OrionMientras pienso en cómo lograré dar con el niño, cuando tiene tanto poder y, además, anda en compañía de Zara, uno de mis guerreros que ha logrado sobrevivir, se levanta en su forma humana, tambaleante, alzando la mano frente a mí. En ella sostiene un oscuro mechón de cabello.—¿Qué es eso? —pregunto, frunciendo el ceño. —Logré arrancárselo al niño. No estoy seguro, pero, tal vez, pueda servirnos para seguir su rastro. Al escuchar esto, mis ojos se abren de par en par por un momento. —Dámelo —ordeno con voz grave, dura.Lykos obedece, y, rápidamente, extiende su mano ensangrentada. El pequeño mechón de cabello cae en mi palma, tan ligero como una pluma, pero cargado con un peso significativo. Inspiro profundamente, mientras lo aprieto con fuerza, tanto que mis nudillos se vuelven blancos, y siento el áspero roce de las hebras en mi piel. A nuestro alrededor, el bosque ha recuperado la normalidad, mientras los cuerpos de mis guerreros yacen esparcidos por el suelo, como muñe
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