—Camila, Camila.
Escucho esa voz que me llama, lo vi no me cabe la menor duda es Marcus, allí está parado frente a mí, las piernas me tiemblan y mi corazón comienza a latir a mil por segundos.
Por un momento pierdo la conciencia, sin saber que hacer, pero luego la recupero, me doy media vuelta y camino muy aprisa, casi corriendo, me pierdo entre la línea de buses que están estacionados y entre la cantidad de gente que se dispone a viajar.
No miro hacia atrás, no sé si viene