Después de que Rodrigo y Estrella entraron en el cuarto, Miguel Cortés corrió y casi que se topó con Rodrigo.Temblando, Miguel tomó mi mano, su voz también temblaba. Quiso acariciar mi cabello, pero cuando sus dedos tocaron mi fría frente, dos lágrimas rodaron por sus mejillas.—Ay, bobis, ¿no hubiera sido mucho mejor si te hubieses casado conmigo? Así no habrías terminado muerta y sin que nadie te atendiera.Al ver al preocupado Miguel correr hacia mí, sentí una punzada. Parecía que acababa de regresar de otro lugar, de muy lejos. De hecho, desde que me casé, Miguel se había ido de esta ciudad.El motivo que me dio en su momento fue que Rodrigo no lo aceptaba, y él no quería causarme problemas innecesarios, por lo que, al final, decidió marcharse. Yo era una huérfana. Me adoptó una familia de apellido Cortés cuando tenía siete años, y Miguel era mi hermano adoptivo. Al principio, no me caía bien, pero mientras más tiempo pasaba, más amable se volvía conmigo.En su momento, rompí to
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