Capítulo 12
—Fran, es mejor que vayas a ver a la señorita Acosta, a ver si de verdad hace alguna estupidez. —Mónica suspiró y tiró de la manga de Francisco con aire de resignado estoicismo.

Lo que Francisco no soportaba era verla sufrir, y ahora que lo oía, la rabia en su corazón crecía aún más.

—¡Si voy a buscarla caería en su trampa! ¡Me gustaría ver cómo actuará sin mí en esta obra! —Francisco gruñó y rodeó a Mónica con los brazos.

—Estaría bien que fuera tan buena como tú.

A Mónica no le hizo mucha gracia oírlo, pero se apoyó en el pecho de Francisco y se hizo la comprensiva.

—Tampoco hay que enojarse, al final, a la señorita Acosta solo le importa demasiado el título de la señora de la Cruz, hay que entenderla un poco —Mónica habló con cuidado, sus ojos se humedecieron. —Pero es que ustedes ya están divorciados, y ella... ¿cuándo parará de molestarnos?

La palabra «divorciados» le inquietó a Francisco.

Se tensó de repente y retiró la mano, desabrochando los dos botones de la camisa con una sol
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