"El amor a veces puede ser mágico. Pero al fin entendí que la magia es solo una ilusión" Fumiko Ibars Los rayos del sol me golpearon en el rostro, sacándome lentamente del sueño. La calidez en mi piel era reconfortante, pero al mismo tiempo, me obligaba a dejar la tranquilidad que había sentido durante la noche. Abrí los ojos con lentitud, pestañeando varias veces hasta acostumbrarme a la luz dorada que entraba a través de las cortinas entreabiertas. Había dormido profundamente, sin interrupciones, sin sentir los dolores que me atormentaban a diario. Por primera vez en mucho tiempo, mi cuerpo no se sentía pesado, no había rastros de aquella presión sofocante en mi pecho. Satisfecha, extendí la mano con la intención de tocar a Oshi en la cama, buscando su calor entre las sábanas... pero solo encontré el vacío. La suave tela aún estaba tibia, lo que significaba que no hacía mucho que se había levantado. Fruncí el ceño y me incorporé, frotándome los ojos con las manos antes de ha
—Pequeña… —su voz sonó entrecortada, cargada de una mezcla de sorpresa y alarma. Sus ojos se clavaron en los míos con intensidad mientras subía los tres escalones que nos separaban. Lo observé con una sonrisa temblorosa en los labios, aunque por dentro sentía un dolor desgarrador. —Ahora entiendo los dolores… siempre estuvieron ahí… —murmuré con voz ahogada, intentando mantenerme firme a pesar de la tormenta de emociones que me azotaba. Él dio un paso más, acercándose con cautela, pero antes de que pudiera decir algo, una voz femenina rompió la tensión. —Bebé, ¿quién es esta tipa? —la castaña de ojos oscuros me miró con evidente fastidio y un deje de desprecio en su expresión. Volteé a verla y forcé una sonrisa cortés, aunque las lágrimas seguían cayendo sin tregua por mis mejillas. —Un gusto, señorita… Mikaela, si mal no escuché —dije con una calma ensayada, tragándome el nudo en la garganta—. Mi nombre es Fumiko… soy apartada de Oshin. La mujer frunció el ceño, y una mueca de
"Es triste ver como la gente se convierte en lo que prometió jamás ser" Oshin Itreque Jamás me había permitido el lujo de mostrar mis emociones. Nunca me había quebrado frente a nadie, ni siquiera ante mi propia manada. Para ellos, yo era la imagen de la fortaleza y el control. Solo mi hermana había visto mis momentos de vulnerabilidad, porque ella siempre ha sido mi refugio, mi soporte inquebrantable. Pero ayer, todo cambió. Verla llorar frente a mí, con la voz rota por la angustia, escuchando cómo su dolor se derramaba en cada palabra... me destrozó. Era mi culpa. Sus lágrimas, su sufrimiento, la herida que llevaba dentro y que yo había alimentado durante tantos años. Algo dentro de mí se rompió en ese instante, y por primera vez en mi vida, no pude contenerme. Las lágrimas surgieron sin permiso, y ni siquiera intenté reprimirlas. No quise hacerlo. Porque, en el fondo, deseaba que ella me viera así. Quería que supiera que mi orgullo, mi dureza, no eran más que máscaras inútiles.
El día había sido largo, tenso, casi insoportable. Desde que mi hermana me había dicho que no me acercara a Fumiko hasta después de la fiesta, no había tenido oportunidad de verla, de sentirla cerca. Y lo peor era que Dai, el único con el que podría haber compartido mis pensamientos, me ignoraba completamente. La situación era insostenible. Me miré al espejo mientras terminaba de acomodarme la corbata, un gesto automático que apenas registraba. La imagen que veía no me representaba; era solo un Alfa que vestía el traje adecuado, el que se esperaba de mí. Pero mi mente no estaba allí, ni siquiera con la corbata perfectamente anudada o la caja de joyas que guardé en el bolsillo interior de mi saco negro. La verdad es que no me importaba cómo luciera. No importaba que la fiesta estuviera a punto de comenzar, que mis padres ya estuvieran en el living esperando. Lo único que quería era encontrarme con Fumiko. La había estado buscando en cada rincón de la mansión desde que desperté, como s
"Y ese fue el día en que me di cuenta que realmente mi príncipe era un monstruo terrible que solo iba a acabar conmigo si me quedaba con el, a su lado" Fumiko Ibars Caminaba junto a Oshi hacia la parte del bosque donde sería la famosa fiesta de presentación. Mi ansiedad era palpable, un nudo en el estómago que no me dejaba respirar con facilidad. Cada paso que daba me llenaba de dudas, de pensamientos oscuros sobre lo que podría pasar esa noche. Mis manos sudaban y mi mente no dejaba de repetirse una y otra vez la misma pregunta: —¿Y si no me aceptan? ¿Qué pasará si no soy lo suficientemente buena? O peor aún... ¿si me odian por ser una apartada? O incluso, ¿me matan por ser humana? He escuchado tantas cosas a lo largo de mi vida, cosas que nunca quise oír pero que se me metieron en la cabeza, cosas que decían sobre las tensiones entre los sobrenaturales y los humanos. Me decían que los sobrenaturales odian a los humanos, porque nosotros, los humanos, somos los que los obligamos
La fiesta estaba tranquila, entre saludos y conversaciones. Las luces suaves de los faroles iluminaban el ambiente, creando una atmósfera cálida y acogedora. En cada rincón, había mesas decoradas con flores frescas, velas encendidas y copas de vino tintado que brillaban bajo la luz tenue de la luna. Un grupo de músicos tocaba melodías suaves, mientras los invitados reían y charlaban animadamente. A pesar del bullicio alegre que me rodeaba, mi nerviosismo no me dejaba tranquila. Ya se acercaba la hora de la presentación y no podía evitarlo. Sentía cómo mi estómago daba vueltas, como si algo estuviera a punto de suceder, algo que cambiaría mi vida para siempre. Desde que Oshin se fue con su padre, no había tenido la oportunidad de hablar con él, y lo vi conversando con un chico que me resultaba familiar, pero traté de ignorarlo. Mi atención volvió a Estrella, que estaba a mi lado, y luego me uní al grupo de Ai. Estrella tuvo que ir con su esposo a hablar con el príncipe de no sé qué asu
—Riu… —lo llamé cuando lo vi pasando, esquivando a algunas personas mientras sostenía con fuerza mi vestido para poder avanzar hacia él. Al escuchar mi voz, volteó hacia mí, y me dedicó una sonrisa cálida antes de acercarse, caminando con paso firme, su presencia siempre tan segura. Me abrazó con fuerza y yo reí, devolviéndole el gesto. Recuerdo que alguna vez me había dicho que mi nombre significaba "gran belleza", y por eso me llamaba así, con esa dulzura que solo él lograba transmitir.—Bonita —me dijo, mientras sus brazos me rodeaban en un abrazo reconfortante. Me separó de él con suavidad, y mi mente no pudo evitar pensar en el apodo que le había dado yo en respuesta: "Dragón", por el significado de su nombre. Siempre me había parecido un apodo tan acorde a su carácter fuerte y decidido.—¿Entonces tú lo sabías? —pregunté, curiosa. Él asintió lentamente, y luego tomó mi mano, tocando la marca que tenía sobre ella con una delicadeza extraña, como si al tocarla estuviera señalando
"Lo errores tienen tres pasos: aceptarlos, superarlos y no volverlos a cometer..."Oshin ItrequeMi hermana me golpeaba mientras yo intentaba no lastimarla y quitármela de encima, a la vez sin dañarla.Oyuki estaba verdaderamente molesta conmigo. Sus ojos rojos eran los únicos que podía ver entre todos sus gruñidos, zarpazos y mordidas hacia mí. Gruñí al sentir cómo me mordió la mano, enterrando sus colmillos en ella, y me transformé, quitándomela de encima de una vez por todas. Así empezó una pelea entre ambos, ignorando todo a nuestro alrededor.Dai estaba demasiado molesto conmigo, pero aún así me protegía.—¡YA BASTA!— rugió molesto mi padre a los dos. Oyuki se detuvo de atacarme, pero me miró con odio, mientras no dejaba de gruñirme.—¡DESTRANSFÓRMENSE AHORA!— regañó, demasiado molesto, con tono autoritario. Hicimos lo que dijo, solo tenía mi bóxer y mi hermana su ropa interior, pero sus ojos seguían rojos de la ira, mirándome con odio y asco. Mi padre se acercó a mí con paso len