GeorginaLuego de toda una mañana soportando las burlas de Paula y de Lucy, sólo porque me pongo roja cada vez que pregunta algo sobre mi intimidad con Adam, al fin Sarah se compadece de mí dando por terminado nuestro desayuno semanal y nos vamos a su casa, donde él me espera. Quiero volver junto a él cuanto antes. Más bien necesito estar con él.Hablamos de los preparativos para la navidad, ella insiste en que sea en su nueva casa y que nuestras familias vengan. Sería la primera vez que haríamos una gran fiesta. Siempre éramos las cuatro con John, Mark y los niños. Ahora ella se ve emocionada como nunca antes por hacer algo grande, quiere que invite a mi padre y hermanos, además del hermano de Adam.—Nunca te había visto así de emocionada por algo.Sarah sonríe.—Creo que nunca tuve nada que me emocionara tanto —dice y me mira rápidamente antes de volver a prestar atención a la carretera. Ella misma se ve diferente, feliz—. No me lo tomes a mal, adoro a mis hijos, pero ahora se sient
GeorginaMuchas veces escuché que la felicidad es relativa, que no se puede aspirar a tenerlo todo y que una vida plena está destinada a unos pocos. Dicen que tiene mucho que ver con la actitud que tengamos ante todas las situaciones que nos rodean, como suele hacer Sarah; o de lo descarada de nuestras respuestas para no dejar que las personas pasen sobre nosotros, como Paula; o burlarnos de los problemas y siempre sonreír, justo como Lucy. Pero yo no soy como ellas, no tengo respuestas rápidas, me escondo cuando me asusto, y tiendo a llorar cuando me sobrepasa una situación tensa; pero soy yo.Ellas encontraron su Felices Para Siempre, y me alegro por ello; tienen hombres que las aman de manera incondicional, con sus defectos y virtudes, y con hijos que les pertenecerán por siempre. Mientras yo debo sonreír, intentando encontrar algo de paz, al pensar en mi pequeño angelito. Desde que Adam está a mi alrededor no pienso en él con tanta frecuencia, al menos no con dolor, eso me hace se
AdamNada como una buena noche y volver a casa para descansar y tener un merecido descanso luego de satisfacer a una mujer como Stephanie que parece tener energías ilimitadas. Pero llega un momento, cuando ya estás solo, en el que sientes que ya aburre el no llegar a sentir nada más que una momentánea excitación. Toca seguir adelante, porque esa mujer no es hecha para mí, por fortuna. Lo prefiero así. No hay nada como la libertad.Ver a Alex amargarse toda una vida por no poder tener a la mujer que ama y tampoco lograr mantenerse lejos de ella, es enfermizo. No quiero eso para mí. Sarah sería una mujer perfecta para él, es divertido ver cuando Alex la hace enojar y ella lanza rayos laser por los ojos. Espero que la idea de Heidy funcione y logre hacer que se fije en mi amigo. Él merece eso y ella ahora está libre de ese sujeto que no la valoró. Si esperamos a que mi amigo haga alguna movida, se harán viejos.Escucho que la puerta es abierta y salgo de la cocina, seguro Alex ha tenido
AdamHeidy me toma del brazo y me aleja.—Ten cuidado con lo que haces. Como te atrevas a jugar con ella, te corto las pelotas. —Agarro a mi adorado miembro y ella reprime una risa—. No la ilusiones. Sabes que te ama y no sería justo si no le correspondes.Asiento seguro de que no tengo ninguna mala intención hacia esa bonita niña que me espera para desayunar. Jamás haría algo semejante. Vuelvo a la mesa y me siento junto a ella. Sirvo los dos desayunos, con tres tiras de tocino para mí. Amo el tocino.—No es mi intención molestar, señor Walker —dice, y sonrío.Parezco idiota sonriendo cada vez que ella habla con esa voz de sirena.—No lo haces, y deja de llamarme señor. —Le tiendo una mano, como si me presentara con ella por primera vez, lo que técnicamente es cierto—. Mi nombre es Adam. Es un placer conocerte.Suelta una risilla que puya mi pecho, y recibe mi mano. La suya es tan suave, caliente y pequeña, y tiembla un poco mientras la sostengo. La miro a los ojos, brillan de una ma
AdamMiro a Finnigan con todo el odio que soy capaz de albergar, y estoy que estallo. Podría soportar cualquier cosa de este imbécil, pero jamás el que se haya acercado a mi Minina pretendiendo utilizarla en mi contra. Se ha metido con lo único que tengo en la vida y eso no se lo pienso perdonar. Cree que ha ganado algo al lograr que venga a este lugar a enfrentarlo, porque simplemente cree que tiene algún poder sobre mí, o que sigo siendo el mismo niño débil a quien disfrutaba golpear.—¿Por qué te escondes, hermanito? —pregunta con una sonrisa enferma en su cara—. ¿Tienes miedo?Rio, porque es gracioso.—Sí, claro. Aún me da miedo que me golpees y me encierres en el sótano.—Fueron momento muy divertidos.Sí que está enfermo. Siempre lo ha estado, madre fue quien alimento esa mente depravada y débil que tiene, siempre prefiriéndolo antes que a nosotros. Incluso por encima de Damian, que tanto la necesitaba.—Ella arruinó tu vida, ¿eh? —Arruga su cara intentando comprender. Idiota—.
AdamDe camino al Encore suelto mi corbata y masajeo mi sien. No estaré tranquilo hasta no ser notificado de que Finnigan ha sido ingresado a ese instituto mental en Miami. Lo más lejos posible de nosotros. Cuando eso suceda me sentiré libre para seguir mi vida con mi Minina y hacerla feliz tanto como pueda. Tanto como la vida nos lo permita.Nunca deseé más que mis ratos de diversión, trabajar y compartir con mis amigos; lo demás me parecía simplemente una pérdida de tiempo, y fui egoísta. Creo que en eso me parecía a Finn, los tres tenemos ese mismo daño. Somos egoístas, viviendo de un resentimiento pasado que alimentamos con los años con simples excusas. Pero por suerte, ella llegó a mi vida y nunca la quise soltar así intentara no rendirme a lo que sentía por esa cosita dulce y suave que es mi esposa.Ella nunca me abandonará y, si algún día lo intenta, no se lo permitiré.Digito la clave de ingreso del apartamento y la puerta se abre, me quito el abrigo, que aún tiene un poco de
GeorginaAlexander le da una última mirada al lugar y sonrío cuando asiente. Me siento como la organizadora de eventos que se encargó de la fiesta de Halloween, la pobre mujer parecía querer hacerse en los pantalones esperando la aprobación del millonario. Es que él es un hombre al que provoca complacer en todo lo que pida. No me malentiendan, es sólo que Alexander infunde respeto. Eso es todo. Camino detrás de él cuando se dirige a la amplia zona de descanso y dejamos a Amy encantada con las flores de colores de los nenúfares en el pequeño estanque, junto a la secretaria enamorada cuidándola. Adam no bromea cuando dice que Alexander la trata muy mal, la mujer se ve avergonzada y no levanta la cabeza para nada. El intentar llamar la atención de su jefe cuando él ya está comprometido, es algo horrible para hacer. Si no fuera a mi amiga a quien ha intentado lastimar, sentiría lástima por ella. Si tan solo supiera cuantas veces Sarah la ha defendido.En el fondo del invernadero acomodé u
Georgina—Papá no podrá venir para estar con nosotros en fin de año —dice Amy, deja de balancear sus piernas y se queda mirando el fuego en la chimenea, ensimismada y retraída, como solía estarlo antes—. ¿Él ya no nos quiere?Lleva un buen rato meditando entre si hablar o no, creí que hablaría de lo que casi le dice a Alexander. Estas palabras me sorprenden.—Eso es lo que te tiene triste —aseguro y ella asiente.—Sí, pero... —se interrumpe y entonces me mira—. Él se fue sin que le importemos, para estar con su nueva hija y su nueva esposa.La abrazo al ver que corren por sus mejillas coloradas algunas lágrimas y lloriquea intentando contenerse. Estoy segura de que no ha hablado con su madre de esto, Sarah ya nos lo hubiera dicho.—Habla con tu mami.—No quiero que esté triste por mi culpa, ella es feliz y nosotros queremos verla sonreír.—Debes decírselo. ¿Has escuchado eso que dicen de que las penas compartidas pesan menos, y que las alegrías compartidas se multiplican? —Ella niega