Mi Alma Errante Por El Rencor
Tres años después de mi muerte, mi querido esposo, Nicolás Pérez, finalmente se acordó de mí, porque su amor de la infancia padecía de leucemia mieloide y necesitaba un nuevo trasplante de células madre. Él fue a mi casa para que yo firmara el acuerdo de donación, pero no encontró a nadie ahí.
Curioso, le preguntó a mi vecina, María, quien le respondió:
—¿Estás preguntando por Candela? ¡Murió hace tres años! Alguien la obligó a donar cédulas madre cuando estaba enferma y murió días después de eso.
Nicolás creyó que fui yo quien le pidió que María lo engañara. Le gritó con impaciencia:
—Por favor, dile que, si no aparece en tres días, ¡cortaré los gastos médicos del bastardo que cría!
Al ver que Nicolás no la creyó, María dio un suspiro y se fue murmurando:
—El niño también murió de hambre hace mucho tiempo…