarca de los D’Amato asintió con una expresión de absoluta confianza.—Una joven encantadora, de excelente familia y educación. Creo que podrías llevarte muy bien con ella.. —Massimo sonrió con cortesía y, sin molestarse en responder, se giró sobre sus talones y continuó su camino. —Massimo… —advirtió su abuela, pero él ya se había perdido entre la multitud.No tenía paciencia para esos juegos. No esa noche. Localizó a Luca apoyado contra la barra del bar, con una copa de whisky en la mano y una expresión de a
Capítulo 16 —Consúltalo con la almohada.Narradro:Nadia estaba a punto de entregarse al sueño cuando el sonido de su teléfono la hizo sobresaltarse. Extendió la mano con los ojos aún cerrados, tanteando en la oscuridad hasta encontrarlo en la mesita de noche. Su corazón dio un vuelco al ver el nombre en la pantalla. Massimo. Se aclaró la garganta antes de contestar, tratando de sonar normal, aunque su pecho latía con fuerza.—¿Hola?La voz grave de Massimo resonó al otro lado, seria, contenida.—Espero no haberte despertado.Nadia frunció el ceño y se incorporó un poco en la cama.—No… bueno, casi. ¿Qué pasa?Hubo una breve pausa antes de que él hablara de nuevo.—Necesito hablar contigo. Es importante.La forma en que lo dijo la puso en alerta.—¿Ahora?—No, no quiero molestarte más de la cuenta. Iré a primera hora de la mañana, antes de que te vayas al trabajo.Nadia apretó los labios. Algo en su tono la hizo sentir inquieta.—Massimo… ¿está todo bien?—Sí, todo bien. Solo quiero h
Capítulo 17 —¿Está bien qué?Narrador:Massimo ya tenía la mano en la manija de la puerta cuando la voz de Nadia lo detuvo en seco.—¡Espera!Se giró lentamente, con una expresión inescrutable, pero en sus ojos había algo... algo que brillaba con intensidad contenida. Nadia respiró hondo, sintiendo su pulso enloquecido.—Mañana no —murmuró, con la voz más firme de lo que esperaba —Lo hablaremos ahora.Massimo ladeó la cabeza, estudiándola. Dio un paso hacia ella, luego otro, hasta que la distancia entre ambos se redujo a menos de un metro.—¿Quieres hablarlo ahora? —su tono era bajo, seductor, pero también desafiante.Nadia tragó saliva. No podía retroceder. No ahora.—Sí.Massimo sonrió apenas, como si la estuviera poniendo a prueba.—Bien. Entonces dime, ¿qué parte del acuerdo te molesta tanto?Nadia entrecerró los ojos.—¿De verdad me lo preguntas?—Claro. Quiero saber qué es lo que realmente te ofende. ¿El hecho de que sea un trato? ¿O que el trato venga de mí?Esa maldita arrogan