Amor, Traición y Redención
Amor, Traición y Redención
Por: León
Capítulo1
Mientras Rodrigo Pérez estaba esperando fuera de la habitación de Estrella Vítale, yo estaba acostado en la mesa de operaciones metálica, esperando la muerte, sin más remedio.

Mi cuerpo estaba cubierto de tubos, y cada bip de los aparatos era como un cronómetro que me recordaba que mi fin estaba cerca.

Al final, el ondular de mi electrocardiograma pasó a ser una línea recta, sin embargo, llegó la noticia de que la operación de Estrella había sido todo un éxito. Las luces de emergencia del quirófano se apagaron, y mis ojos se cerraron para siempre.

Pero, tal vez por el mar de emociones fuertes que acumulé en vida, mi alma terminó junto a Rodrigo.

Vi a Rodrigo abrazando a Estrella, que acababa de escapar de la muerte, con los ojos rojos de la alegría. Mi corazón se sumergió en el fondo de un abismo.

Quise preguntarle a Rodrigo si, cuando ambos fuimos llevados al quirófano, por un momento se preocupó por mi o por mi vida.

La respuesta era un no, pues Rodrigo, por la enfermedad de Estrella, me demandó y me llevó a juicio. Contrató a los abogados más famosos, y bajo su sentencia, terminé perdiendo.

Cuando me extirparon el riñón, el dolor en la sala de operaciones era tan intenso que mi espalda quedó empapada de sudor. Lo llamé por celular y le rogué.

—Cariño, sé que he cometido un error, pero, por favor, no hagas que me quiten un riñón. No sabes lo doloroso que será eso, me puedo hasta morir.

Nunca antes me había humillado así frente a Rodrigo, pero pensé que, si me rendía y aceptaba todas las cosas de las que se me había acusado falsamente, y teniendo en cuenta los cinco años de relación, Rodrigo tal vez me perdonaría.

Pero Rodrigo, se rio indiferentemente.

—Lo que tienes que hacer es admitir tu error. Salvar la vida de Estrella es lo que deberías querer. No intentes escapar de las consecuencias, no creas que, porque le diste tu riñón a ella, ya no tienes que disculparte. Todo lo que le has hecho a Estrella durante estos años, lo resolveré cuando ella se recupere.

—¿Y si quieres morir? Entonces, antes de morir, asegúrate de disculparte con Estrella.

Intenté abrir mi seca boca para negar todo eso de lo que él me acusaba, pero ya no tenía fuerzas.

Rodrigo, como si no hubiera quedado satisfecho, me remató.

—¡Basura!

Con la llamada terminada, mi corazón se hundió en las tinieblas, y todo el amor que había sentido por Rodrigo durante cinco años se desvaneció.

Rodrigo decía que yo era una basura, pero cuando me casé con él, me prometió amor eterno, que yo era la única para él, la excepción, su preferida.

Solo que, con Estrella, se olvidó de mí, su esposa.

Rodrigo acariciaba suavemente la cara de Estrella, como si estuviera tocando una frágil joya.

—Es gracias al cielo que estás viva… qué bien.

Su tono entrecortado y sus ojos rojos me decían que Rodrigo no había pegado ojo en toda la noche por preocuparse por Estrella.

Pero, mientras Rodrigo se preocupaba por Estrella, ¿acaso pensó en que yo ya había muerto?

Estrella forzó una sonrisa y abrió sus pálidos labios.

—Rodrigo, siento mucho haberte preocupado, ¿e Isabel? ¿Aún está enojada conmigo? Voy a disculparme con ella ahora mismo.

Al decir esto, Estrella intentó levantarse. Fue un intento tan obviamente falso que cualquiera podría notarlo, excepto Rodrigo, por supuesto.

Efectivamente, Rodrigo suavemente la empujó de vuelta a la cama, acariciando su cabeza con ternura.

—Bobita, la que tiene que disculparse es Isabel, ¿qué culpa tienes tú? Siempre eres muy bondadosa con ella, pero eso te hace ser una víctima.

La enfermera, observando a los dos, no pudo evitar bromear.

—Ustedes dos, en serio, hacen una pareja bastante buena.

Luego miró a Estrella.

—Todo el tiempo que estuviste en la operación, tu esposo estuvo esperando en el pasillo toda la noche, sin alejarse ni un paso.

Estrella se sonrojó, pero Rodrigo simplemente se quedó en silencio, sin querer aclarar el malentendido.

Luego, la enfermera cambió de tono y suspiró.

—A diferencia de la mesa de operaciones de al lado, donde la paciente llegó solita, y ni un familiar vino a recoger el cadáver después de su muerte. Qué pena, ¿no?

La expresión de Rodrigo se volvió un poco más tranquila, y una chispa de esperanza se encendió en mi pecho.

Si Rodrigo se daba cuenta de que aquella paciente triste y solitaria era yo, ¿tendría piedad y se haría cargo de mi cuerpo?

Esperé mucho tiempo, pero Rodrigo solo suspiró.

—Qué pena, de verdad, qué triste.

Mi mirada se apagó, y me reí amargamente. Rodrigo ahora solo tenía ojos para Estrella, ¿cómo podría pensar en mí?

Rodrigo no continuó con el tema, sino que siguió con la enfermera, llevando a Estrella a su cuarto.

Cuando pasó por el quirófano donde yacía mi cadáver, Rodrigo se detuvo. Miró dentro del quirófano, donde descansaba mi frío cuerpo, con los pies hacia la puerta, lo que impedía que se viera mi cara.

Pero, si Rodrigo observaba con atención, vería la cicatriz en mi tobillo, una herida que me hice para salvarlo.
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