Al salir de la terapia, sentí que el peso de la discusión aún flotaba en el aire, como una nube densa e inevitable. Esta vez, mi estrategia habitual de evadir el conflicto no iba a funcionar. Grace estaba cansada de los rodeos, y, aunque no lo dijera directamente, sabía que no le bastarían promesas vacías. Era mejor enfrentar el problema de una vez y después solucionarlo como ya había descubierto que funcionaba.—Grace, puedes decirme lo que te molesta. Te dije que estoy dispuesto a cambiar por ti.Ella me lanzó una mirada cargada de escepticismo, como si estuviera buscando las grietas en mis palabras antes de decidir si confiar en ellas.—Tony, no quieres reconocer que no me das mi lugar —dijo finalmente, con una calma inquietante.—Grace, vivimos juntos. Deseo formar una familia contigo. Disculpa por pensar que eso era suficiente. ¿Qué más necesitas? —repuse, tratando de no perder el control, aunque su tono lograba ponerme a la defensiva.Nuevamente, el silencio fue su respuesta. No
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