Capítulo 340
—Yo… no fue a propósito —dijo César con cautela.

Justo en ese momento, un auto pasó a toda velocidad por la calle. Anoche había llovido, y aún quedaban charcos en los bordes de la carretera. El vehículo pasó sobre ellos y salpicó agua y barro en la espalda de César.

La camisa blanca de César, ahora llena de manchas y agua, se veía horrible.

A César no le importaba, lo que realmente le preocupaba era Perla.

La puerta trasera del lugar se abrió y los otros artistas salieron charlando animadamente.

Uno de ellos propuso:

—Es justo mediodía, ya estamos todos, ¿por qué no vamos al restaurante de al lado a comer? Así podemos hablar sobre el diseño de la exposición.

—¡Ah, Perla también está aquí! Justo estábamos hablando de invitarte a comer, pero te fuiste antes. Qué bueno que no te fuiste tan lejos, vamos todos juntos. —dijo amigablemente.

De repente, uno de ellos vio que César estaba junto a Perla.

Parece que lo conocía.

—¿César? ¿También estás en esta exposición de arte? ¿Conoces a Perla?

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