"Y ese fue el día en que me di cuenta que realmente mi príncipe era un monstruo terrible que solo iba a acabar conmigo si me quedaba con el, a su lado" Fumiko Ibars Caminaba junto a Oshi hacia la parte del bosque donde sería la famosa fiesta de presentación. Mi ansiedad era palpable, un nudo en el estómago que no me dejaba respirar con facilidad. Cada paso que daba me llenaba de dudas, de pensamientos oscuros sobre lo que podría pasar esa noche. Mis manos sudaban y mi mente no dejaba de repetirse una y otra vez la misma pregunta: —¿Y si no me aceptan? ¿Qué pasará si no soy lo suficientemente buena? O peor aún... ¿si me odian por ser una apartada? O incluso, ¿me matan por ser humana? He escuchado tantas cosas a lo largo de mi vida, cosas que nunca quise oír pero que se me metieron en la cabeza, cosas que decían sobre las tensiones entre los sobrenaturales y los humanos. Me decían que los sobrenaturales odian a los humanos, porque nosotros, los humanos, somos los que los obligamos
La fiesta estaba tranquila, entre saludos y conversaciones. Las luces suaves de los faroles iluminaban el ambiente, creando una atmósfera cálida y acogedora. En cada rincón, había mesas decoradas con flores frescas, velas encendidas y copas de vino tintado que brillaban bajo la luz tenue de la luna. Un grupo de músicos tocaba melodías suaves, mientras los invitados reían y charlaban animadamente. A pesar del bullicio alegre que me rodeaba, mi nerviosismo no me dejaba tranquila. Ya se acercaba la hora de la presentación y no podía evitarlo. Sentía cómo mi estómago daba vueltas, como si algo estuviera a punto de suceder, algo que cambiaría mi vida para siempre. Desde que Oshin se fue con su padre, no había tenido la oportunidad de hablar con él, y lo vi conversando con un chico que me resultaba familiar, pero traté de ignorarlo. Mi atención volvió a Estrella, que estaba a mi lado, y luego me uní al grupo de Ai. Estrella tuvo que ir con su esposo a hablar con el príncipe de no sé qué asu
—Riu… —lo llamé cuando lo vi pasando, esquivando a algunas personas mientras sostenía con fuerza mi vestido para poder avanzar hacia él. Al escuchar mi voz, volteó hacia mí, y me dedicó una sonrisa cálida antes de acercarse, caminando con paso firme, su presencia siempre tan segura. Me abrazó con fuerza y yo reí, devolviéndole el gesto. Recuerdo que alguna vez me había dicho que mi nombre significaba "gran belleza", y por eso me llamaba así, con esa dulzura que solo él lograba transmitir.—Bonita —me dijo, mientras sus brazos me rodeaban en un abrazo reconfortante. Me separó de él con suavidad, y mi mente no pudo evitar pensar en el apodo que le había dado yo en respuesta: "Dragón", por el significado de su nombre. Siempre me había parecido un apodo tan acorde a su carácter fuerte y decidido.—¿Entonces tú lo sabías? —pregunté, curiosa. Él asintió lentamente, y luego tomó mi mano, tocando la marca que tenía sobre ella con una delicadeza extraña, como si al tocarla estuviera señalando
"Lo errores tienen tres pasos: aceptarlos, superarlos y no volverlos a cometer..."Oshin ItrequeMi hermana me golpeaba mientras yo intentaba no lastimarla y quitármela de encima, a la vez sin dañarla.Oyuki estaba verdaderamente molesta conmigo. Sus ojos rojos eran los únicos que podía ver entre todos sus gruñidos, zarpazos y mordidas hacia mí. Gruñí al sentir cómo me mordió la mano, enterrando sus colmillos en ella, y me transformé, quitándomela de encima de una vez por todas. Así empezó una pelea entre ambos, ignorando todo a nuestro alrededor.Dai estaba demasiado molesto conmigo, pero aún así me protegía.—¡YA BASTA!— rugió molesto mi padre a los dos. Oyuki se detuvo de atacarme, pero me miró con odio, mientras no dejaba de gruñirme.—¡DESTRANSFÓRMENSE AHORA!— regañó, demasiado molesto, con tono autoritario. Hicimos lo que dijo, solo tenía mi bóxer y mi hermana su ropa interior, pero sus ojos seguían rojos de la ira, mirándome con odio y asco. Mi padre se acercó a mí con paso len
Cuando salió el sol, regresé a la manada con los ojos hinchados de tanto llorar durante esas horas que se hicieron interminables, mientras la madrugada avanzaba lentamente, como si el tiempo se estuviera burlando de mí. Había pasado toda la noche corriendo en círculos, atormentado por mi culpa, sin poder encontrar paz en ninguna parte. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de ella se desvanecía más, y cada vez que despertaba, me encontraba con el mismo dolor punzante en el pecho. Mi alma, mi corazón, todo mi ser estaba destrozado por la ausencia de ella, y lo peor era que sabía que solo yo tenía la culpa. Solo yo.Apenas llegué a la casa, no busqué nada más, solo me dirigí directo a donde estaba mi padre. Mi cuerpo se movía como si tuviera peso muerto, pero mi mente estaba en guerra. Le pedí con desesperación que comenzara una búsqueda de ella. "En cada rincón del mundo, por favor", le supliqué, con la voz quebrada, el corazón desbordado de miedo. Pero todo lo que podía pensar era
"Que difícil es decidir cuando tu cabeza te dice a gritos 'renuncia' y el corazón agonizante te dice en sus últimos susurros 'un ultimo intento' "Fumiko IbarsTodo me daba vueltas. Me sentía adormecida todavía, como si mi cuerpo estuviera atrapado entre el sueño y la vigilia. La luz que entraba desde algún punto de la habitación me obligaba a despertar poco a poco.Parpadeé varias veces, tratando de acostumbrarme a la claridad, y al abrir los ojos, me encontré sobre una enorme cama cubierta con sábanas blancas y almohadas esponjosas. Llevaba puesto el mismo vestido de la fiesta, lo que me indicaba que aún era de día, pues la luz natural iluminaba la estancia. Observé a mi alrededor, confundida. No era mi antiguo cuarto en casa de mis supuestos padres, ni el de Oshin.No entendía nada.Los recuerdos de la noche anterior me golpearon de repente, con tanta fuerza que sentí que me faltaba el aire. Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente, y me incorporé de golpe en la cama.—¿O-Oshin...
—¡Yo también! —exclamó mi hermano con entusiasmo, uniéndose al abrazo.Sentí su calor envolverme, un calor que no recordaba, pero que de alguna forma me resultaba familiar. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho mientras lo miraba con desconcierto.Cuando sus dedos se deslizaron suavemente por mi cabello en una caricia fraternal, un escalofrío recorrió mi espalda.—Te extrañé, hermanita —susurró con una sonrisa que parecía sincera, pero que no lograba borrar mi confusión.Intenté responderle con una sonrisa, aunque en mi interior una sensación extraña se arremolinaba en mi estómago. ¿Cómo se suponía que debía reaccionar? Se supone que estaban muertos.Tragué saliva y, sin poder evitarlo, las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera detenerlas:—¿Por qué no me buscaron?Mi voz sonó rota, apenas un murmullo cargado de súplica. No podía evitarlo. No después de haber crecido con la certeza de que estaba sola en el mundo.Josh suspiró y se separó del abrazo, metiendo las manos en
"Es una metáfora.Te pones el arma entre los dientes pero no le das el poder de matarte"Fumiko IbarsDesde el momento en que abrí los ojos esa mañana en una habitación desconocida, no me había separado de mi supuesto "hermano". Josh caminaba a mi lado en silencio, como si temiera que si se alejaba un poco, simplemente desaparecería.El jardín de la mansión era gigantesco, con senderos de piedra blanca que se extendían entre árboles perfectamente podados, fuentes talladas en mármol y flores de colores vibrantes. Pero no me importaba la belleza del paisaje.Nada de esto me pertenecía.Nada de esto me hacía sentir en casa.Josh me hacía preguntas y yo respondía sin dudar. No tenía motivos para ocultarle nada. Cada palabra que pronunciaba era una pieza más de un rompecabezas roto. A cambio, él también me respondía, compartiendo fragmentos de una historia en la que yo supuestamente encajaba.Pero cuanto más hablábamos, más evidente se volvía que éramos dos extraños.A pesar de compartir u