18. AL FIN LA VOY A ENCONTRAR
Guido seguía riendo sin ningún control. No podía contenerse. El gran Gerónimo, reducido y domado por una mujer desconocida. — Ja, ja, ja, ja… Esto es algo que nunca pensé ver—dijo aguantando su barriga. —¡Deja de burlarte de mí, hermano, por favor! —le pidió Gerónimo, visiblemente frustrado, tratando de no estallar contra él—. Siento que no puedo respirar cada vez que pienso en ella, ¡te lo juro! Estoy locamente enamorado de mi desconocida esposa. —Me gusta cómo suena… ja, ja, ja… —dijo entre risas Guido—. Mi desconocida esposa. Les diré a Darío y Asiri que hagan una película con ustedes, ja, ja, ja… —¡¡¡Guido…!!! —le gritó Gerónimo en un tono amenazante, pero su hermano no podía dejar de reí
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