Había sido un día realmente agotador. Laura había asistido a los servicios funerarios acompañada de Javier, quien se lo había impuesto como si fuera una misión de vida o muerte. Fue un largo día en el que tanto Alejandro como ella tuvieron que disimular ante todos los presentes, mostrando una fachada de dolor por la pérdida de Gustavo, mientras que por dentro la situación era un verdadero torbellino.Para Laura, la jornada resultó especialmente estresante. Alejandro aún no tenía idea de que Javier sabía todo sobre su relación y, para colmo, sobre el embarazo. Así que, al llegar la noche y regresar a la mansión, se encontraron con Sandra, estaba hecha un manojo de nervios, esperándolos con mucha intensidad, no soportaba la idea de que estuvieran juntos. Desde que Javier había recuperado las riendas de su vida, había prescindido de la ayuda de Sandra, lo que no hacía más que aumentar la tensión.—¡Por fin llegaron! Me tenían preocupada —dijo Sandra, mirando a Javier con una intensidad
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