✧✧✧ Tres días después. Esa tarde, en Roma Italia. ✧✧✧ El CEO William Johnson bajó del avión privado, sintiendo la brisa fresca de Roma que contrastaba con el aire acondicionado del jet. Su figura alta y de porte imponente se destacaba entre la multitud en el aeropuerto. Con su cabello rubio brillando bajo el sol y sus ojos azules llenos de determinación, se dirigió hacia la salida, donde un vehículo oscuro lo esperaba. Era una limusina negra, elegante y discreta, ideal para un hombre de su estatus. Al entrar, el interior del automóvil lo envolvió en un ambiente de lujo y seguridad. Se acomodó en el asiento de cuero. Mientras el conductor arrancaba, William sacó su teléfono y marcó el número de Hitch, su detective privado y hombre de confianza en Italia. —Hitch, necesito que te prepares —dijo William, su voz firme y autoritaria—. Ya he llegado a Roma. —Espero que su viaje haya sido cómodo.¿Qué necesita, señor Johnson? —preguntó Hitch, notando el tono de urgencia en s
✧✧✧ La noche de ese día. En la villa del señor Andreotti. ✧✧✧ Kathia se miraba en el espejo, el reflejo que le devolvía la mirada era una mezcla de nervios y emoción. El suave aroma de las flores que adornaban el lugar se entrelazaba con el olor del maquillaje y perfume. Pero en el fondo, el corazón de Kathia latía con fuerza, lleno de dudas. —¿Estás lista, Kathia? —preguntó Marina, su mejor amiga. —¿Lista? —respondió Kathia, su voz temblorosa—. No sé si estoy lista para esto… No sé… Marina se acercó y la abrazó con fuerza, como si intentara transferirle toda su energía positiva. —¡Vamos! —exclamó Marina, separándose un momento para mirarla a los ojos—. Todo será perfecto, lo sé~ Las palabras de Marina intentaban calmar el torbellino de emociones que invadía a Kathia, pero era inútil… Tenía miedo. Tock~ tock~ De repente, un golpe en la puerta interrumpió su conversación. Marina se giró y abrió, encontrándose con un grupo de modistas que entraron a
—Él se preocupa por ti, Kathia —Marina tomó la mano de Kathia, su querida amiga—. Vamos, es tu boda. Sabe que los bebés no son suyos, y no le importa. ¿Te dejará por algo que sabe que tú no hiciste y más bien eres afectada? Finalmente, Kathia logró calmarse un poco y Marina llamó a las mujeres del vestuario y maquillaje. …………………. Minutos después. Las luces del jardín iluminaban el camino hacia el salón externo donde sería la ceremonia. Kathia caminaba junto a Marina, sintiéndose un poco más animada, aunque la preocupación seguía en su mente. Al llegar al jardín, la escena era deslumbrante. Las mesas estaban adornadas con flores y velas, y los invitados, luciendo elegantes. En el centro, el altar estaba decorado con un fondo de luces brillantes. Kathia respiró profundamente y con su vestido de seda que se ajustaba a su figura, se sintió un poco más segura. Al mirar hacia adelante, vio a Giovanni Andreotti, que la esperaba en el altar. Él era simplemente cautivan
✧✧✧ Más tarde esa noche. En la mansión de los Bianchi. ✧✧✧ La noche avanzaba en la mansión de don Salvatore Bianchi, donde la tensión era evidente. En un salón elegante, decorado con candelabros y tapices, don Salvatore se enfrentaba a su hija Valentina, quien tenía los ojos hinchados de tanto llorar. En su mano, sostenía un conjunto de documentos, pruebas irrefutables de sus acciones. —Valentina, ¿por qué? —dijo don Salvatore, su voz grave resonando en el aire tenso—. Sé que fuiste tú quien inició esos rumores sobre Kathia. ¿Tienes idea de lo que pasará si ese hombre lo descubre?, de hecho, no es un idiota, puede que ya sospeche de ti, y por lástima lo está dejando pasar. Las lágrimas caían por las mejillas de Valentina mientras intentaba articular una respuesta. —Papá, yo… —comenzó a decir, pero las palabras no salían. Se pasó las manos por el rostro, tratando de controlar su llanto—. No puedo evitar lo que siento. Amo a Giovanni… Amo a ese hombre… —Y él ya no
—Mi… Mi hombre… —susurró Kathia, tratando de asimilar la abrumadora realidad que se presentaba ante ella. Inhalando y exhalando profundamente, dejó la caja sobre el lavabo y apoyó sus manos temblorosas en el borde. Sus ojos avellana se posaron en el anillo que brillaba en su dedo, un símbolo de un compromiso que nunca imaginó que tendría con ese apuesto y peligroso italiano. "Casada… Me casé otra vez. Esto… Esto es real… Me casé en serio con ese hombre" Pensó ella, sintiendo un torbellino de emociones mientras levantaba la mirada y se contemplaba en el espejo. —Soy su… Esposa. Al pronunciar esas palabras, un escalofrío recorrió su cuerpo. Llevó su mano derecha a su pecho, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza, descontrolado y lleno de incertidumbre. —Él es mi esposo. En el contrato decía que dentro de un año nos divorciaremos. Pero… No hay detalles mayores —la confusión se apoderaba de su mente mientras las dudas comenzaban a asaltarla. "Es como si… ¿existiera la posi
Kathia se paró justo delante de Giovanni, sus piernas casi tocándose. Él estaba a punto de colocar sus manos en las caderas de esa hermosa mujer, incapaz de resistir la tentación de tocarla, pero… Ella lo detuvo antes de que pudiera hacerlo, moviendo el dedo índice de manera coqueta, con una sonrisa altiva que iluminaba su rostro. —Sea paciente, esposito. Aquí la que manda soy yo~ Giovanni arqueó una ceja, una leve sonrisa dibujándose en sus labios. Las palabras de Kathia le provocaron una emoción intensa, le encantaba ese juego entre ellos. Era como si ella fuera la mujer perfecta, capaz de hacer que todo lo demás desapareciera. Kathia suspiró, esforzándose por sonar imponente y seductora, mientras luchaba por controlar sus propias ansias. Su corazón latía con fuerza, pero no se detuvo. Sus manos se posaron en los hombros de Giovanni, acariciando suavemente el elegante saco oscuro que él llevaba puesto. Con delicadeza, sus dedos recorrieron la tela, hasta llegar al cuello del s
Los labios de la profesora se acercaron a la masculinidad de su esposo, besándolo y tocándolo con suavidad. Sus manos le ofrecían caricias que a veces se volvían más intensas, llenas de deseo. —Pareces muy emocionado~ —sonrió Kathia, observando la reacción de Giovanni. Él se resistió a hablar, sintiéndose al borde de la locura. Kathia sonrió y lo lamió, como si fuera su dulce favorito. Notó cómo él la miraba intensamente, pero cuando sus ojos se encontraron, él desvió la mirada, inclinando un poco la cabeza. Era evidente que el deseo lo consumía, y la sensación de llevarlo al límite provocaba que ella se sintiera cada vez más excitada. Su tanga de hilo roja se humedecía con cada momento que pasaba. Pero ella no se detuvo. Continuó lamiendo, besando y acariciando, disfrutando de cada reacción de su esposo. Poco a poco, lo llevó al borde, hasta que él, sin poder contenerse más, la alejó tomándola del cabello. —Ah~ —ella soltó un gemido cuando él la soltó y la tomó de los br
✧✧✧ Cinco días más tarde. Esa noche en Río de Janeiro, Brasil. ✧✧✧ La luna brillaba intensamente en el cielo de Río de Janeiro, reflejándose en el agua del océano. Kathia Cárter, con su cabello castaño al viento, se encontraba en la terraza de la moderna casa de su esposo, Giovanni Andreotti. La casa de un diseño contemporáneo, se alzaba sobre un acantilado, ofreciendo una vista impresionante de las olas que rompían contra las rocas. Había grandes ventanales que permitían que el aire fresco del mar llenara cada rincón, y una piscina en el área de la terraza. Esa noche, Kathia lucía un bikini amarillo que resaltaba su figura y el leve abultamiento de su vientre por su embarazo. A pesar de estar embarazada de tres meses, se sentía hermosa y llena de vida… ¿Y cómo no?, si el hombre con el que se casó, no dejaba de hacerle saber lo hermosa que era en cada oportunidad. "He disfrutado tanto de estos cinco días" Pensó la profesora, sintiendo una mezcla de felicidad y melan