El camino de regreso a casa fue silencioso, apenas interrumpido por los tenues sonidos del bebé dormitando en su silla de seguridad. La brisa nocturna se filtraba a través de las ventanas del automóvil, llevando consigo el aroma fresco de la ciudad adormecida. Lisandro conducía con una mano firme en el volante y la mirada fija en la carretera, pero su mente divagaba, perdida en pensamientos que se habían acumulado durante años y que, hasta ahora, había mantenido celosamente guardados.No era solo el regreso de Valeska lo que pesaba en su pecho. Era la certeza de que, después de tanto tiempo, había llegado el momento de enfrentar la verdad, de desenterrar aquello que había alimentado su odio y le había dado un propósito cuando todo lo demás parecía haberse desmoronado.Cuando por fin llegaron a casa, Valeska se sumió en la rutina con naturalidad. Acunó a su hijo hasta que se durmió, su pequeña figura envuelta en suaves mantas mientras su respiración se acompasaba con el ritmo de la noc
Mientras Lisandro esperaba su respuesta, el silencio entre ambos se volvió denso, cargado de algo más que palabras no dichas. Era la primera vez que se exponía de esa manera, la primera vez que se permitía ser vulnerable ante alguien. Había imaginado este momento muchas veces, había considerado todas las posibilidades, todas las reacciones que ella podría tener: rechazo, horror, lástima… pero no esperaba verla sonreír.El sonido suave de su risa llenó la habitación, ligero como un susurro, pero con la fuerza suficiente para desestabilizarlo. No era una burla, no era incredulidad, era algo más profundo, más cálido, algo que Lisandro no estaba seguro de cómo procesar.—¿De verdad pensaste que esto cambiaría algo? —Ladeó la cabeza, su sonrisa se volvió más tierna, más serena. A pesar de la historia que acababa de escuchar, no había ni una pizca de miedo en su mirada—. Lisandro… pasaste toda tu vida cargando con el peso de una venganza que nadie más quiso recordar. Lo que hiciste, lo que
Las paredes blancas del hospital reflejaban la luz del sol que se filtraba a través de las ventanas, creando un ambiente cálido y tranquilo en la habitación de Rosmery. A pesar de la frialdad habitual de aquellos pasillos y de la esterilidad del entorno, ese pequeño cuarto parecía haber sido tocado por una calidez especial. Tal vez era por la risa contenida de Valeska, por la emoción en los ojos de su madre, o simplemente por la presencia del bebé que dormía con absoluta paz en los brazos de su madre, sin sospechar que su mera existencia podía transformar el mundo de los adultos a su alrededor.Valeska se sentó junto a la cama de su madre, con Adrián envuelto en una manta suave y acolchada. Acariciaba su espalda con movimientos circulares, una costumbre que había adquirido casi sin darse cuenta desde el nacimiento de su hijo. Adrián estaba relajado, su diminuta boca entreabierta mientras exhalaba un aliento cálido y pausado. Aún no abría bien los ojos, aún no entendía nada de lo que p
Los días transcurrieron en una mezcla de emoción, ansiedad y un torbellino de preparativos. Lisandro, quien era fiel a su estilo meticuloso, supervisaba cada detalle de la boda con una precisión impecable.No era un hombre que dejara nada al azar, y mucho menos cuando se trataba de algo tan importante como su unión con Valeska. Quería que todo fuera perfecto, no solo porque era un evento mediático, sino porque, por primera vez en su vida, sentía que estaba construyendo algo real, algo que no se basaba en el poder ni en la venganza, sino en el amor y la familia.Mientras él manejaba los arreglos desde su oficina, Valeska tenía su propio pendiente: el vestido de novia.—¿Lista? —preguntó Oliver con una sonrisa serena y medianamente paternal cuando ella salió de la habitación con una mezcla de emoción y nervios.Aunque ese no era su primer matrimonio, no implicaba que no estuviera hecha un manojo de nervios por la decisión tan importante que había tomado, más aún, cuando el pequeño Adriá
La boda había sido un sueño, un evento tan grande que Valeska sentía que apenas había podido procesarlo todo. Entre las felicitaciones, las fotos, la prensa y los invitados, el día pasó en un abrir y cerrar de ojos. Pero ahora, con la recepción llegando a su fin, Lisandro tomó el control con su manera firme y decidida.—Oliver se encargará de llevar a tu madre de regreso al hospital —le dijo en un tono que no admitía discusión—. Y también llevará a Adrián.—¿Y por qué Adrián no puede quedarse con nosotros? —Valeska frunció el ceño, sin entender la razón detrás de esa decisión.Lisandro la miró con una sonrisa de lado antes de tomar su mano y guiarla hacia la escalera que conducía al piso superior del hotel.—Porque esta es nuestra noche de bodas y tengo algo especial preparado para ti.Ella se dejó llevar sin poner demasiada resistencia, aunque su corazón latía más rápido con cada paso que daban. Con Lisandro, la palabra «especial» podía significar cualquier cosa.Cuando llegaron a la
La mañana era tranquila, y la luz del sol se filtraba suavemente por las cortinas de la habitación, mientras Valeska hojeaba el periódico sin demasiada atención.La imagen de su boda con Lisandro ocupaba la portada de varias revistas y se había convertido en tema de conversación en redes sociales.No era para menos: el matrimonio de un CEO tan influyente como Lisandro Fiore no era un evento cualquiera, y la prensa no había perdido la oportunidad de capturar cada detalle. Sin embargo, su mirada vagó sin demasiado interés sobre las páginas, hasta que, al pasar a la sección de negocios, un titular en negritas le llamó la atención de inmediato.«Corporación Aldrich se declara en bancarrota: la caída de un imperio».Su corazón dio un leve brinco, y sus dedos apretaron el papel con más fuerza. Inmediatamente, dejó el periódico sobre la mesa y tomó el control remoto para encender la televisión.No tardó en encontrar un canal de noticias donde se transmitían imágenes en vivo del edificio de l
Fabricio le envió un mensaje a Valeska. Nunca imaginó que Theo fuera capaz de hacer tantas atrocidades. Durante años lo consideró su mejor amigo, alguien en quien confiaba, pero ahora, después de enterarse de la verdad, se sentía traicionado, como si en realidad nunca lo hubiera conocido.«No sé qué pensar», le escribió. «Siento que estuve ciego todo este tiempo».Valeska comprendía su confusión. A ella también le costó asimilarlo, pero ya no le quedaban dudas. Theo no era el hombre que alguna vez creyó amar. Lo que más le sorprendía no era su caída, sino su mentalidad. En ningún momento de la llamada que le hizo días atrás, Theo mostró arrepentimiento genuino. Era como si las vidas que había arruinado fueran simples peones en su tablero personal.Guardó el celular con un suspiro y bajó la mirada a su hijo. Adrián dormía plácidamente en sus brazos, con su pequeño cuerpo relajado y su respiración tranquila. En momentos así, Valeska sentía que su mundo entero cabía entre sus manos.Deci
El sonido de pasos resonaba en la enorme casa de Theo, pero ya no había nadie más que él allí.La mansión que alguna vez fue símbolo de su éxito y poder ahora parecía un cascarón vacío, despojado de todo lujo, de toda ostentación. Las paredes, que antes estaban adornadas con cuadros costosos, ahora solo mostraban manchas de polvo donde alguna vez colgaron. Los muebles de diseñador habían sido retirados sin consideración, dejando atrás marcas en el suelo de mármol. Cada objeto de valor había sido confiscado por el tribunal para la liquidación de su bancarrota. Lo único que quedaba era el cuadro que Valeska le había regalado.Theo se quedó de pie en medio de la sala, observando el lienzo con expresión vacía. El rostro de Valeska en aquella pintura le devolvía la mirada con una dulzura que él ya no merecía. No sabía por qué lo había dejado ahí. Quizá porque, de todas las cosas que poseía, era la única que no tenía un valor monetario, sino sentimental. O quizá porque, en el fondo, era un